LA MUERTE

Aquí yace la increíble y desdichada figura del ojo que miraba con alegría, con enojo, con tristeza, con esperanza, con fatalidad. Aquí yace la sombra del que fue presa de una convivencia impuesta con otros que no saben cómo lidiar con la soledad. Aquí yace la muerte, la vida sin vida, el legado histórico, el final de las acciones; aquí termina el viaje, las vivencias, los dichos, el abrazo, los besos, los colores, el café de la mañana, la oración de la noche. Aquí yace la demencia, el olvido y la nada.
En vida. No sabemos las palabras correctas y precisas para utilizar en el momento adecuado; se desprenden de nuestros errores una serie de eventos desafortunados que nos hacen sentir mal y nos conducen a establecer un concepto sobre nosotros, nuestra condición, nuestra amargura y resignamos la mente a encasillar este aparatoso ser llamado humano, de conflictos y daños colaterales en todas las acciones que emprendemos. Una palabra dicha genera un mundo y no tenemos cuidado de pronunciar en tono y manera y mucho menos de comprender el concepto que engloba la articulación de sílabas y consonantes que arrojan las materias y la descripción del mundo que nos rodea, de nuestras percepciones, de la descripción de nuestros criterios, de la cultura heredada, del linaje y los estigmas que nuestros padres clavan, inocentemente, en nuestra alma.
Mejor dejar fuera esta capacidad de imaginar; al diablo la libertad y el deseo de vivir en las quimeras. Mejor sentir la tierra y abandonarse a la sangre, el frío y el calor del planeta. Las heridas, el derramamiento de lágrimas y sangre; el despecho de nuestra felicidad frustrada que no alcanza las utopías, que se cansa de andar, de correr y perseguir algo que sabe que nunca obtendrá.
Deseo recíproco, deseo la muerte, la muerte desea, la muerte llega, la quiero, le huyo pero siempre obtiene lo que quiere; nos arrebata la respiración, el sufrimiento y la alegría para dar paso a la nueva vida, al equilibrio, a los nuevos caminos que depara la existencia abrupta y misteriosa de los hombres de ideologías, de la naturaleza indiferente con el único fin de la supervivencia. Sobrevive el más fuerte.
Llora, patalea, daña, mata, ríe, buenas intenciones,  graves efectos, sufrimiento, dogmas, surrealismos, supersticiones pero siempre llega la muerte.
¿Para qué pintar en el cielo mis sueños si sólo son eso?
Nada es tangible pero esperen, que llega la muerte.

EXHS

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