El amor platónico

¿Qué caso tiene escribir y hacer una oda al amor platónico si sólo es esperanza?
Ha sido una plegaria tan férrea que es menester de Dios existir y gestar en la magia de las palabras, la orden de amar, de ser amado.
 Nietzche retumba en las nubes y en los rayos de las tormentas nocturnas con su frase legendaria: "Dios ha muerto"
-Adael, en la ciudad de Constantinopla, embargado por la admiración de la riqueza y el olvido de Dios, la muerte religiosa le era una lucha infame, dura y cruel. En la reina de las ciudades que los cambios amenazan con parar la ambición desmedida. Paso a las nuevas gestiones, al nuevo imperio.

Ayelet, princesa, de linaje y de buena familia; su herencia traspasa fronteras, el mundo a sus pies y de pronto estos dos cruzan mirada en la explanada principal de aquella famosa ciudad.
-Al demonio-dice Adael y se dirige firme hasta Ayelet a quien declara su amor recién nacido de la mirada por aquella mujer de ojos verdes y enigmático rostro que no da señas de lo que pasa por su mente-
 Ayelet se siente halagada y no puede explicar lo que siente en ese momento. Adael le escribe cartas y las palabras fraguan en ella el despertar de una pasión brutal que culminaría en tragedia. Nos se puede mezclar las clases. La eterna lucha de clases que más tarde recitaría el retórico Carlos  Marx.
Ayelet, tan fina y pura que su cuerpo es pradera de los dioses; que su piel es carne tersa de color durazno y que sus labios ahogan el mal y curan el alma con besos tan apasionados.

Se despiertan una madrugada y vuelven a hacer el amor, a recorrer sus cuerpos y a perderse en el orgasmo que los eleva al oscuro espacio donde son nada, donde son todo.
Van saltando de luz en luz y se burlan de la luna que está lejos;
vuelan y caen en cada planeta;
corren y se asientan en el sol;
van y gritan y su voz no se oye, sólo se escucha su amor.

Adael y Ayelet escapan y no pueden evitar que su enérgica fuerza comprometa al vientre a dar vida.
Están contentos, son conscientes de su amor, un amor que les hace ser mejores y donde ya no existe dolor, su felicidad aumenta con su compañerismo. Adael y Ayelet con eso que Platón frustró en la descripción del amor; Adael retó ese paradigma y estableció la verdad de amar en libertad, despertar en el aumento progresivo de la felicidad por amar a una mujer que con sólo tomar su mano, expresaba felicidad.

Pero también Shakespeare se hace presente en esta historia. A ninguno se le da parte total, ningún crédito absoluto, viene la tragedia.

Benami, el Padre de Ayelet, no comprende la desaparición de su hija y mueve todos sus recursos para encontrarle y lo hace. Desastrosamente llegan soldados y atrás, él, con un semblante oscuro que promovió en Adael un miedo inconvencible, poco sentido por los humanos.

-Le vio embarazada y, en su cólera, arrebató la espada de uno de sus guardias y la mató.
 Adael pasmado y sin corazón, arrebatado en un momento, sólo llora, y siente la pérdida de su vida cuando los guardias de Benami se abalanzan contra él asesinándole frenéticamente.

Perdieron la vida, ocuparon el destino que todos los hombres aspiran irremediablemente; pero, en esa muerte aquellas estrellas que les vieron amarse, hoy promulgan sus besos y hoy les guardan en el consuelo y los protegen para que nunca más su amor, pueda ser frustrado.


EXHS

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