Envidia de las estrellas.
Estaba esperando a que diera la hora de dormir y conciliar mi sueño profundo. Qué bueno que estoy acompañando, escucho cerrar la puerta, mejor salgo del cuarto y la llevo al techo a mirar las estrellas y causarles celos eternos. Yo aquí pudiendo amar, ustedes sólo viendo. Oyen cómo exclamo mi reverencia por su ser, miran cómo deslizo su pelo entre mis dedos y sienten rabia, impotencia y maldicen a Dios por sólo emitir luz, velas del cielo que mi atmósfera se convierte en un festín de poemas volando por la noche y empujan a nuestros cuerpos al deseo y al danzón de los corazones que van llevando al éxtasis ya la inigualable figura de un solo ser-dos amantes.
EXHS
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