La chica del suéter gris y bufanda color rosa.
La chica del suéter gris y bufanda color rosa.
La vida transcurre en diferente velocidad para diferentes personas y yo soy una a la que le gusta bastante el latido fuerte y cadente del corazón. Y en un día aburrido donde el sol parece no alumbrar más ni ensombrecerse por culpa de las nubes, fui hacia una cafetería con la intención de comer, claro, siempre en la soledad; compartiendo la mesa conmigo mismo y ver la rutina de varias personas y delante de mí, la pista de hielo con la sinfonía que motiva a todos los usuarios que patinan al ritmo de Wagner ó Beethoven.
Qué bonito, qué paz y la tranquilidad que brinda el servicio de un restaurant con el código: “el cliente es primero”, hazlo sentir a gusto; mientras tanto, detrás de mi mesa una joven estudiando que atrapa mi atención-qué hermosa- exclaman mis pensamientos que parecen tener vida propia. Se ha revelado la imaginación a mi control y ahora sólo obedecen a las emociones que despierta la joven de acento desfigurado, de altanería y de egocentrismo al enaltecer su voz para que todos escuchen la conversación que hace por celular.
Suéter gris y bufanda rosa, piel apiñonada, más clara que morena, más blanca y con peculiares pecas; ojos brillantes, fineza, clase y una postura de quien vive en el alto mando social. Y sabe que la veo. Sola ella leyendo, preparándose para un examen y yo termino mi cappuccino y ella pide uno. Nos miramos y asentimos la empatía y brindamos, entablamos una conversación que va desde- el cómo estás- Soy Erick-, hasta la gracia de dar nuestros teléfonos, fijar una cita, volver a vernos.
Lo que empezó con una mirada de apreciación, juego y simpatía; ahora es un fulgor radiante en los ojos que emiten fuego y al chocar, surgen chispas. Pasan los días, pasan las horas, se vuelve una relación y la joven 4 años menor se vuelve mi novia y paseamos por el centro comercial. Caminamos en la alameda, viene a mi casa, voy a la suya, comparto mesa los domingos con sus padres, la beso en el balcón, la beso en el cine, la beso en un callejón, en mi auto y hacemos el amor.
Qué bonito nombre cuando la pronuncio. Qué bonito cuando tomo su mano; qué preciado noviazgo del que soy parte, soy testigo y actúo en el papel principal del hombre que hace feliz a esta mujer que encumbra mi pecho.
Y ella termina su carrera y yo sigo ascendiendo en mi carrera y ambos, cumplimos nuestros sueños. Brilla el sol y las palomas vuelan a nuestro alrededor, disfrutamos un helado mientras apreciamos el atardecer y reímos al son de las nubes que pasan adornando el cálido paisaje de un sol que está dispuesto a irse para alumbrar otros terrenos.
Y cae la noche, vamos a dormirnos con toda la experiencia de este amor que nació de una mirada empática de similares expectativas, de mismas ilusiones que siempre acaban con un beso de buenas noches en la mejilla, en la frente y en nuestros labios y nunca cerrar los ojos sin despedirnos diciendo: Te amo.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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