Hay una mujer estupendamente hermosa

Hay una mujer que aparece en mis espaldas.
Hay una mujer que camina al lado, pasa en perspectiva y muestra su perfil.
Hay una mujer de pechos sublimes, de cintura prodigiosa y de cejas paradisíacas.

Hay una mujer que pasa y se detiene delante de la ventana donde se mira toda la ciudad.
Hay una mujer que se queda observando las nubes grises que amenazan con rociar una urbe donde caminan hombres y mujeres con anhelos de amar y soñar lo más hermoso que pueda haber tangible, en el mundo, al alcance de nuestras manos.

Hay una mujer que no sabe que cautiva mi atención.
Hay una mujer que no imagina cuánto impacto causa a mi ser.
Hay una mujer erguida, con una hermosa coleta que acomoda nuevamente con esas finas manos que ansío rocen mi rostro.
Hay una mujer que se ha vuelto mi deseo, un tesoro que alumbra en el fondo de mi corazón y me hace volver a sentirme vivo.

Hay una mujer allí, con una boca tan particular, con una sonrisa poco convencional, con el cuerpo que pretende señalarme que yo debo habitar ahí.
Hay una mujer que tiene mi medida, mi estatura y que compagina mi alma.
Hay una mujer que puede llamarse Marina, Mariana, María o Miroslava; pero sea el nombre que fuere, ella es preciosa, ella es la garbo, la monalisa, la madona, la artista más influyente y la canción más emocionante.

Hay una mujer que es hermosa, que me provoca catalogarla así por encima de todas las demás.
Hay una mujer que incita el viaje más aventurado a los terrenos de una piel de durazno para saborear en cada beso y suspiro, todo su aroma, toda su alma que complementa este intrínseco amor dispuesto a todo.

Hubo un momento donde volé junto a ella,
salimos de aquel ventanal y nos hallamos en el sol,
en el calor de hacer el amor.
Su mirada consiente la primer virtud de este cariño que ansía expresarse.

Hay una mujer estupendamente hermosa
y habita en mi corazón.


exhs

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