El acaparamiento

Ahorita parece eterno el minuto y ¿saben qué sucedió?- bueno, pues la vida en esta percepción individual del conócete a ti mismo. Por su parte, el tiempo rodea a distintas personas y por el aire respiro la vivencia de los demás que están sintiendo el conflicto, la dicha y la vivacidad de esta experiencia sui generis que sólo muy pocos pueden esclarecer. Y entonces, allá, la historia cercana a muchos de la madre que necesita de sus hijos y ¿qué sucede cuando llega al ocaso de su vida? Lo dijeron los filósofos y está establecido en los valores universales que lo que rige al hombre, es la libertad.
Los seres son, una vez más podemos decirlo, independientes, ajenos a cualquier mandato. Pero no han sabido abandonar de la vulnerabilidad y el miedo que les provoca ser conscientes de que ellos generan sus acciones, su destino y el devenir los mueve a la colisiones con otros seres. Por ello, la madre que desquicia a sus hijos para que necesiten de ella por toda la eternidad y mancha su pensamiento, les hace sentir tan poco, lástima su autoestima y les estigmatiza con la frase: “tú no vales si no me necesitas”
Los hijos pasan el tiempo de fracaso en fracaso, limosnean afecto de su madre, dinero, vida. No tienen nada más que la idea de que no podrán ni valen absolutamente. Se mueven por las olas como desahuciados y ya no creen en sí mismos; la madre les ha cultivado la locura y ha ganado, ha obtenido la eternidad. Sus hijos necesitan de ella sino, el miedo los congela. Heredan a las nuevas generaciones y se sigue la pauta de menospreciar la libertad y esclavizar a los intereses de: NECESÍTAME.
-“Haré todo lo que esté en mi poder para que jamás te apartes de mí”-
Así piensa, así actúa y mira por los miserables, al que triunfa-derrócalo, es el enemigo y no merece que sobresalga. ¿A caso el pensamiento o gen mexicano?, ¿entre la familia?, ¿entre los hermanos?, ¿entre madre e  hijo?, ¿entre la envidia y el honor?
“No mereces irte, nos pertenecemos, todo me pertenece”
Los hijos se menosprecian, acaban con  sus vidas y no hay entrada para nadie más porque este núcleo así fue concebido por su artífice: la madre. ¿La naturaleza?, ¿la que engendra?, exige su permanencia absoluta por siempre jamás. Y nos e da cuenta que se mama sólo una vez y no para siempre que sangren las glándulas mamarias, que sangren y que causen dolor. Que los hijos chupen sangre, que los hijos remienden el infierno y jamás volteen a ver más que mi pecho, los engendré y los quiero para mí. Son  míos, me pertenecen y el Padre jamás ocupa su rol, se va, por los tiempos de aquel contexto y ya no puede ejercer su deber porque lo ha perdido todo.
Ahora los hijos de los hijos tienen hijos y sufren la pena y la desgracia de un imperio esclavista que parece nunca terminar.
¿Cuándo pasará?
Afortunadamente existe el tiempo
y nada es para siempre.


EXHS

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