La ingenuidad sobre el amor.

En los tiempos modernos, la familia comenzó a hacer uso más del término "libertad". En varios estados de la República comenzó a emerger un fenómeno: las madres solteras. Mujeres independientes que bajo el sufrimiento y la bandera del feminismo, ahora se hacen cargo de todo. Varias de ellas tuvieron que compungir para echar a andar un proyecto de vida donde varias responsabilidades caían sobre sus hombros: educar al nuevo ser.

Irene era una chica de 13 años, hija de una familia disfuncional; bisabuelos y abuelos que propugnaban por una personalidad machista, llevaban a cabo el liderato de la familia y a la mujer, había que volverla sumisa y no tanto eso sino delegarle la labor de guiar a los hijos mientras el hombre iba a buscar el dinero para la manutención de lo más sagrado: la familia. Pero, como muchos sabemos, la responsabilidad contrae paradójicas reflexiones sobre el deber y el existencialismo. La infidelidad llegó a la familia de Irene, bisabuelo y abuelo repetían el patrón, era parte de la cultura, era mejor darse a querer con mucho más personas.

Por su parte, el padre de Irene, un hombre sensible y bastante débil de carácter fue un insensato que a los 16 años gestó a su hija con su novia Úrsula. La falta de experiencia y la economía, la competitividad del mundo capitalista presionaban cada vez más al padre de Irene, Alejandro Díaz.

Alejandro Díaz se enfrascó en la decepción que más tarde se transformó en una depresión que le encerraría en las drogas y el alcohol; en los malos hábitos de pararse tarde, desaprovechar el día, ensimismarse en la ociosidad y dejarse morir día con día.
Y murió, se perdió, nadie supo de él hasta que sus padres le hallaron muerto. La desgracia de perder al padre de su hija llevó a Ursula a caminar en la desesperación y la neurosis y esta falta de madurez y espiritualidad; la falta de inteligencia emocional llevó a que el hogar se convirtiera en un suplicio e Irene huyó.

-Ustedes ya saben la historia-Se casó con Donaldo, parecía un estigma generacional, una disfunción familiar heredada.
Ahora Irene tiene 13 años y un hijo. Vive en una casa de interés social con su suegra y el padre de su hija, Donaldo.
¿Un desperdicio de vida?, ¿Qué sucederá con ellos?, ¿Seguirán los patrones de sus progenitores?
Esta falta de apego a los valores de la buena educación orillaron a Irene a entrar en un estado de inactividad que le produjo un estrés postraumático que le paralizó, que le hizo descuidar a su bebé y perderla. Ni siquiera tuvo tiempo de darle un nombre.
Donaldo trabajaba  vendiendo periódicos en un semáforo de  una de las avenidas principales de su ciudad.
La necesidad de afecto se transformó en una agonía que le hizo figurar amores, fue una ilusión como el sediento en el desierto que mira ríos frescos para saciar su sed. Donaldo fue una marioneta de este trágico destino que traiciona a sus creaciones por una falta de conciencia y de las nociones sobre el desarrollo humano y el alcance a verse plenos e independientes.

Se fraguó esta historia en una más de las tragedias familiares, de la disgregación de hermanos, del vacío que provocan las sociedades grandes y chicas y ¿qué podemos hacer?
Los árboles, el pasto, el sol, las nubes, el cielo y el aire fueron testigos de cómo, inocentemente, una vida más se sumó al sufrimiento que reinó hasta que estos seres conectados, murieron.


EXHS

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