Día de rutina se convierte en amor de leyenda.

Día cotidiano.
Llegas en la rutina diaria de sólo esperar a que termine el día y haber cumplido tus objetivos, esa agenda que marca tus pasos y que raramente la circunstancia altera. Pasan las horas y de pronto el saludo de la compañera que adorna la oficina, ya no es un recurso más que forma parte de la atmósfera sino que ahora, es elemento clave que altera el medio ambiente y tu zona de confort al decirte: “oye, te gustaría ir a comer”
Piensas que sí y lo dices pero todo se empieza poner tenso cuando te das cuenta que es tú y ella y no puedes articular ninguna palabra porque de pronto tienes conciencia de que: te gusta. La voz que escuchabas de pronto como un ruido lejano pero seductor, ahora retumba en tus oídos y desestabiliza tu corazón, promueve en ti un deseo y caes enamorado. ¿Por qué? Por una necesidad intrínseca de ser amado y porque sabes que aquella mujer tiene un pequeño detalle: es interesante.
En los días siguientes la oyes reír y reír y empiezas a comportarte como estúpido pero milagrosamente esta vez, no lo echas a perder. Es un milagro dirían los católicos y puede ser que lo sea. Hay química, hay empatía y el nerviosismo de los dos se convierte en algo lógico, una emoción natural.
Estornudas y la que te dice “salud” es precisamente ella.
El haber entrado a una burbuja donde no puedes escapar tal vez te ha obligado a vislumbrar alguien que te roba el corazón y al final no importa y empiezas a escribir poemas sobre el destino y la manipulación del mundo para haberte empujado a tomar este camino donde maravillosamente toparías con esta mujer de nombre sutil y delicado que hace que pienses más en recorrer los montes de su pelo y sentir su piel.
Pasan los días, pasan los días.
-¡Oye!, no se vale, yo tenía un plan y era no enamorarme. Necesito irme a estudiar a otro país, desarrollarme, verme plena.
-Yo ya no puedo hacer nada-
Cuéntale tus planes a Dios para que lo veas reír. No te queda más que hacer lo que marca tu felicidad y dejarte arrastrar a la cama de hacer el amor una y otra vez por el apasionante fuego que invade a la juventud y la madurez que te da la idea verdadera sobre el amor y este milagro de compartir juntos, la vida.
Aquél señor está en su vieja silla recordando esto, la manera en que sus planes iban cambiando conforme a lo que tenía preparado el universo. Cómo se casaron, cómo tocaron sus labios y despertaron un día a la luz de la luna desnudos en el pudor que emitían sus cuerpos con roces de tersas uvas que emanaban la fugaz esencia de amarse y cómo procrearon y cómo ahora al paso de los años se le tuvo que decir adiós porque la muerte no espera, da el viaje a la hora que le toca a a cada quien y el señor espera pacientemente.
Espera pacientemente en el ocaso de su vida.
Espera pacientemente para poder despertar en la imaginación donde sí puede: AMARLA ETERNAMENTE.

Erick Xavier Huerta Sánchez.

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