La independiente



Su historia no es algo que remarcar y, sin embargo, quiero contarla porque es un enigma en los pensamientos que confluyen dentro de esta mujer. ¿Problemas con su padre? ¿Desintegración familiar? ¿Traumas familiares? ¿Frustración del ego?
Ella no se da cuenta pero actúa presa de los traumas que fue forjando y puede que funcione esta condición porque, es de todos y no es de nadie.
A penas entraba a la adolescencia y empezaba a tener conciencia de su sexualidad cuando, a los 15 años, descubrió el enorme potencial de tener al hombre que deseara; uno y luego otro y luego otro hasta nunca terminar y a todos les llamaba: “bebé”, a todos les consentía y los manejaba con la ternura y la lástima como quien trata a un indefenso que no tiene poder, que pide limosna. Y ella siempre lo supo y por eso mismo trato a todos sus hombres como seres inferiores, seres que no pueden tener control sobre sí y que sucumben a la libertad y el poder de la innombrable belleza maldita.
“No quiero ser de nadie, quiero sentir, quiero ser libre, independiente, autónoma por siempre”
Así pasaron los años y muchos hombres sufrieron la pena de ser sus enamorados, de recibir el rechazo cuando quisieron casarse, cuando desearon y pensaron que ella era la madre de sus hijos, la mujer y la compañera perfecta para vivir un matrimonio feliz y un recorrido hacia la muerte que trascendiera sus fronteras para residir en el seno del amor por toda la eternidad.
Esta mujer jamás quiso ser esclava, ser compañera eterna. Ella gustaba de que la desearan, era demasiado narcisista, quería vivir plenamente su sexualidad cogiendo con uno y otro, sintiendo las diferentes manos y texturas de los hombres que quiso tener en su cama hasta que le diera la gana.
Pero pasa el tiempo, van saliendo arrugas, se va perdiendo el tesoro, salen várices y la condición física se deplora, el brutal movimiento que orilla a la comida rápida produce lonjas y la belleza va perdiendo su estilo, su poder, su gestión y comando. Paga la factura de tus excesos, mujer independiente y tan autoritaria que hiciste sufrir hasta….hasta que….
Era una noche de abril, caminando por la calle de una ciudad desconocida, iba de visita y grita el nombre del personaje que conoció en una infancia a la que no se quiere volver. El joven voltea y emite una sonrisa prudente, mesurada, tranquila, pero esos ojos clavan en la independiente un amor enfermizo, un amor colérico que la embarga y la desorbita.
Está acostumbrada a tener las adulaciones necesarias y a seducir con plena confianza pero este hombre no responde, demasiado controlado, demasiado racional y enamorado de otra mujer.
“¿Qué voy a hacer? ¿Cómo retenerlo? ¿Cómo llamar su atención para que me ame a mí? El tiempo pasa, no tengo pocos años, ya no soy joven y sé que ese es el hombre para mí, con el quiero casarme, con él quiero vivir.”
El Joven sigue la rutina, sigue trabajando y de pronto empieza a tener recurrentes y enfermizas llamadas que le hacen saber, con toda claridad, la intención genuina de la independiente por conocerle, por entablar una relación que les lleve al sexo, a la toma de manos, al beso, a una formalidad que expresa esta mujer autónoma.
No cabría ninguna duda, el joven tiene demasiada prospectiva, visión del futuro y se anticipa al juego de emociones y manipulación de la independiente y ella no puede hacer nada y comienza a desesperarse; incluso avienta un beso intempestivo sobre el joven que lo desorbita y que después, en un segundo, le responde pero con la genuina intención de expresarle en sus labios que no habrá continuidad, es su despedida y se deslinda de ella por siempre.
Ella qué iba a saber, ella cómo sabría que lo vivido le arrojaría al desconsuelo, al sufrimiento de quedar sola y de ver como ese joven hizo su vida y expresó el amor divino, de una manera poca concebida, a otra mujer, de distinta belleza, de otro nombre, a una que sí marcó un interés en él.

Rubia y se notan más las arrugas; queda despechada en aquella banqueta del barrio que la vio crecer. Sola, resignada a casarse con el próximo que venga, con el de mejor perfil entre lo poco que queda, el que le ayude a superar la soledad enfermiza, el que pueda presumir en una sociedad clasista y elite.
Sola.
Triste.
Un dramático final, vivencias felices y el herido corazón que al final sólo puede encontrar consuelo en la época de juventud donde se hizo el amor, se tuvo sexo, se ganó dinero, y siempre se cumplió la voluntad férrea de esta mujer que siempre quiso ser:
 La independiente.


EXHS

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