Sin detener el paso.
La tranquilidad me abrazó sin consentimiento alguno mío. Me arrebató mis energías, me arrebataron mis ganas de continuar caminando. La soledad despojó de mí el brillo de mis ojos.
Me hundo en las tinieblas y ya no sé quién soy; un recuerdo vago anida por ahí y salpica los detalles de haberse levantado un día y ser ignorado por una mujer a la que se le dedicaron tantos pensamientos, tanta fe, fuerza en la esperanza, tanta gloria y entusiasmo de levantarse cada mañana para que hoy ya no quede nada.
Los revolucionarios nunca aceptamos injusticias, nunca nos sometemos a la inferioridad ni suponemos ser mejores; los revolucionarios queremos la equidad, la fuerza en un balance significativo que nos condecore con la paz, el honor y la sabiduría. Los revolucionarios somos hermanos y reconocemos nuestras palabras.
Se me han ido las fuerzas, descanso, quedo acostado con el llanto desesperado que pide auxilio y que nunca llega. Agonizo y el frío triunfa sobre los cúmulos de mi miedo; la desgarradora proeza ha personificado mi estado de ánimo. Los árboles me ven contando, todas mis ilusiones y encantos, me ven ahí tirado y no hacen absolutamente nada, sólo quedan mirando. Los pájaros se asientan en mi ventana, sólo ven. El final se ha acercado, ha llegado, toma lentamente mi vida. Qué desesperación saber que nada puede continuar y que los sueños más profundos quedaron...lo he perdido todo.
-Despierta¡-alguien dice.-Aún puedes vivir.
Las horas pasaron, se percibía que despertaría y todo el cuerpo tendría aun fresco mi pesar pero esta vez fue diferente y la realidad pintaba dista de lo que era. Parecía que habían transcurrido eras y yo estaba ausente.
La esperanza recobraba energía.
A pesar de todo, seguía caminando.
Me hundo en las tinieblas y ya no sé quién soy; un recuerdo vago anida por ahí y salpica los detalles de haberse levantado un día y ser ignorado por una mujer a la que se le dedicaron tantos pensamientos, tanta fe, fuerza en la esperanza, tanta gloria y entusiasmo de levantarse cada mañana para que hoy ya no quede nada.
Los revolucionarios nunca aceptamos injusticias, nunca nos sometemos a la inferioridad ni suponemos ser mejores; los revolucionarios queremos la equidad, la fuerza en un balance significativo que nos condecore con la paz, el honor y la sabiduría. Los revolucionarios somos hermanos y reconocemos nuestras palabras.
Se me han ido las fuerzas, descanso, quedo acostado con el llanto desesperado que pide auxilio y que nunca llega. Agonizo y el frío triunfa sobre los cúmulos de mi miedo; la desgarradora proeza ha personificado mi estado de ánimo. Los árboles me ven contando, todas mis ilusiones y encantos, me ven ahí tirado y no hacen absolutamente nada, sólo quedan mirando. Los pájaros se asientan en mi ventana, sólo ven. El final se ha acercado, ha llegado, toma lentamente mi vida. Qué desesperación saber que nada puede continuar y que los sueños más profundos quedaron...lo he perdido todo.
-Despierta¡-alguien dice.-Aún puedes vivir.
Las horas pasaron, se percibía que despertaría y todo el cuerpo tendría aun fresco mi pesar pero esta vez fue diferente y la realidad pintaba dista de lo que era. Parecía que habían transcurrido eras y yo estaba ausente.
La esperanza recobraba energía.
A pesar de todo, seguía caminando.
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