Al menos, conoció el amor

En los desiertos del viejo Oriente,  Un anciano paciente que andaba en su caballo encontró. arrumbando en unas rocas, un paquete que contenía varias cartas, un saco, un sombrero y una cantimplora sin una gota de agua.

                              -  Abuelo, qué ha sido lo que llevas en la mano, qué es, qué cargas, cuéntame abuelo.
Son los escritos de una persona que hacía llamarse Cristóbal. Él cuenta una historia trágica.
                               - Cuéntame abuelo, qué yo quiero saberlo, déjame leerle.


       "Son esas serpientes que causan tanta intriga, aun no consigo saber el nombre. Ya he preguntado al sabio del lugar pero no me ha contestado."

25 de septiembre de 1945
Hoy las cosas tienen una tonalidad roja, parece que la muerte manchó con sangre los aires, no puedo ver bien. El aire del desierto se pone muy brusco por estas épocas. Hoy llegué a un nuevo poblado, le llaman "Beni Suef"...aquí ya no sé que esperar, hasta la soledad ha muerto...

28 de Octubre de 1945
Anduve por todo el lugar y estuve ayudando a Nicolás pero hoy quedé desconcertado porque...

15 de Noviembre de 1945
Ivés tiene una sonrisa peculiar. Ivés cuando mira destella energía y su manera de caminar, y su manera de peinar y su confluyente ser asociado con el universo y la grandeza y la doblegación que obliga a mi entera persona a claudicar sus sueños porque ahora todo es, de, por ella.

                                         En estos pasajes que te leo hubieron grandes momentos. Desde el primer beso hasta poder consumar definitivamente el amor de estos dos seres. Que siempre le quiso Ivés a Cristóbal, siempre le amo. Cristóbal tuvo tanto miedo de no volverla a ver, sufría tanto al mirarla ser de otro. Cristóbal le logró enamorarle, ella dio cuenta de que siempre le perteneció a este hombre. Fueron amantes, tuvo infidelidad Ivés a su marido, pudo llamársele pecado. Todo lo que hizo fue por amor. 
Cuando les descubrió el hombre, mató sin pudor a Ivés, la dejó desangrándose en un pabellón a media noche y Cristóbal le encontró y Cristóbal le cargó y corrió a más no poder dejándola resguardada en su cama. Pero no había nadie, la guerra había llegado hace días y donde estaban ya no vivía nadie. Cristóbal anduvo desesperado y cuando regresó se encontró vacío, su vida ya no estaba, había sido arrebatada y quedó desolado. Solo quedó cargarla y recoger una carta que dejó su amada.

Cristóbal llevó consigo el cuerpo de su amada, viajó en su auto pero los estragos de la guerra detuvieron sus pasos. Le hirieron, dejando deforme su cuerpo, con brazos amputados y la carga de jamás volver a ser feliz, con el único consuelo de que al menos lo fue en un tiempo.

     Y le entrevistaron. Y estuvo enjaulado, preso. Pasaban los días y su cuerpo seguía con vida hasta que llegó el momento en que su tristeza irradiaba con tanto furor que un soldado se acercó y preguntó por su vida. No le quedó más que escuchar y aprender de un amor que jamás podría haberse imaginado, idealizado o intentado construir como si fuera literato.
El soldado trabajó como cura y lo exoneró de sus pecados, tomando su mano.

Cristóbal murió.

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