Filántropo por obligación.
Érase que se era, Okono, que vivía en la antigua Grecia.
3 días después del cepelio de su padre, Okono optó por viajar con los samurais que estaban escondidos en los montes himalayas y ahí aprendían y ahí escogían al que aguantara el entrenamiento más arduo y duro de todos los tiempos.
Okono llegó y como de costumbre, sin habla, se le hospedó en un misterioso cuarto que estaba adornado con distintas flores pegadas hasta abarrotar las cuatro paredes de donde dormiría. Olía a jazmín, el olor era relajante y Okono pensó en dormir luego luego que llegó, no lo dudo y así lo hizo. Y cuando, recobró la conciencia ya sentía un duro golpe en la cien que le marcaba el inicio de su dura estancia con los Samurais de los Himalayas.
Okono pasó el primer día peleado y terminó con los brazos hechos pedazos; pero con dura furia y tenacidad aguantó y todos los demás que entraron junto con él, desertaros y otros murieron de inanición.
-Como Okono mostró una gallardía sin igual, sin comparación-Akira Katsumoto le llamó al templo sagrado donde Dios mismo bajo y mató al primer pecador que anduvo-
Así, Okono conoció al líder Katsumoto. La primera pregunta que recibió Okono fue: ¿Qué tan fuerte eres para vivir sin cura ante la enfermedad de la muerte?-y Okono respondió: "Tanto que lo más grandioso y puro que poseo jamás podrá ser conquistado ni arrebatado"-
¿De qué hablas?
-"de la libertad maestro"
Durante décadas, Okono mostró su responsabilidad y un honor que no se puede describir. Tanto fue su furia por la conquista del bien, que ganó el respeto de todos los hombres. Unificó al oriente y consolido un Imperio.
Okono caminaba solo, las juveniles bellas del lugar y el imperio se ofrecían a él. Los hombres llevaban a sus hijas para que él escogiera cuál era la más hermosa, cuál de ellas dignificaba el gusto de Okono para que le hiciera el amor y para que escogiera una hermosa que le brindara un heredero. Okono, ante estos ofrecimientos, solo mencionaba "Gustoso soy de recibir tan gestos hermosos de apreciación, pero sus hijas no son dignas de vivir con alguien que no les promete amor"
Una mañana, Okono se bañó, se vistió y fue a sentarse a su trono a meditar. Comenzó recordando palabras de Katsumoto, su primer maestro por designios del destino. Cuando se comenzaba a quedar dormido un anciano se paró en frente de él y, asustándolo, dijo: Ven, acompáñame que Dios ha venido y dice que debes escucharle ahora.
-Okono asintió solamente con la cabeza y le siguió hasta un monte muy peculiar. Era extraño, Okono conocía sus alrededores pero era extraño, no le había visto bien a ese monte. Llegó ante un camino que terminaba y el anciano le dijo que escalara unos pequeños peldaños para llegar a una cueva que se veía, disimuladamente un poco arriba. Okono subió y se encontró con Dios, un hombre de pelo castaño, con barba fina, bigote sobrepoblado, con una sonrisa que no mostraba casi nada de un diente.
-Y Dios dijo: "Okono, tu vida ahora será servirme a mí pues ya has conseguido lo que más anhelabas y tus sueños se han cumplido"
-Okono no sabía que responder y solo escuchaba-
Dios finalizó diciendo a Okono que se casara con una mujer a que le llamaban "Esperanza" y que era descendiente de "Hortos" y "Lucía"
Pasaron dos meses antes de que Okono se encontrará con Esperanza. Ese día fue inusual, pues Okono andaba por unos viñedos andando descalzo, paró a probar una uva que se le cayó de las manos porque accidentalmente había salido espinado y su sangre no cesaba. Solamente sintió de repente una mano acariciandóle y poniendo rápidamente un trapo que evitará más pérdida.
A partir de ese momento Okono y Esperanza se casaron por mandato y también porque Okono se había enamorado, drásticamente.
2 años después, Esperanza le dio un varón a Okono, al cual llamaron "Krishna"
Vivían todos muy felices hasta que en la madrugada del 3 de Diciembre, Okono miraba al horizonte desde su palacio a una horda que se acercaba y que se hacía cada vez y cada vez más grande hasta perder de vista una inmensidad sin forma.
En efecto, eran soldados, de un imperio desconocido de Germanos que llegaron y saquearon. Mutilaron y mataron a todo el imperio.
Esperanza murió violada y mutilada pero Krishna se resguardó hábilmente y sobrevivió. Okono y su hijo fueron mezclados entre los pocos esclavos que se llevaron a ser presentados con el Rey Kumbo XII. Allí, Okono y Krishna fueron sometidos a sembrar maíz y a domesticar caballos.
5 años pasaron y Dios se volvió a presentar en la humilde choza de Okono y le pidió a este que matara a su hijo Krishna, pues de esa manera Okono recobraría el poder perdido y levantaría a su imperio de sus cenizas. Okono rechazó a su Dios y vinieron 7 años de agonizantes enfermedades y sufrimiento, pero Okono y su hijo seguían con vida.
La tempestad se fue un 10 de Febrero. Okono y su hijo no habían salido, seguían encadenados a su condición de esclavos y a la trágica decisión del destino.
Una noche Okono no pudo más y se puso a llorar. Krishna había salido, estaba platicando con amigos en choza de un camarada llamado Asiurno. Mientras Okono lloraba, una figura parecía como sombra en su puerta pero a Okono ya no importaba, estaba viviendo su sufrimiento, hacía caso de cada lágrima hasta ver borroso a un hombre negro que delante de él, sin ruido, se encontraba mirándolo y dijo: "No llorar por la triste alma, es algo bueno para el que es fuerte y privilegiado porque su felicidad resulta egoísta y cuidada por Dios"
Okono solo quedo por decir-Qué¡, dices, si Dios mismo me abandonó y amenazó con quitarme a mi hijo con la obligación de que yo debía matarle¡¡, calla¡ canalla¡-
El hombre de piel oscura- solamente tocó la cabeza de Okono y este tranquilizó, le dejó y cuando se marchaba sólo dijo: "Okono, has demostrado"
Okono quedó pensativo y con las venas aun alteradas por el rencor que le producía estar triste.
3 días después del llanto, Okono despertaba con el beso apasionado de su Esperanza.
EXHS
3 días después del cepelio de su padre, Okono optó por viajar con los samurais que estaban escondidos en los montes himalayas y ahí aprendían y ahí escogían al que aguantara el entrenamiento más arduo y duro de todos los tiempos.
Okono llegó y como de costumbre, sin habla, se le hospedó en un misterioso cuarto que estaba adornado con distintas flores pegadas hasta abarrotar las cuatro paredes de donde dormiría. Olía a jazmín, el olor era relajante y Okono pensó en dormir luego luego que llegó, no lo dudo y así lo hizo. Y cuando, recobró la conciencia ya sentía un duro golpe en la cien que le marcaba el inicio de su dura estancia con los Samurais de los Himalayas.
Okono pasó el primer día peleado y terminó con los brazos hechos pedazos; pero con dura furia y tenacidad aguantó y todos los demás que entraron junto con él, desertaros y otros murieron de inanición.
-Como Okono mostró una gallardía sin igual, sin comparación-Akira Katsumoto le llamó al templo sagrado donde Dios mismo bajo y mató al primer pecador que anduvo-
Así, Okono conoció al líder Katsumoto. La primera pregunta que recibió Okono fue: ¿Qué tan fuerte eres para vivir sin cura ante la enfermedad de la muerte?-y Okono respondió: "Tanto que lo más grandioso y puro que poseo jamás podrá ser conquistado ni arrebatado"-
¿De qué hablas?
-"de la libertad maestro"
Durante décadas, Okono mostró su responsabilidad y un honor que no se puede describir. Tanto fue su furia por la conquista del bien, que ganó el respeto de todos los hombres. Unificó al oriente y consolido un Imperio.
Okono caminaba solo, las juveniles bellas del lugar y el imperio se ofrecían a él. Los hombres llevaban a sus hijas para que él escogiera cuál era la más hermosa, cuál de ellas dignificaba el gusto de Okono para que le hiciera el amor y para que escogiera una hermosa que le brindara un heredero. Okono, ante estos ofrecimientos, solo mencionaba "Gustoso soy de recibir tan gestos hermosos de apreciación, pero sus hijas no son dignas de vivir con alguien que no les promete amor"
Una mañana, Okono se bañó, se vistió y fue a sentarse a su trono a meditar. Comenzó recordando palabras de Katsumoto, su primer maestro por designios del destino. Cuando se comenzaba a quedar dormido un anciano se paró en frente de él y, asustándolo, dijo: Ven, acompáñame que Dios ha venido y dice que debes escucharle ahora.
-Okono asintió solamente con la cabeza y le siguió hasta un monte muy peculiar. Era extraño, Okono conocía sus alrededores pero era extraño, no le había visto bien a ese monte. Llegó ante un camino que terminaba y el anciano le dijo que escalara unos pequeños peldaños para llegar a una cueva que se veía, disimuladamente un poco arriba. Okono subió y se encontró con Dios, un hombre de pelo castaño, con barba fina, bigote sobrepoblado, con una sonrisa que no mostraba casi nada de un diente.
-Y Dios dijo: "Okono, tu vida ahora será servirme a mí pues ya has conseguido lo que más anhelabas y tus sueños se han cumplido"
-Okono no sabía que responder y solo escuchaba-
Dios finalizó diciendo a Okono que se casara con una mujer a que le llamaban "Esperanza" y que era descendiente de "Hortos" y "Lucía"
Pasaron dos meses antes de que Okono se encontrará con Esperanza. Ese día fue inusual, pues Okono andaba por unos viñedos andando descalzo, paró a probar una uva que se le cayó de las manos porque accidentalmente había salido espinado y su sangre no cesaba. Solamente sintió de repente una mano acariciandóle y poniendo rápidamente un trapo que evitará más pérdida.
A partir de ese momento Okono y Esperanza se casaron por mandato y también porque Okono se había enamorado, drásticamente.
2 años después, Esperanza le dio un varón a Okono, al cual llamaron "Krishna"
Vivían todos muy felices hasta que en la madrugada del 3 de Diciembre, Okono miraba al horizonte desde su palacio a una horda que se acercaba y que se hacía cada vez y cada vez más grande hasta perder de vista una inmensidad sin forma.
En efecto, eran soldados, de un imperio desconocido de Germanos que llegaron y saquearon. Mutilaron y mataron a todo el imperio.
Esperanza murió violada y mutilada pero Krishna se resguardó hábilmente y sobrevivió. Okono y su hijo fueron mezclados entre los pocos esclavos que se llevaron a ser presentados con el Rey Kumbo XII. Allí, Okono y Krishna fueron sometidos a sembrar maíz y a domesticar caballos.
5 años pasaron y Dios se volvió a presentar en la humilde choza de Okono y le pidió a este que matara a su hijo Krishna, pues de esa manera Okono recobraría el poder perdido y levantaría a su imperio de sus cenizas. Okono rechazó a su Dios y vinieron 7 años de agonizantes enfermedades y sufrimiento, pero Okono y su hijo seguían con vida.
La tempestad se fue un 10 de Febrero. Okono y su hijo no habían salido, seguían encadenados a su condición de esclavos y a la trágica decisión del destino.
Una noche Okono no pudo más y se puso a llorar. Krishna había salido, estaba platicando con amigos en choza de un camarada llamado Asiurno. Mientras Okono lloraba, una figura parecía como sombra en su puerta pero a Okono ya no importaba, estaba viviendo su sufrimiento, hacía caso de cada lágrima hasta ver borroso a un hombre negro que delante de él, sin ruido, se encontraba mirándolo y dijo: "No llorar por la triste alma, es algo bueno para el que es fuerte y privilegiado porque su felicidad resulta egoísta y cuidada por Dios"
Okono solo quedo por decir-Qué¡, dices, si Dios mismo me abandonó y amenazó con quitarme a mi hijo con la obligación de que yo debía matarle¡¡, calla¡ canalla¡-
El hombre de piel oscura- solamente tocó la cabeza de Okono y este tranquilizó, le dejó y cuando se marchaba sólo dijo: "Okono, has demostrado"
Okono quedó pensativo y con las venas aun alteradas por el rencor que le producía estar triste.
3 días después del llanto, Okono despertaba con el beso apasionado de su Esperanza.
EXHS
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