Matías

Fue un Enero de 1981 en que Matías podría ver por primera vez la Luna. No sabía que le depararía y mientras transcurrieron sus años en vida veía con inocencia y agonía cómo muchos sobresalían; algo en su interior buscaba competir de igual manera, equipararse con los de grande estrella, pero en la cúspide de la madurez de Matías, dió cuenta de que algo faltaba y de que muchos no cumplían con ciertos requisitos, que era distinto la vida de muy pocos a la de la gran mayoría; ¿A qué se debería esto?

Cuando Matías cumplió los 30 años había llegado lejos, tenía una buena profesión y algunas novias en su historial pero un buen día, como ningún otro encontró una chica que le pareció ejemplar.
--No preocupen, que Matías tenía sus dudas, pues en tanto correr del tiempo el amor no parecía un augurio bueno, certero ni válido que cumpliera con que dos almas fueran destinadas.

Con el miedo del paso del tiempo, la presión social, los cuestionamientos que provoca la soledad. Matías cayó en profundo enamoramiento y aquella mujer idealizada parecía que era la indicada. Se juntaron, se besaron, se amaron. Como en todo, a ratos. Y cuando, a pesar de los cañonazos de aguantar uno a otro en cada momento, de padecer gustos diferentes, dispersos pensamientos, caminar al mismo paso sin saber la condición de uno y otro, procrearon un hijo, varón al que le llamarían Jacinto.

Después de 4 años y medio, llegó Laura y dos años después, Carlitos. Y esta familia estaría predestinada involuntariamente a vivir y padecer los choques circunstanciales de la vida, comenzando en un inicio por Matías y, se me olvidaba mencionar el nombre de la dama, Isabel.

Matías e Isabel estuvieron bien un par de años, como hemos dicho, no aguantaron. Uno se hizo más fuerte, otro se destruía. La comunicación es algo muy difícil de llevar a cabo. Creer que un amor puede perdurar es algo aun más complicado.
   Y así, Isabel comenzó una profunda caída que ya le hacía ver completamente egoísta con todos los de su familia. Quieren saber por qué; pues eso nadie lo sabe. Mientras tanto Matías trabajaba incesante para sacar adelante a sus amores que ceñían dentro del alma de su padre, un amor inmenso y perdurable.

Al emigrar las crías, Matías e isabel quedaron solos, sin nadie y el amor, no sé si alguien sepa si quedó allí o emigró también. Puesto que, en tiempos, solo fueron instantes para que pudieran ver la muerte de Isabel, sola, fría , descuidada y sin saber nunca de por qué le aconteció lo que pasaba en una guerra interna que nunca comprendió, ni ella, ni Dios ni el noble y desgarrado Matías.

Matías lo dio todo por su familia y ahora estaba solo. No había logrado grandes cosas, no había viajado lo suficiente. Él estaba completamente sumiso, ahora, en la destrucción imparable que causa el cerebro porque ahora era viejo. Matías se preguntó por vidas qué era lo que pasó, por qué a pesar del esfuerzo nunca pudo unificar y mucho menos sentir una autorrealización. Recordaba, recostado en su cama a altas horas de la noche en cómo era posible que muy pocos tuvieran tanta significancia a diferencia de los muchos que abarcan el día a día en las urbes metropolitanas y las zonas rurales donde el sol desquita como si no hubiera nubes.

Un buen día, su hijo mayor, Jacinto llegó al recinto de su Padre, a su morada donde mucho tiempo pisó, estudió y estuvo bajo la tutela de un gran hombre que le profesó amor y obediencia. Jacinto le vio sentado, cavilando sin término alguno. Matías miró con gran desdicha, despecho y tristeza a su hijo Jacinto que tantas veces llorara por las dificultades que le presentaba la vida.
       -Jacinto, que bueno que has venido, te he estado esperando porque en el ocaso de mi vida he vislumbrado lo que tanto he buscado y por lo que tanto he desesperado en darte una muestra real de mi perdón.
      -Pero qué dices Papá, que yo te amo y lo único que de ti he recibido es al mejor amigo, tutor, cómplice y maestro que uno puede tener. He de haber sobornado a Dios para que me permitiera andar contigo.

Matías lloró y Jacinto reacio le dijo: "no llores papá, no te dé nostalgia, alégrate porque eres grande"

      -Jacinto respondió a su hijo: "No lloró en vano hijo, es que me he percatado de una verdad que me produce tanta infelicidad. Y es que tú no sabes pero te he maldecido por mi ignorancia. Lo siento mucho hijo que sé cuánto has sufrido a tu madre y cuánto daño produje a tu vida inocente, dejándote completamente despojado, libre pero sumiso porque no eres alguien puro, como yo tampoco.
Los tiempos me han indicado que la diferencia entre los pocos que albergan una pura felicidad es porque en su linaje, dos seres se encontraron verdaderamente, en el real amor, el que vale, el que lo ha sabido desde tiempos inmemoriales y yo con tu madre, albergué sentimientos confusos y creí seríamos felices pero no fue así y por esta terrible actividad de enfatizarnos como amantes has llegado tú que cuánta inmensa pregunta hiciste por querer ir más allá y encontrar dentro de ti a Dios y la verdad.
Perdóname, pero que yo he sido también presa de esta calumnia que hacen miles de seres con todos sus progenitores...somos malditos y seguimos produciendo seres banales, impuros sin causa alguna. No existe causa en los choques de dos personas; no sólo es supervivencia por supervivencia; existe una causa pero desesperamos y no escuchamos a la naturaleza. Y que sé que te suena confuso pero la realidad ahí está.....te toca a ti pedir perdón y plasmar tu alma allá, que la glorifiquen y logres encontrar el amor de tu vida"
     -Jacinto dijo: "Padre, estás cansado. Lo que me digas puede ser razón pero estamos aquí y debemos vivir. Que de ti he aprendido que lo mejor hay que hacerlo aun cuando todo nos esté en contra, cuando esté lleno de recelos, odio y rencor siempre preservará en mí la justa razón de hacer el bien, aunque Dios haya mermado mis posibilidades y aunque quepa en una triste historia más de los seres humanos."

Ese día Matías no podía conciliar el sueño, Jacinto le abrazo y en un sueño profundo Matías se perdió, muriendo sin más y dejando a Jacinto en un desolado mar de lágrimas que corrompía al más duro de los meteoros.
     Matías perdió la vida, Matías dejó a Jacinto y a sus demás hijos. Divagó su alma hasta llegar con el creador y en efecto, lo que pensó era.

    Jacinto nunca pudo recuperarse de la muerte de su Padre, navegó por el mundo como cualquier otro, fue perdiendo la memoria paulatinamente y como todos, sus sentidos fueron muriendo, sólo, suspirando en los últimos momentos de poder estar con vida dijo a su hijo: "Mi Padre y tu existencia hicieron llevadora esta pena que nunca pude quitármela de encima por darte la vida, por no hacer caso....no quiero, no quiero"-y mientras seguía hablando, el hijo aguantaba lágrimas que salían sin la reticencia suficiente de los párpados.

Fue en ese momento en que bajó Matías del cielo, dijo: "Estamos perdonados, deja a tu hijo que el mismo universo se hará cargo de su destino. Ven conmigo, no tengas miedo, de hoy en adelante los que descendieron de nuestro linaje tendrán oportunidad de arrepentimiento, encontrar su contraparte y brindar a este planeta, los verdaderos seres, dignos de venir al disfrute y de continuar con la procreación"
  


           Unos dicen que Matías alberga en los Mares, que lanza al viento las verdades que ahora permiten ser respiradas por todos los seres. Otros auguran con certeza que Matías baja los viernes y bendice las cenas de todo aquel que le invita. Hay quienes decretan que Dios le dio a Matías una espada para defender con el ejército celestial al linaje puro de los que cometen amor real. Nadie sabe con certeza el paradero de Matías, sin duda es una leyenda. Hoy por hoy es el ùnico del que se cuenta que fue hasta Dios por ser noble de corazón, que amó sin medida a quienes más le lastimaron y nunca agradecieron gesto alguno; que fue buen padre y procuró siempre el bienestar de su mujer. Que tuvo fidelidad. Cuentan los sabios que Dios le abraza siempre, que se le dio consuelo, que posee la felicidad pura y defiende a todos los hombres que vienen con tanta inocencia a padecer desventuras y sin saberes. No se sabe qué sea verdad pero si en algo todo coincide es, que Matías lloró la necesidad del abrazo de su Dios.




EXHS

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