Reflexiones sobre mi vida y el neoliberalismo

De mi pasado, los orígenes se retoman a unos hombres que lucharon por sobrevivir, de humildad, sin muchas aspiraciones que la de alimentar a su familia, ser un poco feliz, cuidar a los suyos, casarse, tener nietos, mirar la vida pasar y así, morir.

La historia es la historia. Mis bisabuelos fueron comerciantes, hombres y mujeres de campo. Un bisabuelo que sabía sobre la naturaleza, cuidar el ganado y convertirlo en alimento y comercializar con él; mi bisabuelo materno sabía trabajar el campo con sus manos, y mi bisabuela «Conchita» sabía obtener la leche, ordeñando a la vaca y convertir esos lácteos en quesos, leche y crema. Mis bisabuelos maternos eran eso en el mundo rural mexicano, después de la revolución, eso les dio para tener hijos que después harían sus vidas, donde esa descendencia sería clave para que yo existiera.

Mis bisabuelos paternos eran una cosa similar, de la tierra caliente, hombres que sabían tratar la carne, la res, en el mundo rural mexicano, en el mundo de las pequeñas poblaciones alejadas de la educación de calidad, de la absoluta educación, teniendo a la mano simplemente la experiencia, el calor de los días, la rutina, y compartir entre los demás seres, puntos de acuerdos, puntos de reflejo sobre sus familias y sus mismos intereses de placer en las comidas, la gastronomía mexicana, las tradiciones, las tardes de descanso, las cenas con atole, tamales, velas, poca electricidad, poca radiación, austeridad y mucha, mucha tierra.

Esos son los orígenes, como los de mi bisabuela materna, elegida por un árabe para procrear a sus hijos, del comercio, de la sabiduría de la tierra. Bisabuelos que amaron la tierra, que trascendieron siendo una temple fuerte, sobrevivientes a la guerra, a los estragos de los obstáculos de todos los días, a una economía que se mantuvo más sana que ahora, con mucho mayor cohesión social, con muchos dolores por aquello del machismo y las pocas oportunidades a las mujeres. De ahí provienen las generaciones hasta ahora, de ahí puedo decir que provengo yo. Porque no desciendo de las clases poderosas, sino de la clase trabajadora que hizo a este país, que estuvo a merced de grandes obstáculos por estudiar, por alcanzar un nivel, en el mismo ciclo y punto de inflexión donde creció una clase media que ahora, por aparato mediático, se cree más cerca de la oligarquía.

Abuelos, tuvieron que decirle a sus Padres, a corta edad, que deberían irse lejos, a la ciudad, por hambre de estudiar. Internados en la austeridad, en las escuelas que Lázaro Cárdenas trabajó para impulsar la educación y que paulatinamente, de forma rápida, desaparecieron. Ellos no querían seguir los mismos pasos de sus padres, porque tenían más ambición, de ser alguien, de aprender más rápido. Y así lo hicieron, se independizaron rápido y en ese camino, con juventud, se casaron acorde al ritmo de la vida. Y tuvieron hijos, unos más que otros. Mi abuelo paterno tuvo nueve hijos y el materno sólo tres.

Ellos fueron clase media, uno se dedicó a la docencia, el otro fue ingeniero. Un abuelo estudió en la Universidad Autónoma de México y el otro, en el Instituto Politécnico Nacional, por aquel esfuerzo de esos que creían que el Estado debía proveer a la ciudadanía, las plataformas necesarias para impulsar la educación. Porque hubo una gran pobreza con Porfirio Díaz por esos momentos de amenaza de guerra con los Estados Unidos, por el mundo.
Por eso Lázaro Cárdenas, criticado y amado, también olvidado, gestó políticas para impulsar educación que formara a los profesionistas que necesitaba el Estado, porque la iniciativa privada acaparaba todo. De ahí el IPN, la UNAM. De ahí los estudios de mis abuelos, y de ahí, hijos que siguieron esos pasos. Mi Padre estudió, por inspiración de mi abuelo, en la misma escuela, la misma carrera. El Instituto Politécnico Nacional fue una plataforma que dio educación, conocimiento y por ende, sustento a mi Padre y a mi abuelo.

Mi madre incursionó en la docencia, al igual que sus padres. Era maestra.
Mis bisabuelos tuvieron que tocar la tierra para dar comida a sus hijos; pero fue el Estado, el que ayudó a que mis abuelos, tuviesen educación sin tener que pedir un peso a sus Padres, sin tener que luchar contra su negativa de que se quedaran en la misma tierra resignados a ser comerciantes de carne nada más, en contra de su voluntad.

Mi Padre no tuvo que pedir a sus padres apoyo para sus estudios. Esas fueron cosas que no preocupaban mucho. Había lugar y espacio, y sólo debías cumplir con disciplina, voluntad y estudio para salir adelante. 
Todavía el Estado daba trabajo a los egresados de sus universidades.
Mi abuelo paterno fue pionero en las telecomunicaciones del país. Mi Padre trabajó en el metro y estuvo becado para cumplir con sus estudios en los trabajos de tesis.


A grandes rasgos esos fueron mis orígenes.


Mi abuelo paterno, después de trabajar en servicio público, gestó inversión para la iniciativa privada en su ramo, el mismo, telecomunicaciones. Y esa empresa logró dar sustento y oportunidades a toda su familia, y fue misma inspiración para que mi Padre siguiera esos pasos y pusiera sus recursos en una inversión en el mismo rubro. Y en ese aspecto, ha sido una historia de amor de Padres e hijos, de un hombre que sale al mundo a luchar por sus sueños y un hijo que se deja guiar por esas motivaciones, de su héroe. Y por ello, con la corriente del mundo y del país, tuvimos más oportunidades a pesar de que muchos no tuvieron las agallas de los seres de nuestro origen. Muchos en nuestra familia prefirieron no estudiar, muchos. Hermanos de mis bisabuelos no corrieron la misma suerte. Hermanos de mis abuelos no corrieron con los mismos logros. Hermanos de mis padres no corrieron por las mismas oportunidades. Y ese pasado ayuda a entender que unos fueron inspiración para otros, como puedo pensar en la situación de mi abuelo paterno que ayudó a sus hermanos, que también dedicaron su vida a la pasión de la docencia, en esos tiempos en que era un apostolado. 

Y son muchos factores. Incluso han existido riñas, envidias y celos entre nosotros, en nuestra familia, porque se desprendió la riqueza, poca pero significativa entre unos y otros. Eso llevó a los reclamos a dios, a querer divorciarse, a enojarse, a lograr abusos, a llorar a los abuelos que trabajaron, ahorraron e invirtieron. 

Comenzó el resquebrajamiento social, con acentos. Pocos estudiaban. Las drogas comenzaban a crecer en el mercado, y vino esa época de los 60's, de los 70's, música disco, 80's, todavía drogas y rock and roll, 90's, más clase media y el dos mil y la traición de Fox a la democracia.

Entonces yo nací por ahí del 87, y vivía en un departamento muy chiquito y me quedaba solo con mi madre porque mi padre viajaba mucho, trabajando para darle sustento a su familia. Y vivimos en comunidades rurales, en Altamirano y luego en Cortazar Guanajuato donde hice vida hasta la preparatoria. Y me pasó algo similar a mis abuelos. Yo ya no quería estar en una pequeña ciudad, con tan pocas oportunidades. Yo quería estudiar y compartir las aulas con gente mejor que yo. Yo tenía ganas de ser más.

Y tuve oportunidades. Pero yo ya no pude entrar a las universidades del Estado porque ahora ya no había cupo, ya no había lugar para mí, no para un foráneo que no vivía en el distrito federal. Entonces tuve que hablar con mi familia y ver la posibilidad de estudiar en una universidad privada; cosa que así sucedió hasta mis estudios de maestría. Y aprendí muchas cosas y el mundo cambió radicalmente. El país creció y las familias también pudieron aumentar sus ingresos y su consumo. Hubo crecimiento de la clase media pero no significativa. 

Cuando estaba en preparatoria, millones de mexicanos abandonaron el país, porque no había oportunidades. Millones prefirieron irse a los Estados Unidos, y fueron tantos que hasta una barda construyeron para detenerlos. Y después hasta empezaron a cazarlos como animales. Y luego hasta comenzaron a esclavizarlos para servir al mundo del narcotráfico y luego todos se empezaron a matar y se gestó un genocidio y una guerra civil y se perdió el estado de derecho y el gobierno ya no sabe qué hacer.

Viví casi hasta preparatoria en una casa muy pequeña de infonavit que parecía el paraíso porque mi mamá se esmeraba en arreglarla. Una casa que se pudo pagar vendiendo el otro pequeño departamento donde vivíamos. Sin embargo, a muchos les parece mucho y hasta se lo quieren robar sin importarles toda la historia de vida de trabajo para lograr esos pequeños patrimonios.

Pero, esta historia, va teniendo sentido y más profundidad cuando, después de mis estudios de maestría en administración pública y política pública, me dan conocimiento acerca de la economía y el gran debate de los mundos acerca del poder del Estado y el Neoliberalismo.

Entonces resulta que ya nadie quiere que el Estado tenga poder ni alcances, y que el neoliberalismo se consolide como la nueva apuesta para crear riqueza en un mundo donde las monedas tienen que ser tipo de cambio y los billetes se imprimen según el producto interno bruto para imponer tasas de interés, generar préstamos para crear nuevas empresas en un lugar donde es difícil obtenerlos, con condicionantes imposibles de atender, con un gobierno que te mata en impuestos y un sistema brutal que impone marcas y modus vivendi que pocos pueden pagar, y que por el deseo de pertenecer a eso de ser alguien, te hace acabar endeudado y en pobreza.

Ese Estado que dio educación y posibilidades mejoras de vida a mis abuelos, es el mismo que gestó políticos que dijeron pronto que ya no era viable eso. Era mejor entregar todo a la iniciativa privada, y así nacieron las empresas que nos dan todo: ropa, comida, telecomunicaciones, carreteras y servicios.

Es mejor privatizar todo porque funciona mejor, porque el interés propio de tener un beneficio te hace trabajar más. Ahora, entonces, pronto, tendremos que pagar por todo. Y así está sucediendo. Pagamos por todo, por usar carreteras, por el agua, por la luz, por el gas, por el petróleo, por los plásticos, por la educación desde preescolar, por incluso, trabajar.

Pero el gobierno quiere seguir teniendo poder y obliga a pagar impuestos. Los salarios son bajos, y un estudiante con maestría gana diez mil pesos al mes y una playera Hugo Boss te cuesta cuatro mil pesos.
Estudiar te hace endeudarte. Te hace ganar diez mil pesos al mes, pagar una renta de cinco mil pesos al mes, pagar tu deuda educativa de tres mil pesos y ponerte feliz con dos mil pesos para ponerte borracho, ver telenovelas, tener unos tennis chinos y unos zapatos sin calcetines, para terminar ahí y ya no gastar. 

Los precios crecen, la inflación se mantiene, la deflación y todas esas cosas que enorgullecen de pronunciar a los economistas, siguen y siguen permeando en una sociedad lejos de la felicidad. Hoy, tenemos jóvenes frustrados, mujeres divorciadas, mujeres enojadas, hombres alcohólicos, familias divididas, madres solteras. Hoy tenemos una gran diversidad de seres alejados de los valores morales. Porque son mejor los valores materiales.

Así crecí, en la crisis. Y cuando estudiaba, sabía que culminaría mis estudios bajo el gobierno de Felipe Calderón, y el país era un desastre.

Me gustan los discursos y siempre me ha gustado la política, por eso estudié ello y por eso profundicé en el estudio de la administración pública y la política pública, en el debate del neoliberalismo, el mercado y las limitantes del Estado.

Dicen, desde hace rato, que es mejor privatizar todo. Que la igualdad no se puede, que no se puede traer el paraíso a la tierra. Los debates se centran en esos términos, pero sin marco de competencia sana, sin justicia ni oportunidad. 

En este país se gestaron monopolios, y dos ó tres familias viven bien, mientras las demás trabajan. Incluso, hay quienes disfrutan el mismo sistema con los llamados "multiniveles", donde trabajas reuniendo a tres que trabajen para ti y esos tres que obtengan a otros tres hasta el punto donde tú nada más supervisas y vives a toda madre recibiendo millones de dólares a cambio. Y hoy, tus méritos académicos no valen y hay tipos con doctorado que hasta locos quedan por eso.

Entonces, después de las promesas del PAN, viene el PRI, a culminar el trabajo de apertura de mercado al mundo con el tratado de brindar el petróleo por las inversiones de las empresas privadas aquí para dar empleo a los pobres, darles algo de dinero. Es una idea brillante, una idea que combina con endeudar a la clase trabajadora con casas de clústers que hacen los políticos para beneficiarse con presta nombres, con esas albercas en medio para todos los residentes, enrejados por eso de la inseguridad que no puede garantizar el Estado, al que se le paga para que eso haga.

Sí, también privatiza la seguridad. Y cuando roban a todos y abusan y nadie hace nada, alguien se enoja, consigue un rifle para defenderse de esos atropellos y termina en la cárcel como criminal. Entonces sí, hay justicia de parte del Estado.

¿Cuál es el plan?

Me parece que debe desaparecer el Estado si la idea es privatizar todo. Si quieren que se entregue el país a la iniciativa privada, que no es otra cosa que el mejor pretexto para que los imperios sigan creciendo y teniendo poder, entonces así está bien. Nos siguen vendiendo espejos y logrando que nos matemos entre nosotros, como los españoles hicieron con los aztecas.

El plan es, también, imponer una serie de descripciones económicas y términos poco elementales para confundir a la población académicamente activa para contraponerse en las discusiones de quienes ostentan la verdad citando autores que vivieron del estado para pagar sus estudios doctorales y para levantarse el cuello con la soberbia de ser pseudo intelectuales amados por todos. Así nacieron términos, que de la teoría a la práctica, son lejanos. Y unos se auto denominan intelectuales orgánicos, de derecha, de izquierda, tecnocráticos, humanistas e hijos de dios. Por eso, el neoliberalismo dicta eliminar los aranceles, quitar la intervención del Estado que gestó crisis económicas por andar rescatando a la iniciativa privada por andar siempre metiendo mano en la regulación del mercado, de los precios, de la demanda, de los sectores, etc. Había libertad y no, había desarrollo y no, había progreso y no. 

Marx estaba equivocado, y todos los que se denominan "neoliberales" quieren matar sus ideas vigentes.

Marx era un maldito que vino a estropear todo.

Lo mejor es estar enajenado con las vidas de unos tipos que salen en telenovelas, que cantan tonterías y que juegan al futbol.
La vida es tomar alcohol los fines de semana con tus compadres para olvidarte de los problemas de la pínche vida.

México tiene su momento. Es el tiempo de la privatización. Privatizaron los ferrocarriles, la telefonía, el petróleo, las carreteras, la comida, las medicinas, todo. El Presidente ahora sirve solamente para normar que no tengan problemas los monopolios. Es la nueva mejor idea para vivir bien.

Se acabó el proteccionismo y estamos en alianza con los países más poderosos. Pero todos se hacen tontos porque saben que necesitan mano de obra barata. Y que lo mejor de todo, es que sin la intervención del Estado, el mercado de los oligarcas, pueden subir sus precios hasta el cielo sin importarles nada porque saben que se pueden endeudar los pobres con banco azteca ó en coppel; y no hay problema porque no hay opción.

Esos son los resultados de la revolución, del PRI, que hizo justicia a la muerte por la democracia y la vida feliz.

"El que quiera ser gusano que se arrastre, pero que no se queje cuando lo pisen". Un amigo le gusta lo bueno, viaja y va a las mejores universidades, compra Lacoste, compra Hugo Boss, toma fotos en París, en Nueva York, compra Aeropostale y Abercrombie, posa en Madrid, tiene novias guapas, va a misa, va a las bodas, tiene pelo en pecho, es príncipe, tiene coche y vive en la cuna del dinero del país. Y que así funcionen las cosas, porque así es feliz. Y yo, también, vivía confundido e hice lo mismo, compre en Estados Unidos, uso y he usado y busco por las marcas porque son cómodas, porque te hacen parte, porque te inspiran, porque es lo que hay, porque es un  logro tenerlas, baratas o usadas, compradas en remate, porque no nos alcanza mucho y porque queremos vernos como Brad Pitt, como Luis Miguel.

Y los economistas, por supuesto, no pueden ver la vida igual que todos. No son sensibles y se vuelven dioses, diferentes porque han sido iluminados por la virgen María para saber que se necesitan tanto de pobres, tanto de trabajadores, tanto de ricos y tanto de abusos y corrupción para que el sistema funcione.
Lo mejor es regalar las playas a los españoles que ya nos habían conquistado, con esta premisa del mercado libre internacional para que se apropien, otra vez, de la riqueza natural a cambio de beneficiar a los suyos, a los extranjeros que han colonizado y que pueden venir al disfrute. Los demás hay que comprar tiempos compartidos y vivir endeudados para siempre.

Lo dinámico es lo privado, con salarios mínimos estancados, con millones que se van del país, unos se matan con otros, otros son corruptos y los precios están al alza por culpa de la maldita inflación. Los salarios caen, y los ricos son los mismos, y los ricos ganan más.

¿Quién soy yo? ¿Somos felices? ¿Qué será de nuestra vida?

Hay por ahí detractores de este sistema, voces que gritan indignados por esto, porque todo parece fatal. Y las mayorías parecen felices, y lidian con sus problemas, teniendo que llevar a sus hijos a escuelas, muchos, a particulares, aunque sean pobres, porque quieren pertenecer, porque pagar es ser mejor.

Pocos se suman. Todos son más contentos comprando versiones piratas de las marcas imposibles de adquirir, de Hugo Boss, de Abercrombie, de Chanel y Cartier.

Y cansa, cansa analizar y pensar, discutir y luchar. 
El tema es bajar los impuestos, bajar los precios, acabar con la inflación (que es impuesto encubierto); no permitir los abusos, acabar con la avaricia que hoy es legal; terminar con la corrupción y dejar de ser pendejos ante la idea que no seremos colonizados otra vez con retórica y teorías del mainstream, del conocimiento de vanguardia que imponen las "mejores" universidades del mundo para transformar la realidad social.

Es difícil, y casi siempre acabas muerto.
Jesús de Nazareth, Gandhi, Luther. Casi siempre terminas la vida antes de tiempo. Zapata, Villa y Madero.

Escribí, porque se nos olvida el origen. No sé si esto hubiese sido igual sin la intervención del Estado. No sé si, en otra realidad, yo pudiese sentir un poco de vanidad, poder vivir un poco más cómodo sin que me falte tiempo. No sé qué hubiese sido de mí ni lo que eso signifique para el futuro, en el presente donde compro a FEMSA, a Pepsi, a Liverpool, a Iusacell, a Telmex y veo las noticias amarillistas en Televisa y por lo general mi voto no gana. 
Yo le voy a las chivas y no he podido ir al estadio omnilife para ver a las porristas de Corona y Coca Cola. Tengo un play station que se queda esperando y juegos sin abrir, películas estancadas porque esa pasión ya no tiene tiempo en la lucha de todos los días por trascender y hacer algo.

Compro philips, sony y panasonic para disfrutar música, y sueño con tener puro sonido Bose. 
Crecimos y aumentamos los favoritos de dios, para pensar en hacer cambios ó para que otros arruinen sus vidas con cinismo.

Quisiera ser presidente de mi país algún día y que se recordara con honor que mi mano fue líder para acabar el rencor del pueblo, con el miedo, con la desconfianza y la sangre maldita derramada por el odio de los semejantes; por esa ignorancia enorme que no permite entendimiento.
Hoy la política y el servicio público se ven demeritados, más por la corrupción, el narco y la impunidad. Y la política es servicio noble.

Mañana abrirá Mc Donald`s, H&M, Cinépolis y despertarán los soberbios de los actores que enajenan a las masas, que ostentan de ser mejores porque repiten parlamentos estúpidos que un tonto escribió para las clases pobres. Mañana despertarán todos y seguirán con la rutina de la vida, bajo las ideas mandantes de elevar los precios, mantener la inflación, hacerla crecer, dar noticias de corrupción, logros en la construcción de carreteras que cobrarán por su uso; playas que cobrarán por pisar y mirar el mar.

Mañana amanece la avaricia, el rencor y la fatalidad.

Mañana amanecen otra vez las ideas, maquilladas, distorsionadas de la teoría a la práctica, con mezclas raras según la tradición y la cultura donde se gestan, con acuerdos, con chismes, con burocracia, con enojo en la población, con ésto de hacer todos los días para permanecer y ser feliz.

Ahí la llevamos adorando la importación, la inversión y yéndonos lejos, lejos, allá, a la chingada, con Panco Villa y sus escuelas, sus pistolas y su revolución. Con Zapata y sus ideas, con Madero y sus ideales, con Don Porfirio y su ambición, su frustración y la escuela que dejó.

Mañana nos vemos, con esperanza, con más show, con más ambición.

Mañana nos vemos con esos que estudiamos a Friedman, recordamos a Salinas, luchamos y proponemos ideas, pensamientos, ideología y práctica. Mañana nos vemos con oraciones, con amor, con ilusiones, con afecto a los nuestros, con ganas de cambiar las cosas, de combatir en nuestros trabajos, de esforzarnos y hacer rendir lo poco que tenemos para tener más, de pensar que sí se puede transformar, de no resignarnos y lograr el desarrollo, de lograr esa base que no permite que nos caigamos al vacío.


Erick Xavier Huerta Sánchez








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