En el mar de mis pensamientos
No tengo noción del tiempo, sólo cuando sufro. Mis dolores del alma me hacen permanecer en la eternidad, y cuando la felicidad aparece, el tiempo marca los minutos. El amor aparece para ser inalcanzable, como la utopía, que me hace caminar, hacia delante, nada más. Sin mucho qué pedir, el amor me hace avanzar, a pesar de que sé que no puedo tomar con mis manos algo intangible, sólo me abandono a los sueños, al cosmos, fuera de mi cuerpo, fraguando en mis pensamientos una serie de imágenes que construyen mundos alternos, donde soy feliz, donde puedo hacer lo que guste. Ahí, donde sí existe la pasión, la gracia, lo permanente de los besos y el erotismo sin la intervención de la rutina y del misterioso tiempo que nos hace viejos y nos mata lentamente.
He buscado por todas las formas; con mecanismos de vuelo de almas, de plegarias y uso de la fe, y nada funciona en el tiempo que dicta fin a las ilusiones.
Y despierto en el mismo mundo, con el mismo cuerpo, lejos, más lejos de aquellas posibilidades, del lago del amor, de la virtud de sus ojos, de la gracia, en el manto de lo confuso para no saber más quién soy y perderme entre miles de ambiciones que desaparecen mi esencia y me vuelven loco al querer recorrer tantos caminos de otro planeta en el cual nunca estaré.
«Creo que cometí un error, en aquella noche donde quedamos desnudos en la mirada de nuestros ojos; en el reconocimiento de nuestras vidas; en esa coincidencia que unía nuestras voces y nuestros sueños, a punto de pisar el mundo del amor, antes de los besos, de esa noche fría, después de convivir con los amigos, evadiendo la noche para escapar al amanecer en un tiempo en que todo hubiese cambiado el rumbo de la historia.
Pero no fue así.
Tú despertaste mirando playas nuevas, abrazando nuevos cielos, respirando aires puros, miles de ilusiones, lejos de mí, lejos de aquella noche antes del beso que tuvo que esperar, que tuvo que aguardar en el cajón de los celestiales.
Y ya no pude tomarte fotos, ni admirarte en mi silencio, cuando pude haber sido tu compañero de descanso y de pasión. Ya me perdí de eso, de posar a tu lado, en tu maravillosa forma de admirar y disfrutar el mundo, cómo la grandeza que eres, la inmaculada belleza que me gusta recorrer ahora con los pinceles de mis ideas que te construyen y te desean.
Ya no pude quitar tu playera tan delgada, tan flexible que muestra rápido tu piel.
Cometí un error al no despertar y quedar deambulando en mí responsabilidad, de estar atado a la tierra y jamás poder volar, junto a ti, contigo, en el frenesí de la danza de las nubes, donde se escribe tu historia, que cobijan tu letra, que componen tu melodía.
Que caigan los rayos de las estrellas y la luz vieja sobre mí, para que deambule por mis ganas de amarte, las que no cesan y retornan a ti cuando hemos perdido todo sentido de la existencia»
—Tú, eres la luz. Eres la historia, el mismo caso que hace el sol en su relación con la tierra. Eres el mismo brillo que parece nuevo al llegar a nuestro planeta, y sólo es el recuerdo de lo que hizo enviar el sol hace tiempos que son inconcebibles para nuestro entender en el correr de los minutos y las horas de nuestra vida.
Eres la misma historia, un brillo que explotó e ilumina mi mundo mucho tiempo después. Y tengo que regresar al pasado, entender mi presente, mi futuro que se relaciona contigo, con ese punto distante que va girando a mi entorno, que manda brillos, mismos que me hacen recordarte y tenerte siempre grabada en mi corazón sin importarme la distancia y el tiempo. Te amo. Te quiero, te albergo aquí en mi pecho, más allá de mi piel, en la esencia de mi alma, mi espíritu, mi conexión con Dios. Tú, la misma que siente lo mismo. Puede que sea latente y al mismo tiempo, nosotros iluminemos nuestros mundos, y juntos formamos una galaxia. Juntos desprendemos el amor, juntos escribimos poemas, que nos reconocen, nos admiran y están allí para dar prueba de la pasión que surge cuando desmantelo tu cuerpo a través de la lengua y mis labios, mis manos y tu piel ávida de eso, de amarte.
exhs
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