Fue por amor.

Persignarse, el catolicismo y la guerra interminable de las hermandades. La oración, y creer en Dios y te susurran las nubes que su belleza es noble, es buena, celosa y digna. Con calma te dicen, te dicen que van a todos lados juntos, y se conocen y viven enamorados y se apasionan en sus cuerpos, en sus cuentos, en sus anécdotas. Y los escritos buscan descifrar esa identidad, y los mapas y los caminos que conducen a ella, para regresar a ella, por siempre.

Y no hace falta que baile para mirarla. No hace falta tanta más belleza adornada con oro para amarla. No hace falta más de su potentosa majestuosidad para continuar el legado que me producía miedo. No hace falta nada, ni un susurro para reconocerle. No hace falta que me mire, que me ignore, que pase por detrás, que sea mi sombra, que indague en mis pensamientos, que parezca la magia de atracción de ya haber pensado los dos en nosotros al mismo tiempo en que se desprendió en nuestra imaginación el hecho de concebirnos el uno para el otro.

¿Qué he hecho yo todo este tiempo deambulando en soledad sin propósito de vida, confundido en objetos de amores?

Sí, te reconozco. Y admitimos, mis maestros, mis protectores, mis ángeles y yo, que mis escritos, la descifrable esencia de lo que andaba buscando todo este tiempo. Porque estás en mis páginas escritas por dios, en mis designios acompañándonos, ahora, porque no se vislumbra otra cosa en este tiempo. Eres la única luz que aparece en la oscuridad, el único destino que aguarda mi paradero. Eres todos los pensamientos que he conservado para entregarlos con profundo amor. Eres las ideas y la experiencia que he aguardado para entregar con honor y humildad mi grandeza de amar. 
Sigue siendo otoño, y es finales del año, y es principios de algo nuevo y es mi año, y es mi magia y es mi fe y es tu estatura perfecta para todo el paraíso que brindará cosas nuevas en tu piel.

Eres cosa mía, de mi imaginación, dignidad perfecta para mi mente, construcción de la belleza que siempre soñé y una avidez inmensa por tenerte, por verte libre y ser causal de muchas millares de sonrisas que anidarán en la eternidad, en la sinfonía de nuestros caminos concurrentes cobijados por miles de sueños. Te daré mi sensibilidad, mis nubes, mi manto estelar bendecido por mi madre en los cielos, honrados por la corona de estrellas, por la luz amarilla dorada, por las águilas de la verdad que resguardan nuestra seguridad. Eres el amor encarnado, y nos hemos interpuesto en el camino en mi regreso, por amor, haciendo por amor, escribiendo y trascendiendo al amor, por ti, a través de ti para mi reencarnación para mi realización, para honrarme en lo más profundo de la veracidad de las cosas, de esta creación que me hace sentir brillos y brillos majestuosos de corazones puros alejados de la maldad.

Piso firme debajo de mis pies siguiendo danzando alrededor de ti, de tu presumida figura. Y sólo una caricia en el silencio basta para expresar tanto amor a tu estructura ósea, a tu cabello, a la delicada figura de tu cuello, en esa tersa y fina curva que da toda elegancia a tu vida.
Una mirada y ser ignorado. Después ser nuestros mismos sueños alejados, distanciados por las clases sociales, por los mundos apartados, por ser seres distintos y unidos, al regreso por amor, después de haber trascendido en la batalla por estar a la altura e inmiscuirme en tu círculo, en caminos, que oscilan desde la ventura de sabernos cercanos y seguir esperando el momento de amarnos. Y siguen los reencuentros, las amistades, nuestra unión, nuestros lazos. Mirarte de espaldas cuando era niño; y mirar tu perfil cuando era joven. Chocar en circunstancias y verte y saludarte e irme y forzar, seguir forzando todo mi cuerpo por no sentir; y estrangular mi alma para no quererte.

Amar es una fuerza inconmensurable en el destino, en el reencuentro, en el cuento de que nada es una casualidad. Nuestros ojos se tocan y se anhelan; y nuestras almas intuyen, se desean. Nos amamos, nos queremos, nos extrañamos; nos reconocemos. Y un beso en la mejilla, y los nervios, y tu mirada siguiendo, y tu mirada, tu mirada siempre detrás, recorriendo mi perfil, mi espectro, anhelando los saludos, el reconocimiento, la puerta ascendente a la charla para comenzar a construir la fuerza del amor. y rociar nuestras manos en su energía y sabemos, y lo sabes y lo sé, el gran amor que nos ha mantenido cerca, deambulando, listo para reconocerse, para salir a la luz, para fundirse en el firmamento de la historia.

Es el tiempo y las generaciones que han venido con el último destino de dar a luz al amor. Hoy se cumple la palabra de dios, de la estrella más luminosa. Hoy se ha abierto la puerta de mi espíritu y mi corazón, el brillo de mi alma y toda mi vida hacia la luz de tu nombre acaparando un nuevo significado, recorriendo y aceptando en lugar de mi camino, la estela que me sigue poniendo en el sendero de una verdad absoluta y totalmente abarcable, apegado al amor, al amor de tus pasos; al designio de tu paz.

Hoy los caminos convergen y cambian el surco de la historia, y se cumple la profecía del amor. Mi mano te toca y cumple tu deseo de darte mis palabras, de darte lluvia de mis poemas, de lo mejor de mí, venerando toda tu delicadeza; acercándome a la trinchera del miedo para destruir por completo la oscuridad.

La historia se cumple. Enamorados, viajeros, acompañantes y cómplices nocturnos de la luna. Maravillas del sol y otoño permanente, nueva era consumada, apertura de los tiempos de ángeles; escrutinios de la voz de dios. Reconocidos en la voz, en la mirada. Punto donde se ha ensordecido todo, postrando el momento sin movimiento cuando quedo admirando su rostro y la humildad de aceptar la gigantesca historia legendaria de la pasión del amor.










Porque toda mi vida se mueve, a causa del amor.



Erick Xavier Huerta Sánchez

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