Corazones escritos

Trato de escribir para que se me vaya la vida, para que me llene de sangre de no poder más porque es una inmensa necesidad, como si ahí albergara el sentido de mi existencia y a través de eso pudiese yo encontrar la forma de mirar el futuro, sentirme más seguro y resguardar al amor de mi vida. 

Y después de escribir miles de hojas, encuentro a través de sus letras la conducción de mis manos a escribir su nombre tenue y fugaz, que rompe los paradigmas de mi pensamiento basados en la experiencia y las fortunas de haber sentido amor con una estela de lo que siempre no fue.
Escribir me ha vuelto un alquimista, y para lograrlo me he tenido que equivocar. He tenido que descomponer las palabras, su significado y olvidarme de mi existencia, del tiempo, que estoy vivo y que late un corazón necesitado de sangre y oxígeno, con recuerdos de haber querido morir para no crecer, para no lidiar con la responsabilidad de ser alguien que ama demasiado, aguardando siempre los tiempos para expresar la sinceridad del sentimiento y apego base de la construcción de las grandes obras y civilizaciones, de lo que no perece, de lo que no se olvida, de lo que se encumbra y se protege por la humanidad porque se considera sagrado.

Ahí surge ella, como musa perfecta, en el único concepto que engloba toda esta búsqueda a través de la alquimia, el corazón y la razón asociados, coordinados, juntos, cómplices para ponerle fin a la lucha y la batalla de todos los días de encontrar el tesoro y de vivir digno para disfrutarle.

Lidia todo el tiempo conmigo y cuando no pienso en ella aparece, en la lejanía de las tierras. Y parece ignorarme y parece estar al pendiente de mí. Se presenta en los momentos menos esperados; es inesperada, es una incógnita; y nos unen lazos y entonces comienzo a pensar que todo estará bien, porque todo llega, todo cae sobre su propio peso, todo fluye, todo corre, todo se logra en el mar, en el río de las cosas, en la cosa sin esfuerzo, en la fe, en la vida, en el cuidado y en el destino del planeta que abarca tierras que tienen misiones para mí, donde una de ellas es brillar y evolucionar en la intensidad del amor que puedo procrear con ella.


Está escrito.


Erick Xavier Huerta S.

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