Más amor por favor.
Más amor por favor. De una mujer. Pasas. La construyes con tus primeras referencias, y luego te enamoras, por la popularidad y la belleza. La endiosas. Es algo inalcanzable y el estatus permanente de enamorado platónico permanece, prevalece y te quieres morir.
Más amor por favor. Estás solo. Abandonado. Desahuciado implorando más rezos. El padre nuestro. Santificado sea tu nombre por favor y que se cumplan mis sueños ególatras, egoístas, soberbios. Locos.
Más amor. Me llama la atención, porque ahora quiero ser un extraterrestre, otro ser que nos ea de este mundo, como superman. Quiero ser un hombre X, y vivir la gloria del lobezno al enamorarse de Jean. Enamorarse y tener suerte como batman. Soy una ficción. Soy una mentira. Más amor por favor.
Otra vez la misma historia. Contados enamoramientos. Ahora una tiene un hijo de un bastardo, que ahora es obeso. La otra tiene apellido extraño y escribe para un periódico mediocre. Otra se cree clasemediera viviendo el sueño al lado de un wanna be. Pelo negro, morenas y rubias, alojadas en sus sueños guajiros. Yo permanezco volando sin querer pisar la tierra, y lo gritan y lo exigen. Yo prefiero querer seguir alcanzando la luna. Por miedo levito. Por miedo me vuelvo otro ser, me escondo detrás de máscaras y me comprometo a ser un ideal plasmado en acciones y palabras.
Y me comparo siempre. Soy mejor que tú, y soy menos que el otro. Los seguidores y los likes nos dicen mucho quienes somos en realidad. Somos una construcción social que se mide por el número de aplausos, reflectores, vida, lujo, placer, y mucho mucho estatus social. Mi carro, mi novela, mi cuerpo, mi revista, mi camisa, mi pisada, mi boca y su movimiento, mis cejas y mi cabello. Es hermoso todo, pero se rige bajo las estructuras de los edificios.
El sueño americano nos ha alcanzado a todos, queriendo vender el merchandise, con el aparato y sistema del gran genio de la economía piramidal. El rico genera más formas de emplear, y empoderar a sus seguidores.
Más amor. Más días emocionantes con esa mujer que se engaña al despertar con un sueño construido después de la gran decepción amorosa, y su engaño, con otro hombre, en esa urbe cosmopolita y destructiva que ha amenazado con quitarle toda su espiritualidad a cambio de darle luz al sueño de irse a su país amado, al norte para masticar más inglés y aprender sobre la ciencia. Y le darán su título, y seguirá despierta en la meticulosa mentira que osó por construir para tapar su inevitable compromiso con la desgarradora verdad de que faltó a sus principios, a su lealtad y al momento esplendoroso de enfrentarse con el amor.
Más amor. Con sus nombres y sus historias.
Después vienen por las memorias, por lo que pudo ser y no fue, por culpa del destino, de la cobardía de la situación. Tantos momentos, tantos lugares, tantas épocas y coincidir. El amor. Más amor. Lo esperas. Es fortuito, se desvanece, se renueva, se recrea, permanece, es utopía, es ilusión, son estrellas, es la luna sin tu inteligencia, es el manto estelar con tu ignorancia. Son las flores y tu indiferencia. Son las brujerías, y tu sospecha. Es tu huida casi siempre permanente de lo que quieres y no pretendes ser.
Quiero ser inteligente. Quiero pertenecer al grupo de los ideólogos. Quiero amar. Quiero, quiero, quiero. Trabajas. Indagas, intuyes y te vuelves a enamorar, y te olvidas de la vida. Sólo quieres compartir y sigues a trabajar. Te vistes, desayunas, te olvidas y a la hora de dormir van a surgir los remordimientos después de visitar cuando se presenta en tu mente la misma mujer, una del repertorio selecto de Platón, para que sigas la disparatada construcción de la historia que nunca será.
Tener y osar usar poderes metafísicos que no se pueden concretar. El poder de mi mente no sirve. No las llama con telequinesis. Tengo que gritar. Tengo que lanzar una piedra. No puedo manipular como un jedi. No soy Luke. No soy.
Preferí matar las pizcas maravillosas de amor que crearon mundos alternos y soñaron con la perfección.
No serán.
Ahora, el lujo de musa lo tendrá otra. De clase sencilla, imperfecta, con olor natural, elegante y sutilmente pretenciosa. Tiene nombre de compañera de un grande. No. Mejor no. Me borró. No soy su amigo en facebook.
Tampoco soy amigo de esa, que oscilaba en mi entorno cuando era un infante, y era la más bella. No. Qué debería yo hacer ante una mujer cuyo círculo de amigos es tan presuntuoso y devastador que se creen hipsters, y cultos viendo telenovelas, yendo a cinépolis y charlando en starbucks sobre la maldita política y sobre sus puntos de vista superfluos acerca de las cosas, citando a Jodorowsky para que sepa mejor el café y presuman ser de la elite. No, no seguiré ni acosaré a una mujer que pretende ser eso, una vil mentira más.
¿De qué se trata entonces? de Platón y Shakespeare. Sobre todo de William, que sí entendía mucho más que el amor es una cosa milagrosa, apoyada en la tragedia de la muerte que causa un beso.
Ella, de ojos miel. ¿Quién es la correcta? Tienes tanto amor guardado en el baúl del oro jamás descubierto, protegido por el universo. ¿Quién es?
No puedes alcanzarla si estás en el punto geográfico, perdido, oculto, alejado de la gran civilización que nombra y encumbra a los líderes y las grandes estelas, porque a eso quieres pertenecer. Sólo puedes aspirar a tener lo que te permita el entorno.
¿Dónde vives? En Nueva Orleans, y ahí me quedaría con una similar, el estándar de la piel y una lengua que marcha al ritmo de aquél lugar. O puedes estar en un pueblo, lejos, aspirante entonces a lo mismo, al entorno de eso, de resignarte ante el pensamiento promedio de una generación perdida.
Tener hijos, crecer de la mano y morir pensando que el amor es inmortal, y habiendo vivido los mejores momentos del cuerpo y la juventud.
Más amor dios. Más amor. Encerrado en mis pensamientos, y distrayéndome con sufrimiento en el esfuerzo físico; en las letras mías y de otros, tratando de desquebrajar mi cerebro para que encuentre la verdad tan inabarcable que me hace sentir tan minúsculo e incapaz, tan miserable y débil, tan tonto y prescindible de este mundo.
No soy Nueva York, ni vivo ahí, ni quiero pero quiero. No soy Clooney ni conozco Venecia. Soy una pizca de experiencias que oscilan en el centro del mundo, por algunos lugares que sí, manifiestan diferencias. No quiero ser un esclavo. Quiero la libertad.
Serás otra vez tú, sin el remedio de otra elección. y es bello porque eso infiere que eres mi destino, luz perpetrada en la maravilla de tu piel que recuerda el trópico y el jugo de los frutos más amados por dios. Con la medida perfecta de sensualidad y color atractivo para vaciar mis besos y para hacer el amor al compás de la fuerza sobre natural con la que explota un volcán para hacer retumbar la historia, el pasado y el futuro, los tiempos, para perderte en mis memorias, para enajenarte y fundirnos en el fuego del sol, y renacer en cuerpos oro, pesados, acomplejados porque se han convertido en una especie superior a la raza humana, caminando en la eternidad, y ahora comandando en el universo. Y antes de eso, lo que comenzó todo con pequeñas frases, y pequeños disfrutes de café, chocolate, jugo, gastronomía regional, convivencias en los demonios familiares y sus pizcas de emotividad, augurando futuro para nosotros, gozando de su bendición, reforzando nuestro amor, pensando en el mañana, y disfrutando nuestra cama, tu mirada, mis ojos, tu rostro que es lo último antes de perder cada noche la conciencia con la emoción permanente que acompañará mi existencia antes de recobrarme en el siguiente día.
Eres mis letras.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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