O te chingas o te jodes.

No hay de Horchata.
No hay un cúmulo de posibilidades, o ganas o pierdes, no hay más. No hay tercer lugar, no hay medidas a medias. El físico y el matemático son exactos. Traduce eso al mundo social, laboral, económico, humano, de los bailes, el cine, etc, etc, etc. Debemos ser perfectos y no cometer un sólo error. O te chingas o te jodes.

Naces y después de tomar conciencia, el suicidio es una opción para dejar de estar sintiendo y chingar la realidad. Moralmente, espiritualmente no parece ser un camino indicado; mejor pasemos al chingarse para no joderse.
La juventud es algo extraño, vas creciendo y sientes que eres lo más poderoso; obviamente por el resguardo de tus padres, sustento económico, sueños poperos, sueños de actor, sueños de seductor, de triunfador e intelectual. Qué bonito es estudiar pero, si no lo sabes expresar, te jodes. Si no sabes leer los libros indicados, te jodes. Si naciste en un país equivocado, te jodes e incluso, si tus padres fueron malos, te jodiste. Pero siempre hay algo qué hacer al respecto, es como Spiderman cuando dijo: "siempre hay opciones".

El mundo laboral. El mundo corporativo, el mundo capitalista donde el más fregón triunfa, aunque no sea por meritocracia, sino más bien por astuto, zorro y cabrón. O te chingas o te jodes. Y uno puede estar haciendo su trabajo, como limpiar los baños, entra un cabrón y quiere usar el retrete y se enoja y manda al diablo la labor de quien lo está haciendo. O tal vez, el cuate que está recopilando información burócrata y el ciudadano se encabrona porque lo hacen perder el tiempo. ¿Un poquito de consideración?

Es muy raro.
Tal vez sea una cuestión moral, ética, de conciencia que nos haga ponernos en el zapato del otro; pensar cuál es su circunstancia, por qué actúa así y no ser un desgraciado desalmado que enjuicia y castiga: "¡No sirves para nada!"
De ello tiene la culpa la manera en que hemos alabado a tales profesiones del entretenimiento. Enriquecen el alma, sí; pero también enriquece el alma quien construyó un techo, quien entrega los papeles, va a recoger tus impresiones y con humildad brinda un servicio. Esos pequeños detalles brindan el estilo de vida, como con la paga en una competencia y puedas encontrar cada cierto kilometráje, un baño de agua y gatorade para seguir corriendo.

Primero. Haz de cuenta, pon tu personaje del cuate que es servicial y hasta sumiso, se aprovechan y de pronto: !eres un pendejo¡. O qué tal, sé un cabrón. Parece que el pez gordo se come al más chico. Nadando con tiburones, vas afilando el colmillo y te aprovechas de los pececitos. Al cabo qué, tengo poder.

Ahora, las nuevas generaciones no aguantan mucho por el sistema universitario que establece: "Eres Dios, que te alaben", o tal vez, ese dicho de "mérito supone éxito inmediato"; y qué de los padres y su nuevo paradigma de relación con los hijos, apoyémoslos, clase media a la alza, más productividad, más dinero, más miedo a la independencia, más miedo al matrimonio y a conformar una familia, al cabo qué, todos se divorcian.

O te chingas o te jodes cabrón, no hay de dos, no hay de piña.

"¿Qué haces cabrón?"-¿Quién es más chingón?-¿Quién es el que vale más?
Al final, De la Madrid se fue y lo dieron por senil con sus declaraciones de la partida secreta y la corrupción de la familia Salinas. Al final, Margaret Thatcher con su demencia, ni siqueira acordaba qué iba a comprar justo cuando entra a una tienda abarrotera. ¿Y de qué sirve el dinero si Jobs no pudo contra el cáncer?

Chingarse puede presuponer la idea de ganar con esfuerzo, regocijarse en los momentos alegres que nos puedan durar más que las tristezas concurrentes.

Joderse, tal vez, con un sentido implícito en este escrito sobre el fatalismo y las duras pruebas que tenemos que enfrentar los seres humanos en este mundo hostil, frío, desconfiado y descorazonado. No hay confianza en los políticos, las guerras nunca terminan, los semejantes siguen haciendo chingaderas: vicios, emborracharse, drogarse, producir pornografía, tratar con personas, secuestrar para vender órganos, privar de la libertad. Da miedo vivir, pero hay que hacerlo. Es algo que es parte del bello paisaje y del funcionamiento de la vida, el perro muerde al gato, el gato mata al ratón.

O te chingas o te jodes. Realmente no sé qué hacer, siempre me esfuerzo pero parece que lo que quiero alcanzar se esfuma de mis manos; no hay receta para el trato humano y tal vez por eso me vuelvo más desconfiado, más frío, menos sociable, más enojado. Y, sin embargo, no pierdo la fe. Compro nuevos pantalones, pienso en el día de mañana y compro comida para que vaya a correr, para que duerma tranquilo, para tener un techo y para darle oportunidad a la realidad de que mis sueños sí se cumplan.

Estoy muy agradecido con todo lo que se me ha dado y espero haberlo usado con razón, juicio y corazón porque es la única manera de que este ateo rinda tributo a Dios.

-Estoy agradecido y no por ello satisfecho, sigo exigiendo justicia y sigo esmerándome para llegar a dónde quiero llegar aunque alguien tal vez me abandone, me roben equipo para seguir escalando y tal vez, caiga una avalancha de nieve. No me rindo. Sigo en pie porque entiendo bien que, en la vida no hay nada personal, la vida es así y caerán gotas de lluvia, temblará, habrán tsunamis, el amor muere, los amigos van y vienen pero sobrevivir y mandar al carajo a la muerte hasta el límite de mis posibilidades, que tal vez no existan, porque en mis sueños,

                   soy libre.


Erick Xavier Huerta Sánchez

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