-Maldita sea-Camina el hombre por las calles de la ciudad, la gran urbe, las nubes ni se ven, el cielo son edificios, la gente y su indiferencia y los murmullos de los autos y los respiros del smog.
Gabardina color café y mujer en brazos.
Hagamos el amor.
Labial por todo mi cuerpo, besos en mi pecho y su melena rociando toda mi piel, deslizándose, bailando sobre mis hombros, tocando mis manos y yo en su cuello. Su femineidad, sus piernas tersas, en alfombra, en la sala, en la cama, con sábanas, y bajo el manto estelar, luces parpadeantes de las estrellas, las bendiciones de Dios. El olvido de la maldad, de la depresión, de nuestra tristeza y melancolía de los sueños perdidos; todo eso se olvida cuando uno besa a su amada, a la mujer tan inocente y tan diabólica que asusta con su pasión, que te desborda en la tormenta del sudor, del esfuerzo que hace el alma por salir del cuerpo.
Nada mejor que besarla en el desierto, en el misterio de las dunas. En la choza, en la selva, allá por las lunas de Júpiter.
Rocíala de vino, derrocha chocolate en sus pechos y lámelos, bésalos, saborea todo el elixir de nuestros antepasados, ahí con el sabor de la piel y las endorfinas del sabor dulce, el azúcar en mis dientes y sus ojos brillando de éxtasis.
Amor.
exhs
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