Desposeído

No quiero ser Dios.
No quiero ser humano.
No quiero ser.

Quiero alejarme de toda mi vida.
Quiero andar en la ceguera, en la sordera, en la convalecencia,
en la nada,
en lo inservible para no estar; para no tener fe de lo que acontece, para no percibir cómo yo y el mundo, como mi vida y los demás, como yo y mi circunstancia.

Mejor me alejo allá donde no exista,
donde no haya nada en el algo.
No quiero sentir más mis reproches y los daños de mis amados.
No quiero vivir sufriendo viendo los ataques de locuras de los hombres y mujeres, que se aman y se odian, que se necesitan y no pueden dar el abrazo, el beso ni el saludo.
Son egoístas, son tan nobles, tan necesarios y tan poco indispensables.

Soy una gran revolución y una batalla interminable entre lo que quiero ser y ya no ser.
Mejor destitúyanme la vida.
Arrebata lo poco que queda de mí que no me interesa saltar a la época dorada de mi vida; el momento cumbre y luego dejarlo todo pasar, encumbrarme en la muerte,
en el saludo implacable.

Quítame la necesidad,
las esperanzas,
las ganas de mirar qué sucede,
de escuchar y herir mi espíritu.

Despósenme, quítame las cadenas al mundo y llévame a donde ya no sea,
a los lugares donde eres sordera y no melodía,
no quiero ser más artífice de mi hermosa prisión, mundo de océanos, agua y tierra.

Que se vaya mi piel, mi cabello, mis recuerdos, mi pensamiento,
la gana de este ser de seguir siendo existencia.

Que se vaya todo de mí,
que se larguen mis emociones y sentimientos que nada quiero saber más.

Que se vaya todo de mí.


exhs

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