Felicidades Papá.
Felicidades Papá.
—¿Por qué?
Evidentemente supongo porque no estuve en ese momento, que todos te esperaban con grandes alegrías al haber nacido. No sabían qué ni cómo serías, simplemente te acogieron y te ayudaron, como pudieron, a crecer.
El 28 de Junio te recibió el mundo, tu familia y empezaron las composiciones, los pasos, uno a uno hasta llevarte a la pasión por escribir versos y adornarlos con melodías. Como todos, el miedo y la incertidumbre y el deber marcaron nuevos rumbos que no dejas de agradecer, por los pequeños o grandes logros alcanzados hasta ahora.
Pequeñas y nobles motivaciones te fueron llevando a ser un apasionado de la vida, luchando por mantener los lazos que consideras importantes, que lo son, que las mayorías llegan a optar por tirar las banderas de las mejores virtudes y lo que realmente vale en la vida. Pequeños impulsos te llevan a ser uno de los mejores maestros del amor, resguardándote en los principios para militar con bondad la mejor personalidad que marque justicia y honor. Es una tarea difícil, pero los que han tenido la oportunidad de cruzar sus vidas contigo, pueden saberlo, pueden contar con miradas no muy precisas de lo que están presenciando, pero es cierto, así eres, marcas el deber y la responsabilidad, te apegas a la honra pisando suavemente los escabrosos caminos que impone la vida, lleno de trampas, desesperaciones y gritos.
Y en la decisión de amar a una mujer, y formar una familia, vengo yo al mundo; me convierto en hijo y tengo un Padre. Y resulta que el hombre de familia se vuelve mi mejor amigo. Me deja en la libertad para que peligre con mi vulnerabilidad, y expresa palabras de aliento para que el espíritu se reconforte allá en la lucha por la supervivencia. Nos tocan tiempos donde es difícil encerrar en la imaginación cuánto vale uno, cómo encontrar la valía en un sistema donde la meritocracia muere y donde la banalidad es el alcance, gusto de las masas, gusto que rompe la sinfonía y nos orilla a la violencia.
Las amistades suelen ir y venir, suelen morir con el tiempo, son perecederas, son contadas. Un profesor me dijo que un Padre no puede ser amigo de sus hijos porque es una autoridad, pero yo no comparto esa visión. Mi Padre me escucha en los momentos más difíciles, no me juzga, me deja ser, me da palabras de aliento y soporta mis peores emociones y demuestra un amor puro.
Mi Padre me llevó toda la vida a la escuela, y a pesar de contar con una mala autoestima por la crueldad de los niños en la primaria que me provocaba jugar mal al fútbol, mi padre me iba a ver. Mi padre estaba allí, con su presencia, tratando de elevar mi moral. Mi Padre siempre estuvo allí, y peleaba con fuerza por trabajar y formar una familia de bien.
Siempre lo ha dicho, y le parece que lo mejor que ha alcanzado y aquello que le ha dado sentido y profundidad a su existencia ha sido llevarse y comunicarse bien con sus hijos.
Mi Padre ha sido eso. Es un hijo que gusta de honrar a sus Padres, es el hijo que también considera a su Padre un héroe, y que se frustra por verlo enfermo, por ver cómo un tipo de enorme capacidad se va lentamente de la vida. Pero así es la existencia, tienes que aprender a dejar ir, tienes que apostar por perderlo todo si quieres sentir cómo se prueba un bocado de aire.
Mi Padre compuso muchas melodías, y una de ellas describe la emoción por ver a su primer hijo al nacer, y en esas letras asume que a pesar de querer estar siempre, sabe con exactitud que nuestro destino está en manos de la libertad, del ejercicio del universo que crea, que se contrae y renueva su belleza.
Mi Padre se llama Francisco Javier Huerta Romero, y no es el primer compendio de pensamientos que voy escribiendo y que dedico a su vida. Lo vuelvo a hacer para presumir, para expandir a través de las palabras y los nuevos medios la forma en que ha ocurrido una relación que genera el crecimiento humano; porque dijo alguna vez el rector de mi universidad: "el amor más puro que existe es el de los padres a los hijos". Alguna vez puede que yo cuente con esa dicha. Mientras, en el presente, soy hijo y continuo haciendo cosas para ser feliz, porque con la emoción con que camino, irradio al mundo y creo nuevos universos.
Yo festejo este día, porque nació mi mejor amigo, mi máximo impulsor, la plataforma que me hace volar, el único que sigue apostando y da confianza a mi desempeño. Y que ha sido tanto que recuerdo los días en que tenía una enorme incertidumbre y miedo por perder a mi Padre a manos de la muerte en mi época de infancia, cuando a penas podía saber quién era, cuando tenía enormes complejos, profundos miedos y una tremenda desconfianza de saber querido por el mundo. Incluso a veces, no puedo con aquellas vidas que manifiestan sus historias donde carecen de una figura paternal.
Mi Padre se ha vuelto mi equipo de entrenamiento, mi equipo de competencia en triatlones y en maratón. No sé quién pueda presumir la misma experiencia. Yo puedo contarlo. Y suena, en términos generales, una historia muy por encima de la crueldad que nos ronda todos los días en esta sociedad mundial que vive enojada y se ha vuelto fanática de la violencia. Pero lo que he aprendido de mi Padre, es la fuerza con la cual se mantiene de pie, aferrado a mantener los ideales y los principios que marquen diferencia, porque lo más fácil es rendirse y mandar todo al carajo, seguir el juego de la mala comunicación y cerrarse al bienestar ególatra y narcisista que atormentan a todos desde nuestra concepción.
Yo tengo aún el privilegio de estar al lado de mi Padre, que lea mis escritos y que pueda aún compartirle, a través de mis palabras, mis mejores sentimientos.
Gracias Papá.
Muchas Felicidades.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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