dos nombres
ADAM
EMILY
Mi nombre es Adam, no como West, el batman de la televisión de aquellos años de poco presupuesto y tecnología. Mi nombre es Adam e hice honor a mis méritos, no a mis Padres. Soy un simple mortal que ha andado sobre lava y manantial. Me he quemado y he aliviado el dolor con el mismo mundo que me lo produce. No soy muy supersticioso pero algo dentro me obliga a creer que hay algo más fuera de este cuerpo. Mañana seremos un espíritu con un cuerpo y no al revés.
De este mundo soy sensible ante la tragedia de los demás, descubro el amor que habita en mí y me doy cuenta que provengo del mismo origen que los demás, y a pesar de ello, renuncio a todo, renuncio a querer darme espacio a conocer más personas porque con las pocas que he conocido, me ha sido suficiente para entender que el mundo está muy enfermo del alma, y daña porque no comprende el amor. A mí no me gusta jactarme de hombre superior, pero comprendo cada vez más el amor. Cosa que no he podido expresar, pues no sé tocar la guitarra, pintar un cuadro o escribir una novela. Sólo sé mirar y reconocerle.
Mi nombre es Adam y no he podido amar a una mujer.
Mi nombre es Emily, y me gusta mi nombre. Soy una mujer con carácter, entiendo a mis padres y busqué mi independencia desde los 15 años. Las niñas de mi generación se embarazaban con frecuencia antes de saber que querían de la vida o cómo fungía la economía, ellas lo hacían y ya. Yo en cambio era ávida de amor pero precavida con mis decisiones. Era una más en el mundo del dinero que va y viene; y muchas veces me sentía así, un número de la economía que sirve por determinado tiempo hasta que tiene que morir, irse para que llegue la nueva moneda, el nuevo ciclo económico del cual los políticos sacan tanta partida.
De este mundo soy sensible a lo que hay a mi alrededor, el aura, las energías y mi última necesidad a crear vida y ser pareja, madre, esposa, mujer emprendedora.
Adam y Emily.
La vi en un bar y sus ojos bastaron para enamorarme de todo su cuerpo y su alma. Bastaba recordar que somos del mismo mundo, que nos creó el mismo Dios, que nos dio labios a los dos para unirlos, el oído para sentir el alma en palabras, el cuerpo para danzar sobre nuestras pasiones, el fulgor de la piel y los nervios.
La tierra es tan grande, nací aquí, caminé a otros confines, volví a casa y me topé con su alma.
Mis decisiones retornaron a su lugar.
Sus ojos bastaron para asentir el mismo deseo, amarnos. Bastó su voz y la mía, su distancia y la mía, sus ganas y mi abstención, la realidad irónica y Dios. Su labio superior que en el centro se clava y da forma a la mariposa en color carmesí, su piel canela, sus ojos brillantes, perlas y pestañas delicadas donde resbala el poema. Su cintura y los pechos que emanan el elixir de la fuente de la vida, sus piernas y el paraíso, sus pies y la risa de sus dedos donde comienza toda mi escritura, mi dibujo de todo su contorno con mi mirada, el tacto de mis manos, el gusto por mi boca, el sabor por mi lengua y es toda mía. Nos hacemos juntos en la vulnerabilidad, el jadeo, el canto, la risa, el llanto, mi seriedad y la suya en el tema que nos toca, el amor. Su mano toca adentro y abre el baúl que aguarda el tesoro, y yo hago lo mismo, y nos descubrimos,
nos amamos y nos lanzamos a la redención. Quedamos en plegaria del agradecimiento de poder tocarnos y disfrutar de nuestras libertades para acercarnos al amor a través de eso que poseemos, de lo único que hace agradable la vida, por lo cual venimos a existir.
Adam y Emily tocan con ternura el espíritu de sus cuerpos.
Oyes en la madrugada el ladrido del perro, abre poco a poco un ojo y había cierto en la fantasía que parecía haber soñado. Amando a la mujer, Emily con su piel canela, con su hermoso cuerpo dibujado por celestiales, haciéndose de su ternura y sus ganas de amar, de todo lo que puede hacer con sus besos, deseos, utopías, pensamientos, sangre y alma; espíritu y el arte de su presencia aquí en la tierra. El placer de convivir en el acto sexual, en mis palabras y sus silencios poniéndose de acuerdo que querían estar el uno con el otro compartiendo la noche, orando en su querer la divina gracia de Dios que los trae y abre las puertas de las sensaciones para que experimenten el abrazo y la separación, los inexorables campos donde las almas dejan aguardado un sentimiento dentro del centro de la tierra, en sus hojas y sus mares, el bendito amor.
Mi nombre es Adam y ella es Emily.
Mi nombre es Emily y él es Adam.
Nuestro nombre es amor, juntos vamos por el campo descubriendo sueños, compartimos la misma utopía y hacemos de nuestro tesoro la misma inversión y damos el mismo cuidado hasta partir y reencontrarnos nuevamente. No sabíamos cuánto anidaba nuestros corazones hasta materializar a los que son nuestros hijos, y hemos de escribir una nueva historia. Reinventamos el amor cada mañana, al salir el sol nuevamente nos amamos, trabajamos y labramos el camino de regreso a nuestros corazones, enlazados y manteniéndose firmes cuando nos deseamos buen viaje. Y se nos acaban las palabras al querer describir que nuestro amor platónico murió y se realizó en el acto, la mirada, el deseo, el amor y el beso que une y desemboca en una unión de cuerpo y espíritu. Somos lo que no fuimos y lo que será, lo que somos y lo que nunca habrá de perderse, nuestro tan profundo y único amor, como el océano de profundidad inimaginable para el insaciable ser humano.
No eran profecías ni los deseos de Dios,
éramos ella y yo,
somos
y lo demás es nada
porque ya somos todo.
Mi nombre es Erick,
escribo su historia porque es lo que me gustaría que a mí me pasara.
exhs
EMILY
Mi nombre es Adam, no como West, el batman de la televisión de aquellos años de poco presupuesto y tecnología. Mi nombre es Adam e hice honor a mis méritos, no a mis Padres. Soy un simple mortal que ha andado sobre lava y manantial. Me he quemado y he aliviado el dolor con el mismo mundo que me lo produce. No soy muy supersticioso pero algo dentro me obliga a creer que hay algo más fuera de este cuerpo. Mañana seremos un espíritu con un cuerpo y no al revés.
De este mundo soy sensible ante la tragedia de los demás, descubro el amor que habita en mí y me doy cuenta que provengo del mismo origen que los demás, y a pesar de ello, renuncio a todo, renuncio a querer darme espacio a conocer más personas porque con las pocas que he conocido, me ha sido suficiente para entender que el mundo está muy enfermo del alma, y daña porque no comprende el amor. A mí no me gusta jactarme de hombre superior, pero comprendo cada vez más el amor. Cosa que no he podido expresar, pues no sé tocar la guitarra, pintar un cuadro o escribir una novela. Sólo sé mirar y reconocerle.
Mi nombre es Adam y no he podido amar a una mujer.
Mi nombre es Emily, y me gusta mi nombre. Soy una mujer con carácter, entiendo a mis padres y busqué mi independencia desde los 15 años. Las niñas de mi generación se embarazaban con frecuencia antes de saber que querían de la vida o cómo fungía la economía, ellas lo hacían y ya. Yo en cambio era ávida de amor pero precavida con mis decisiones. Era una más en el mundo del dinero que va y viene; y muchas veces me sentía así, un número de la economía que sirve por determinado tiempo hasta que tiene que morir, irse para que llegue la nueva moneda, el nuevo ciclo económico del cual los políticos sacan tanta partida.
De este mundo soy sensible a lo que hay a mi alrededor, el aura, las energías y mi última necesidad a crear vida y ser pareja, madre, esposa, mujer emprendedora.
Adam y Emily.
La vi en un bar y sus ojos bastaron para enamorarme de todo su cuerpo y su alma. Bastaba recordar que somos del mismo mundo, que nos creó el mismo Dios, que nos dio labios a los dos para unirlos, el oído para sentir el alma en palabras, el cuerpo para danzar sobre nuestras pasiones, el fulgor de la piel y los nervios.
La tierra es tan grande, nací aquí, caminé a otros confines, volví a casa y me topé con su alma.
Mis decisiones retornaron a su lugar.
Sus ojos bastaron para asentir el mismo deseo, amarnos. Bastó su voz y la mía, su distancia y la mía, sus ganas y mi abstención, la realidad irónica y Dios. Su labio superior que en el centro se clava y da forma a la mariposa en color carmesí, su piel canela, sus ojos brillantes, perlas y pestañas delicadas donde resbala el poema. Su cintura y los pechos que emanan el elixir de la fuente de la vida, sus piernas y el paraíso, sus pies y la risa de sus dedos donde comienza toda mi escritura, mi dibujo de todo su contorno con mi mirada, el tacto de mis manos, el gusto por mi boca, el sabor por mi lengua y es toda mía. Nos hacemos juntos en la vulnerabilidad, el jadeo, el canto, la risa, el llanto, mi seriedad y la suya en el tema que nos toca, el amor. Su mano toca adentro y abre el baúl que aguarda el tesoro, y yo hago lo mismo, y nos descubrimos,
nos amamos y nos lanzamos a la redención. Quedamos en plegaria del agradecimiento de poder tocarnos y disfrutar de nuestras libertades para acercarnos al amor a través de eso que poseemos, de lo único que hace agradable la vida, por lo cual venimos a existir.
Adam y Emily tocan con ternura el espíritu de sus cuerpos.
Oyes en la madrugada el ladrido del perro, abre poco a poco un ojo y había cierto en la fantasía que parecía haber soñado. Amando a la mujer, Emily con su piel canela, con su hermoso cuerpo dibujado por celestiales, haciéndose de su ternura y sus ganas de amar, de todo lo que puede hacer con sus besos, deseos, utopías, pensamientos, sangre y alma; espíritu y el arte de su presencia aquí en la tierra. El placer de convivir en el acto sexual, en mis palabras y sus silencios poniéndose de acuerdo que querían estar el uno con el otro compartiendo la noche, orando en su querer la divina gracia de Dios que los trae y abre las puertas de las sensaciones para que experimenten el abrazo y la separación, los inexorables campos donde las almas dejan aguardado un sentimiento dentro del centro de la tierra, en sus hojas y sus mares, el bendito amor.
Mi nombre es Adam y ella es Emily.
Mi nombre es Emily y él es Adam.
Nuestro nombre es amor, juntos vamos por el campo descubriendo sueños, compartimos la misma utopía y hacemos de nuestro tesoro la misma inversión y damos el mismo cuidado hasta partir y reencontrarnos nuevamente. No sabíamos cuánto anidaba nuestros corazones hasta materializar a los que son nuestros hijos, y hemos de escribir una nueva historia. Reinventamos el amor cada mañana, al salir el sol nuevamente nos amamos, trabajamos y labramos el camino de regreso a nuestros corazones, enlazados y manteniéndose firmes cuando nos deseamos buen viaje. Y se nos acaban las palabras al querer describir que nuestro amor platónico murió y se realizó en el acto, la mirada, el deseo, el amor y el beso que une y desemboca en una unión de cuerpo y espíritu. Somos lo que no fuimos y lo que será, lo que somos y lo que nunca habrá de perderse, nuestro tan profundo y único amor, como el océano de profundidad inimaginable para el insaciable ser humano.
No eran profecías ni los deseos de Dios,
éramos ella y yo,
somos
y lo demás es nada
porque ya somos todo.
Mi nombre es Erick,
escribo su historia porque es lo que me gustaría que a mí me pasara.
exhs
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