Lunes
12 años.
El tedio de la escuela no se hace esperar, mucho menos a esa edad, con miles de miedos al ir a enfrentarse con los maestros, las burlas de los compañeros y el amor no correspondido. No me preocupan mucho las situaciones económicas, para eso están mis Padres. Ver a la rubia es más que suficiente para alegrar mi día. El fin de semana termina y a las 6 de la mañana del Lunes me levanto con entusiasmo para ver de nuevo a la rubia que cautiva toda mi atención. Es coqueta y sensual con el uniforme de la escuela; estoy atónito y estúpido imaginándola y esperando el recreo para ver si existe una oportunidad de hablar con ella. Pero soy miedoso, muy miedoso.
Los Lunes son otra oportunidad. Comenzar una semana llena de ímpetu y fuerza; mis ilusiones encantadas por esperar a besarla algún día, presumirla ante todo el mundo, que sea mi novia y nada más, es todo lo que necesito. Pero soy tan miedoso, un tímido, avergonzado de sí mismo por mostrar su amor.
El mesa-banco es mi nave a la imaginación y me confieren decretarme con déficit de atención. No soy tonto, es que estoy enamorado; desde tan chico puedo sentir un tremendo poder en el pecho, en todo mi cuerpo que despierta a la sexualidad y puede admirar la gran belleza de una mujer, floreciendo en su máximo esplendor. Quedaré como simple espectador, deseando en silencio todo su amor.
Los sueños eso son. Otro Lunes puede ser el fin de todas mis ganas al verla con otro chico. El cuate popular, el nuevo en la ciudad, a la que todas admiran, ella va con él y juntos se vuelven la pareja más famosa del colegio. A nadie le importa cómo me siento ni lo que quería. El mundo es de los aventados, tus traumas no importan y mucho menos puedes esperar a que el tiempo compense tanto miedo; la has perdido por ingenuo y tonto. ¿Ese fracaso romántico cuánto me durara? ¿Cuántos años me tomará volver a poder enamorarme? ¿Habrá otra oportunidad con esa chica? ¿No sé qué hacer? No puedo aventurarme, soy muy respetuoso de las formas. No soy tan soberbio para hacer cambiar de parecer a una persona sobre la decisión que ya tomó; si ella lo ama, que lo ame. Yo me quedo solo, me trago mis ganas, sigo mi camino.
Me quedé admirando eso que nunca sucedió. Transcurrieron los años y era tanta su belleza que a los 15 se embarazó y yo perdí cualquier ilusión donde pudiera caber un futuro con ella. Y seguí mi camino porque así es la vida, debes continuar respirando.
10 años después la volví a ver.
Era una mujer enojada,
muy enojada.
exhs
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