De ella.

Qué bonita es la juventud que se me escapa por las manos y me deja ansioso de poder expresar un amor que se inhibe ante la grandeza de las mujeres que me llegan a gustar y que se van de mi vida sin saber lo mucho que reverencio su belleza y la magnitud de lo que las conforma.

Qué bonito es el amor que viajó con fracaso a un corazón indiferente.

Qué bonito amor, como diría la canción; como aquella historia donde abandonamos nuestros egos y ella me invito a acompañarla hasta el fin del mundo para besar su tersa y rosada piel que amerita toda la pasión que me despierta el amor que ella creó. Y hacíamos el amor en los manantiales, mojados, apasionados en el pudor de cuerpos intensos ardiendo en agua bajo un cielo que se torna morado al atardecer. Y no cesa, no para la1 cantidad intensa que podemos expresar del deseo ardiente, que, por lo menos, tengo yo para con ella. Estoy seguro que mi nacimiento correspondió para alcanzarle en esta época.

En la noche la encuentro mirando el mar, sus enigmáticas figuras de las olas relucientes al color de la luna; y ella sabe que estoy detrás dispuesto para besarla. Se anticipa y toma un beso con sus labios.

Ella desaparece de mi vida y se muestra indiferente. Y eso me duele. Eso me mata lentamente y yo no sé si ella alguna vez sintió lo que debe ser compartido, eso que perdura en mi pecho y me hace sentir vivo.

Yo no sé si supiste cuánto te amo.

EXHS

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