Perdí el corazón en innumerables tiempos.
Deseé muchas veces despertar ignorando la existencia de las cicatrices de mi corazón. Pero existían, tenían nombre, había que verlas en múltiples ocasiones, enfrentando los miedos, las humillaciones, sentirse poco, verlas como magnífica esencia imposible de tocar.
Lloré, dejé de comer. Innumerables veces recé. Nunca logré consolidar nada. Todos esos sueños se revolcaron en el impetuoso fracaso de nunca alcanzar las estrellas. Los soles quemaron todo mi espíritu y aún después de eso, volvía a renacer para volver a morir.
Extrañé su presencia en cada uno de mis viajes, imaginé que su espíritu compartía mi amor y me acompañaban más allá de las fronteras. Era un iluso, volvía a morir. Era el sufrimiento más grande que me hacía feliz. Existían. Tenían nombre, unas se decían Lorena, Carla, Silvia, Valentina, Cecilia, María, Cecilia, Ana, Bárbara, Catalina, Elena, Emma, Fabiola, Magdalena, Constanza, Eugenia y Florencia.
Al final terminé aplastado en la suela de sus deseos.
Ni las desdichas de Picasso y Van Gogh, ni las melodías que explican mis sufrimientos en Bach y Mozart habrían de hacer que fuera a otro mundo y ya no sentir la pena de ver sus labios en otros, de ver sus sueños tan lejos de los míos. De ver cuán ignorancia tenían de lo que podía yo hacer para alegrar sus vidas.
Hube de seguir respirando. La desdicha, la desgracia, la pesadez de estar tan lejos de su prioridad.
No hubo que compartir nada.
Mis risas se fueron por otro lado y mis sueños quedaron suplicando en la historia del suicidio.
Yo no sé si algunas de ellas se percataron de mi admiración. Dolió más cuando me borraron del mapa, cuando ignoraron mi presencia. Cuando con absoluta voluntad dijeron no quiero volver a verle, a saber de él, a escucharle los pensamientos. Me dolió y mi alma continúa sangrando. Así lastiman las mujeres que se apoderan de mi corazón sin siquiera tener cuenta de ello.
El tiempo no me curó, me deja a la deriva con el sangrado eterno que espera descansar en la muerte.
Ojalá algún día....
no vuelva a sentir.
EXHS
Comentarios
Publicar un comentario