Del alma.
Hablar del alma.
Con la mirada triste, un poco vacía. Fui a sentarme a la banqueta, con la desdicha que cargaba por un día más, que era distinto porque andaba de pronto enfurecido pues no hallaba ningún sentido a lo que hacía. ¿Qué cosas habría de hacer yo aquí? Aún me sentía con el enorme poder y fuerzas con las que se siente un Dios, un rey, un gladiador pero no, esta vez era diferente. ¿A caso sería que el otoño se acercaba?
Las dudas. Las expectativas por el mañana. Querer encontrar al amor de mi vida. Ella es la indicada. Trabajo perfecto, cumplir los sueños. De pronto resultan panoramas donde lo puedes realizar todo, todo pero no sabes cuál es el correcto. El maldito riesgo. Siempre la vulnerabilidad y la falta de certidumbres. ¿Por qué es así la vida?
Las cuestiones del alma atormentan al corazón. Estoy sentado en la banqueta con la melancolía a lado mío, haciéndome compañía. Enormes dudas. Enormes.
¿Dónde estará la dicha?
“No te preocupes”, me dicen algunos, deja de atormentarte por lo que debes ser o hacer, la vida hace su propio trabajo, déjate llevar y serás lo que debas ser. Yo, sin embargo no entiendo, este trabajo coordinado del misterio del mundo que parece conducirnos a la vez que somos libres y tomamos decisiones. ¿Nos presiona la vida para tomar la vía adecuada? Somos desiguales. No tenemos los mismos sueños pero ¿y las necesidades básicas de los que tienen hambre? Hay quienes fungen aquí en una tristeza eterna. No tienen ni siquiera para comer. La geografía fue un poco misericordiosa con mi vida. El sustento ahí está, las dudas también....contagiado por los mismos temas y cuestiones que abordan los intelectuales, no me siento bien.
Triste en la banqueta. Un enorme futuro, diversas posibilidades. ¿Habrá que intentarlas todas? El tiempo es mi enemigo.
La desconfianza en mis semejantes. Terribles actos han fraguado los que se dicen “hombres”. Y mi familia, qué decir, no entienden nada. Llenos de dudas, al parecer muchas veces gritan: ¡no sé qué hago! Y Jesús le pide perdón al padre por la terrible certeza que dije.
Encontré mis pasiones, ayudas, sustentos a la perdida de mis sueños se forjaron nuevas vías de desfogue, alternativas de felicidad. Correr, nadar, competir, leer, abrazar las palabras, externar mis ideas, analizar el mundo, platicar conmigo inmerso en el mundo de mi alma. Fascinante, cerrar los ojos e imaginar. Soñar, siempre soñar. Descansar.
Mi enorme búsqueda por mi Padre. Mi eterna e incansable búsqueda en vida del ser celestial al que todos, por miles de años, han estado buscando. Solos estamos, sobreviviendo, intentando comprender, intentando hacer de nuestro tiempo algo trascendente, algo valioso, algo cómodo con lo cual podamos sentirnos realizados, felices.
¿Nadie sabe a dónde van estas palabras?
Soy un hombre callado. Maravillo al mundo cuando tengo disponibilidad. He reservado mi voz porque aún no encuentro la verdad y allá afuera hay interpretaciones limitadas, vacías, con prejuicios, llenas de incertidumbre, de falsedad, incorrectas, humanas, imperfectas. Es mi miedo a equivocarme, el trauma por ser mejor, el trauma de querer ser el mejor.
No estoy conforme nunca y quiero ir más allá de todo esto y aún espero. Hago de mi tiempo las acciones que provocan fuerza, intención, realización pero camino, camino y se pierden mis pasos y a veces lloro porque estoy en un desierto y no hay vereda...quedo sediento y nadie proclama por mi existencia.
Atentamente suyo,
Erick Xavier Huerta Sànchez
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