El lado oscuro.

Dicen que todos tenemos uno.
Lo maravilloso de la vida es que en cada ser abunda una diversidad enorme, una gran libertad por tomar decisiones; increíbles matices de personalidad. Cuidado. No todo es un paraíso, la gracia culmina cuando percatamos que la gran vida tiene para nosotros destinados impetuosos arranques llenos de ira, de furia, de enojo. Hemos canalizado a través de múltiples actividades pero no ha sido suficiente, se nos olvida y siempre quiere salir a relucir el implacable, la desgracia que habita en cada uno de nosotros. La locura, el ímpetu por no saber qué hacer, por tener qué buscar una personalidad que acomode, que guste a los demás, que nos brinde seguridad. Cuidado. El lado oscuro está allí siempre acechando, cazando el momento oportuno para destruir la reputación que hemos venido construyendo. ¿Te dejarás seducir?

¿Quién manda en ti?
Las circunstancias son más poderosas que uno. No las podemos controlar. AlzHeimer y se te olvida todo, incluso tu esencia. No hay cura. Esquizofrenia, te vuelves dos, influyes bajo el mando de dos morales. Transtornos conductuales, transtornos....en muchos han cabido, se han apoderado de varios y su impacto podrá llegar, de una manera u otra. Somos vulnerables, estamos siempre dispuestos a recibir el golpe porque estamos conectados, una enfermedad que se contagia. Es un destino fatal.
Soy fatalista por este discurso. Dirán algunos que sí. Soy fatalista. Es una realidad. La desgracia siempre habita, es parte de la vida y culminamos en la muerte y por ello hemos tratado de buscar la esperanza, de abrazarla pero ella siempre huye, por eso es seductora, por eso la adoramos, porque nunca puede consumarse en la realidad de un bienestar absoluto y eterno.

La esperanza se vuelve sinónimo de utopía. El lado oscuro se manifiesta y provoca miedo que pueda ver tanta locura, en tantas personas. No se saben conducir, son presa de las emociones, están ahí y yo debo vivir aquí; con ellos, con ellas y no hay escapatoria, siempre la supervivencia, siempre alcanzar el cielo, luchar y luchar porque el mundo que habito sea mejor, sea mejor. Inspirar a los que me rodean, ser siempre honorable. Ser un luchador. Ser alguien que no pueda transgredir la maldad, la locura que anda en aires, que se contagia en acciones. Yo soy el que se resiste a ser una presa más de la enfermedad que acaba con los semejantes. 

¡Quiero escapar!, quiero correr hacia los vientos y escalar por el deseo de encontrar a los Dioses y luchar por la verdad.

Erick Xavier Huerta Sánchez


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