Carente de alma.
Que les contaré de la mujer que amé. Sí, la amé, tanto amor sentí. Fue un fervor en cada momento de los latidos de mi corazón y le hice el amor, el amor abrazó nuestros cuerpos y nos llevó a horizontes lejanos donde percibimos nuestra presencia, única e inigualable dentro de nuestros espíritus y concebimos grandes cosas, concebimos algo presente que de ello emergió cosa de vida y tuve una hija. De mi amor por ella todo lo di, en cada escrito de los poemas y a ella no importó, ni siquiera el bienestar de nuestra creación y con total egoísmo, con la crueldad que jamás entendí nos miró con el frío que corta la piel y dejó desoladas el alma de los dos y la vimos partir, se fue y no sintió nada.
Me pegó, tantas veces lastimó la piel, tantas veces que quemó mi alma; me aventaba al volcán y me dejaba sufrir por tiempos eternos y yo sin poder encontrar cómo resolver que no lastimara el alma, de mi hija. Sus manos, tan finas, tan mortales, quemaban cada vez que golpeaba mi rostro y a ella no importó. Quiso ser eterna y vivía en esa mentira, creía que no éramos libres, sólo servía a ella, sólo éramos unos rastros de existencia. Y me harté de escuchar sus farsas y su drama, sus inventos de tanta desgracia que nunca valoró el tesoro de la compañía de mi amor y del alma de su hija.
Como si no pasara nada, se fueron sus ganas y se volvió ciega que jamás vio todo lo que hice ni a dónde fueron las fuerzas por rescatar la parte de su amor. Inventó y siguió empecinada en destruir todo lo que estaba en aquel sitio que cubría nuestros cuerpos, llamábamos hogar. Nos dejó de mirar hace tanto tiempo ignorando nuestros deseos y de lo que estamos hechos. Pasaron los días sin que el sol diera tierno calor a estas almas lastimadas por sus manos.
Se fue y no supe de ella.
Quedé sólo, junto a la calidez de mi hija y la esperanza que aguardaba aún rescatar su felicidad, la mía ya no importaba.
Valeria y Cristóbal, tierna historia de amor;
alba, hija de su corazón;
forjados en la tierra del señor, lastimados y vulnerables en la trinchera de su condición;
dejan todo.
Van por más. Aman y se dicen amados;
olvidan todo lo que son; uno hace más daño que los demás;
uno anda ciego por sus pasiones;
andan ciegos, sólo pocos miran con el alma;
pocos resuelven sentir lo que les rodea;
pocos asumen la existencia.
Anduve por paraísos ancestrales que me llevaron al hoy;
yo la amé con total plenitud, miraba a las estrellas y era un tonto romántico;
no existió el amor. Muere en vida todas mis ilusiones, muere en vida todo lo que soy;
muere en vida mi esperanza,
muere en vida mi amor,
veo morir, me mata mi corazón.
Te quiero Valeria, te quiero corazón;
amó tu forma de vestir, tu manera de caminar y tú ignoras todo lo que soy;
ignoras mi nombre, mi alma y mi interior;
a dónde fuiste valeria que te llevaste mi corazón.
¿A dónde fue tu mirada que reprendía la injusticia, que comprendía lo que soy?
Nos dejaste desamparados a Alba y a mi amor.
Ahora no soy nada, ahora te fuiste mi pasión;
ahora debo encontrar refugios para aún ver el sol;
te fuiste Valeria y con esa partida, te llevaste a todo mi Dios.
Erick Xavier Huerta Sánchez
Se abandonó a un destino y creyó que sería eterna y me quedé sin nada; anduve ciego y de la mano colgando del alma de mi hija; quedé con el recuerdo harto de su vida eterna.
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