El hijo más noble de Dios

En los días lejanos pertenecientes a los místicos lugares de los países Nórdicos. Un día nublado con lluvia intensa, llegaría Frederick "la espada del imperio Sueco".
   Frederick era el hijo mayor de 15 hermanos, de los cuales solo 2, incluido él, eran reconocidos por el Rey Constantino; a los demás les llamaba bastardos.
Frederick comenzó su educación en la biblioteca de Alejandría y a los 19 años partió en busca de Dios.
      Durante sus primeros pasos, aun topaba con gente en pequeños poblados que adornaban el camino; y de pronto, ya empezaba a sentir en toda su magnitud a la esplendorosa soledad. Llegó a una cueva y ahí se resguardó hasta que fue presa de la locura y arrebató comiendo ratas, tierra, bichos y alguna que otra criatura que no se podía describir por la oscuridad.
Pasaban los días, él sentía siglos y no escuchaba nada. Ya no podía ver, estaba débil. Pensó que moriría allí con la esperanza desahuciada y, de pronto, empezó a gritar hasta sangrar su boca, hasta quedar sordo de escucharse, hasta que las rocas no aguantaban y rebotaban sus desesperados sonidos en el grito que pedía auxilio, con desesperación, a Dios.
    _Frederick cayó descansado, perdió el conocimiento. Estaba tirado, desolado sin que nadie hiciera caso de su ser. Todo el mundo continuaba su creación. Todos seguían por cuenta propia sus actividades; unos ríen, otros lloran, comparten, besan, agreden, gritan, escriben, pero nadie daba cuenta del lugar en donde sucedía lo que pasaba Frederick por culpa de una búsqueda que nació en su alma.

Todo el mundo era testigo: las rocas, los árboles y los animales roedores que pasaron y vieron tirado a Frederick, pero nadie hizo nada. Hasta que una tarde, un infante jugando en sus imaginarias aventuras lo vió y fue tanto su impacto que corrió a decirle a su Padre fuera en su rescate; y así sucedió. 
   Aquel padre del hijo aventurero, se llamaba Mateo y rescató a Frederick de la inanición de la que era presa.
Con el tiempo, Frederick no recordaba aun su origen. Se hizo hermano de Mateo y juntos cultivaron trigo y cuidaban ganado. Hacían quesos y muchos alimentos. Les iba bien. Frederick sentía una gran paz interior hasta el momento en que llegaron unos malhechores desconocidos y dieron asesinato a los seres que tanto amó Frederick.

    Con una terrible angustia, huyó del lugar y caminó hasta desfallecer nuevamente, por la pérdida de la insaciable esperanza. 
Pobre Frederick, quedó tirado otra vez, días sin reclamo, sin atención ni preocupación por nadie del infestuoso mundo.
       



       Despertó en una cama de lujo, se paró y caminó desconcertado hasta sentir el grito de un Padre que le extrañaba y le daba un gran recibimiento, a su hijo que había perdido. Constantino llamó a todos y le hicieron una enorme fiesta, le ofrecieron mujeres, regalos y demás. Frederick no sabía que sucedía....pero pasaron los meses y todo lo que había vivido se convirtió en el recuerdo vago, uno más, como los de la infancia que anidan en los mares de la memoria inaudita donde, de un momento a otro, resurgen y se iluminan por el manto solar.
   Frederick se convirtió en rey. Había muerto su padre y con esto se inauguraba el principio de un reinado de enorme frutos ancestrales que lleno a la gente de paz y abundancia. Había conocimiento y el imperio se perfilaba para ser de los más grandes e históricos. Los avances de esta comunidad eran desmesurados.
    
     La envidia y los celos de imperios vecinos crecía y se desarrollaba. Karmín, Cristóbal, Centurio y Carmona odiaban a Frederick. El primo escocés tenía rencor y su tío Tristán quería verlo muerto. Era tanto el poder y riqueza que había generado Frederick, que su vida no era nada para quitársela con fin de saciar el ambicionante imperio.
         Sus familiares comenzaron el rumor de que pactó con el Diablo, muy pronto fue juzgado y acusado. No era posible verle sólo, sin mujer, sin herencia; siendo joven, haber heredado un imperio. Y todo el pueblo agravió a Frederick de satánico y de traidor, que él mató a su padre, que fue un desgraciado, maldito andante.
      Frederick no pudo y le traicionaron; sus más fieles amigos le apresaron y lo encarcelaron y a la luz de la plaza mayor, le colgaron y quemaron.


Solamente en aquél enero, se escuchaba en los vientos: "Padre ¿por qué me has abandonado?"
Su sed en vida nunca fue saciada, sus éxitos fueron maldecidos. Su soledad fue imperante. Su Dios le fue indiferente pero ahora duerme con calma...pasan los tiempos y un anciano del pueblo cuenta a su nieto que del hombre acusado, posteriormente de su muerte cayó un ángel que le cargó frente a todos, sacó su espada y doblegó con gran poder a todos hasta hacer sentir a Frederick una honrosa reverencia.

Antes de partir, el ángel con el cuerpo de Frederick, indicó a todos los hombres del mundo: "Honren a este hombre en los tiempos del universo mundo, porque este que ven aquí ha sido hijo, el más noble de nuestro Señor, su Dios"


exhs

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