Las voces.
Después de los límites de la pericia de la palabra, la creación de poemas. Después de la movilidad de mi cuerpo, de la producción de hormonas, de mis movimientos. Después de mis pensamientos, después de mis silencios. Después de la magia, después de ser arrebatado por la distancia. Después del secuestro del espacio, después de ser olvido en la razón, después de las memorias, de la vida, después del torbellino de responsabilidades, después de perder la vista, después de perder el roce, el tacto, y todo con tu vida. Después de todo eso, llega mi corazón.
Después de perderme en el abismo, mi corazón recopila las sensaciones, las emociones y las palabras. Mi corazón recopila los silencios, recopila la creación. Llega hasta ti y nada se pierde. Aún después, de perder el cielo, el corazón puede cruzar el infierno, puedo regresar a ti. Puedo volver, a tu corazón, en mi hogar, en donde debo estar, en mi mejor almohada, en donde reposa el alma, en donde descanso mi ser, en tu amor, en el centro del fuego de tu corazón, porque ahí quiero residir el resto de mi eternidad. Después del tiempo, de los cuerpos, de la experiencia, quiero vivir en ti vida mía y ahí residir, aquí y después. Vida mía, te amo tanto, tanto, tanto, como el sol persiste en seguir dándonos vida.
Porque amarte, amarnos, es vivir debajo de tu piel, es trascender nuestros cuerpos, más allá de saborear los jugos de lo que somos, de bebernos, de adorarnos. Más allá de eso, somos la esencia, que se combina, que se vuelve, uno, que se fusiona, que descubre el erotismo de los espíritus y que combina nuestras bellezas, amor mío. Tú eres mi gran pasión. Tú eres lo que deambula por los rastros de mi ser que se transforma a cada instante. Y contigo, asciendo al cielo, y aún después, más allá de las estrellas y de lo negro donde se suspende toda la creación.
Son cartas para ti, de mi amor.
Lo que quiero decir, es que estas voces, traducidas en palabras, de mi amor hacia el lenguaje convencional de signos en esta humanidad, también ocurre en los silencios, en el viento, en el paisaje, en lo intangible y en los reflejos, en los espejos, donde nos vemos, donde nos ubicamos en esta naturaleza que nos ha creado y que goza con el festejo de amarnos intensamente. Y todas estas voces, perecerán, pero no la que deviene de lo que soy, donde ocurre mi amor, y nuestro amor, el que nos bendice, el que nos guía, el que nos otorga la libertad de aún después de esta existencia, continuar ascendiendo en la pasión por amarnos allá, arriba, después de los cielos, después del universo.
Te amo, vida mía.
Y cuando desaparezca todo, sonarán las campanas, y continuaré alabando y resonando en el corazón de nuestros fuegos, unidos, por la pasión de encontrarse, de fusionarse, de crear por siempre, algo nuevo. Por crear siempre amor.
Te amo, vida mía.
Erick Xavier Huerta
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