Hombres de poca Fe.
"Hombres de poca fe", decía Jesús. Aún tienen poca fe. La fe, mueve montañas. Si tuviesen aunque sea un poco de fe, como la semilla de una mostaza, nada nos sería posible. Pero la fe, cómo se define. Recuerda que Jesús siempre hablaba con parábolas, metáforas, analogías, para enseñar, para mostrar un camino de auto realización. Y aún así, explicaba de forma privada a cada uno de sus discípulos, cada parábola para que pudiesen comprender. Porque no entienden aún en nuestros días, la palabra escrita es interpretada, así como la realidad, bajo cada nivel de conciencia.
La fe, de la cual hablaba tanto Jesús, es la conciencia.
Hombres de poca fe, son hombres de poca conciencia. Hombres, humanidad que no se percibe asimisma, en cada parte que conforma su estructura ósea, emocional, afectiva, racional. Porque no somos tampoco las palabras, ni la memoria, ni lo que dicen otros que somos. No somos los rumores, ni tampoco la imaginación. Somos lo que somos, más allá de nuestros cuerpos, y del planeta. Somos, lo que somos. Esa parte que precede a toda la creación, a toda la materia. Ahí es donde hay que albergar para orquestar de forma armónica todo lo que conforma nuestro cuerpo y toda la expresión que da nuestro sentido de razón, intuición, de nuestro sexo y de nuestro amor.
Antes de todo, somos amor.
La fe es la conciencia. La fe es el absoluto de la conciencia. Y no, no es estas conclusiones deliberadas, construidas a partir de lo poco que escuchamos, o de lo que vemos, de lo que miramos allá afuera, y de lo que dicen otros que somos, y de lo que seremos y del camino que podemos seguir, acompañados de otros, que miren lo mismo, que miren siempre afuera pero nunca dentro de sí. Y entonces, concluimos que fuimos algo, que fuimos una definición, una experiencia y que eso, determinará el devenir de nuestras vidas, porque nadie puede desear lo que no conoce. Parece, entonces, que estamos determinados a repetir los patrones, lo mismo de siempre, las mismas experiencias sin tener en cuenta el poder, de comandar la realidad, la materia, más allá de todo, de cualquier estímulo externo. La realidad se crea al interior de nosotros, y ahí, en ese bello lugar, te conectas al todo, porque ahí reside la fuerza invencible, por encima de la materia. Por eso Jesús, podía sanar almas, podía hacer ver, podía hacer lo que parece imposible, y por eso siempre les decía: "Hombres de poca fe".
Erick Xavier Huerta
La fe, de la cual hablaba tanto Jesús, es la conciencia.
Hombres de poca fe, son hombres de poca conciencia. Hombres, humanidad que no se percibe asimisma, en cada parte que conforma su estructura ósea, emocional, afectiva, racional. Porque no somos tampoco las palabras, ni la memoria, ni lo que dicen otros que somos. No somos los rumores, ni tampoco la imaginación. Somos lo que somos, más allá de nuestros cuerpos, y del planeta. Somos, lo que somos. Esa parte que precede a toda la creación, a toda la materia. Ahí es donde hay que albergar para orquestar de forma armónica todo lo que conforma nuestro cuerpo y toda la expresión que da nuestro sentido de razón, intuición, de nuestro sexo y de nuestro amor.
Antes de todo, somos amor.
La fe es la conciencia. La fe es el absoluto de la conciencia. Y no, no es estas conclusiones deliberadas, construidas a partir de lo poco que escuchamos, o de lo que vemos, de lo que miramos allá afuera, y de lo que dicen otros que somos, y de lo que seremos y del camino que podemos seguir, acompañados de otros, que miren lo mismo, que miren siempre afuera pero nunca dentro de sí. Y entonces, concluimos que fuimos algo, que fuimos una definición, una experiencia y que eso, determinará el devenir de nuestras vidas, porque nadie puede desear lo que no conoce. Parece, entonces, que estamos determinados a repetir los patrones, lo mismo de siempre, las mismas experiencias sin tener en cuenta el poder, de comandar la realidad, la materia, más allá de todo, de cualquier estímulo externo. La realidad se crea al interior de nosotros, y ahí, en ese bello lugar, te conectas al todo, porque ahí reside la fuerza invencible, por encima de la materia. Por eso Jesús, podía sanar almas, podía hacer ver, podía hacer lo que parece imposible, y por eso siempre les decía: "Hombres de poca fe".
Erick Xavier Huerta
Comentarios
Publicar un comentario