Ella es...
Desde atrás, en las sombras, en el anonimato, sin nombre, con una piel desapercibida, en el bullicio desaparecido, mi alma deambula y vaga adorando a la prisma dorada, a los ojos azules del agua cristalina del caribe.
Ella es la denominación del paraíso, y tiene muchos que pueden ocupar ese lugar privilegiado del deber de adorar su piel, el recorrido de su cuerpo con besos y caricias, con poemas que escribes y crean la realidad del amor que deseas vivir con ella.
¿Está bien enamorarme a los 27 años de lo imposible?
¿Está bien enamorarme a los 27 años de un universo que no está en mi control?
¿Está bien equivocarme tantas veces?
Fui creado para amar, así lo dice mi corazón. Todos mis latidos y mi sangre corren porque quieren acoger con orgullo y honor el deber de practicar el amor, más el que es dado a una mujer, con nobleza, humildad, con miradas que van hacia ella en formas de poemas, en letras, en magia, en la eternidad. Pero no soy tan bueno con las palabras pronunciadas, me produce miedo y nervios estar ante lo majestuoso que es una diva, aquella amada por las multitudes, la que destaca por un peculiar carisma que no se puede conceptualizar tan fácil, mucho menos para encontrar esa fórmula que le ha brindado el éxito.
Ya no tengo confianza en el tarot, y no sé leer las estrellas. Si dejo mi vida al destino estoy perdido, porque soy el eterno observador, el que da fe de la existencia, describe y vuela por las montañas, alejado, desplazado, con una personalidad inmensa pero enterrada, como un tesoro que no debe ser descubierto. Y me tientan las ganas de salir y abandonar mis creencias, para despertar como un nuevo ser y así poder besar el cuello tan fino de esa mujer que empata con la letra que debe acompañar a mi nombre, que se amalgama a la tesitura de mi alma, a la que le espera lo mejor porque apenas va en ascenso mi brillo.
Pero ya no creo nada.
Me la paso imaginando, y ella está aquí pero lo demás son mis sueños. Lo cierto es que me he enamorado; vuelve a destacar la belleza, una, entre todas; y son sus ojos los que reúnen a toda la creación y resumen las miles de formas y bellezas que se fraguan en los distintos matices de mujer.
Ella lo es todo.
Ella lo es para mí.
Ella es una verdad que se convierte en mi ilusión presente, y mi lógica la impone como una locura y mi corazón la escribe como un bello poema, un lindo deseo que parece posible vivir cuando tengo a penas, 27 años.
Dios.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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