dos décadas y siete años
Primero los amantes y antes la creación de Dios; y así transcurrieron los siglos y vinieron las generaciones hasta los besos de fuego y la locura de los sexos; me engendró la pasión, las ganas del mundo de seguir viendo su escenario, de tormentosas criaturas que deambulan luchando por sobrevivir.
Me trajo el mar de Acapulco a orillas de la República Mexicana para que adorara los cantos, la idiosincracia, para que me volviera sensible y mirara en mi semejante todo lo que soy. De esa forma me volví empático, y quería vivir sus vidas, quería interpretar todo el jugo del mundo, pero los sueños no cruzaban más allá de la eterna calle de Leandro Valle, en la casa donde vivía a expensas del destino que fraguaban mis Padres. Y no podía escapar.
Apenas miré los brillos cuando tuve que enfrentarme nuevas responsabilidades y tuve que abandonar el hecho de ya no ser un niño. Sabíamos que sería mucho más difícil, encontrarte con la juventud y la madurez en un terreno donde es más fértil la locura.
No me gustó nunca los excesos de la juventud. Creo que ya había muerto tantas veces que la vida carecía de sorpresa y ansiedad como para muchos otros, que creen que perecen y por eso se abandonan a sus vicios.
No me gustó, aunque me llamaran obsoleto y un tipo aburrido que jugaba a hacer magia y prefería tener paz en el corazón.
Siguen de nuevo los días, los amaneceres, a veces en distintos lugares, a veces en la misma calle que quise abandonar y donde aún continúo regresando porque es mi hogar.
A orillas del mar pensé nuevamente en curar el amor que se la pasaba en los vacíos, que a veces presumía y que me hacía sentir mal por jugar con mi ego y mis profundos anhelos de poder poseerlo.
Siento que me muero y me hago viejo. Me deprimo y vuelvo a sonreír, y me divierto conmigo y a veces no necesito más. Cargarme es llevar una serie de aventuras y múltiples compañeros que hacen el camino de la vida un lugar placentero.
A veces tengo destellos de lo que me manda comunicar Dios.
A veces creo estar solo sin ningún destino especial, y eso me pone triste.
Quisiera que las cosas fueran más rápido.
A veces creo que estoy bajo el cuidado de Dios, porque me ama y me cuida como un consentido, más que los demás.
A orillas del mar vine un día, y existe una edad donde mi mano toma la espada de la justicia y clava la libertad en la tierra.
A orillas del mar despertaré
y seguiré siendo feliz, discreto, sincero
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