Alethia

Hola,

Hay una fuerza motora en mi corazón que escucha y trabaja para verte feliz; y sé que nuestra circunstancia no ha sido favorable porque aún piensas y consideras estar bajo el yugo de la duda. Los amores del pasado, los amores del futuro, la inexperiencia, la incertidumbre, los diferentes umbrales que existen, lo traslúcido que es vivir queriendo amar. Tienes dudas, aún, muchas después de haber visto la certeza en mis ojos.

Yo aguardo bajo la sombra de los árboles, y cuando quiero recordarte, te busco en la luz del sol.

Es cierto, yo he aparecido como obra del destino. Callado y renuente a quererse enamorar inevitablemente de tus ojos. Yo nunca he visto a una mujer como tú, y me da miedo, sí, porque la pureza de mi amor es sagrada y te la entrego, te la he dado aún cuando no pienses en mí y te sientas abandonada lejos de mi cuerpo, entusiasmada y con asfixia de aquel que te está presionando para que le ames en su proximidad.

Es cierto, intercambiamos pocas palabras y conversaciones banales, y eso no es suficiente para entender que nuestras auras se necesitan y se han complementado ya en el reconocimiento de su brillo. Tu historia aún te marca y buscas analogías, personajes que contengan las mismas características físicas y se acerquen al motivo que hoy te tiene atrapada, sin libertad, con el pesar en tus ojos y la tristeza cuando me escribes y pronuncias palabras. Yo nunca olvidaré tú proximidad, nadie buscaba así en mi alma, nadie tenía tanta misericordia en sus ojos cuando tocaba mi cuerpo con la luz de sus ojos. Nadie como tú ha logrado traspasar mi espíritu.

Tú provocas que yo sea un héroe.
Ya no busques pretextos para sostener aquello que se ha derrumbado. Dios nos ha dado oportunidad de encontrarnos a tiempo, y ya no tienes que seguir en aquel camino pisando cristales.

Yo sólo quiero decirte que deseo que ya no sigas atormentándote, con las analogías de aquellos amores de dolor, que fueron personajes ilustres que vivían en la pintura y en la poesía; una historia con el que ese agraciado de años junto a ti ha entusiasmado contigo, que sigue queriendo trasladar un brillo genuino de una poesía que no les pertenece a la danza que sólo ustedes conocen, donde no participa nadie más; en aquella historia que me relega, me deja lejos, produce que me hables con indiferencia y que ya no quieras saber más de mí, ni imaginar lo que puedes ser conmigo.

Abandona aquella mítica analogía de la mujer a la que te quieres parecer, del amante que presume tener tu corazón. Quema las naves que construiste con aquel tipo, de semblante confuso, con dejos de dolor, con rabia e impotencia. Quema las naves, y abandona ese viaje porque tú te mereces lo mejor. Tú eres una belleza que impone, que es más de lo que tu estatura puede presumir. Tú eres candidez en los atardeceres, brillos y atmósferas románticas en la noche. Tú eres naturaleza plena, majestuosidad en las playas, en el rompimiento de las olas. Tú eres un mensaje de Dios, despiertas los corazones, alumbras el camino, te fusionas conmigo y haces nacer y extiendes la creación del amor.

A ti te espera la pureza del amor. Y no está con él, está conmigo. Estoy seguro de ello, porque tú eres la causa de mi nacimiento.
Esa es una certeza que está escrita en tu corazón desde aquel momento en que descubrimos nuestros rostros bajo el brillo de la luna.

Dile adiós, 
que yo aquí te espero. 
Y sabes que juntos,
somos puro amor.






Erick Xavier Huerta S.



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