México Sucio
El municipio es la base para la práctica democrática. Desde lo más minúsculo nace la grandeza. Son las pequeñas cosas las que arman las obras gigantes. Un país es sus municipios. Una sociedad es por sus hombres. Somos reflejo de lo que hemos construido y tenemos, entonces, el poder de cambiarlo todo con la simple labor de un individuo.
Tenemos el poder de cambiarlo todo, y ello comienza, con la limpieza.
Nos preocupamos por muchas cosas, sin antes ver y pensar que sin limpiar, no podemos hacer nada.
Las grandes cosas surgen de la limpieza: la construcción de una casa o un edificio, los monumentos históricos. Todo requiere limpieza, incluso también el mundo físico repercute en el plano espiritual. Estar en contacto con la naturaleza, con lo puro de la vida, en el ambiente que es, sin complicaciones, agua y tierra, lo más simple nos da paz y bienestar. Ahora los humos, el smog, los autos, la contaminación auditiva-sonora, el aire y la tierra, la lluvia ácida, todo ello nos afecta en nuestro bienestar. Hemos procurado dañarnos más de lo necesario.
Las potencias del mundo son limpias, porque la limpieza te permite generar orden, progreso, responsabilidad, ideas. Sabes cómo acomodar pensamientos en la limpieza; sabes cómo administrar los recursos en la limpieza y así tener mejor una perspectiva del panorama.
Ser limpios nos hará mejor sociedad. Pero en México así no son las cosas.
En México, el municipio, base de la sociedad, cimientos que genera la familia para la gran comunidad de la cultura mexicana, ha suscitado consecuencias graves, en que muchos de sus individuos ya no pueden pensar bien, producto de la brutal oferta que nos ofrece el mercado, de dos o tres compañías de alimentos, víveres y servicios para el cuidado de la "salud". Tenemos que comprar todo, y la oferta nos marea y no es una simple percepción personal, es que así es. El ruido de la vida furiosa nocturna contamina al oído en sus tiempos de descanso, y ello no para en la mañana cuando uno va corriendo a encender el auto, abrir el portón, gritar al taxi que se cruzó, comer sandwiches preparados, jugos en tetra-pack, café para llevar, baches y basura, coladeras tapadas, calles inundadas, peatones que sufren, niños y mujeres sucios pidiendo limosnas y uno apretando el estómago para llegar a cumplir las labores del día. En eso nos hemos convertido, en la desesperación de siempre, por comer rápido y cumplir los objetivos del día. Y a pesar de la lucha de muchos por hacer "bien" las cosas, otros se abandonan a la "libertad", sin dar cuenta a nadie de sus actos, dejándose morir un poco por no sobrevivir las presiones y modos del sistema, y no parecen estar un poco más felices, tal vez simplemente perdieron la fe.
La basura que genera el hombre produce también basura en su propia condición, y provoca cánceres, individuos que van a contaminar a sus semejantes. La impecabilidad en las palabras es saneamiento, limpieza pero no lo vemos, pues ya nos hemos acostumbrado a la basura. Consumimos y generamos basura, en todo lo que hacemos: alimentos, literatura, televisión, familia, amigos-y todo lo plasmamos en el arte para dejar constancia de esta sociedad que tal vez pronto verá su fin.
Nos quejamos, pero no somos limpios.
Nos dejamos vulnerables, miedosos de que seamos presa de la barbarie, que arrasa con todo.
El municipio es el mejor ejemplo que estudiar para entender los difíciles problemas que enfrenta la nación. Un Estado centralizado nunca podrá hacer avanzar a un pueblo, nunca. Porque eso es autoritarismo y represión, por falta de confianza en la gente, en los regionalismos. La limpieza es un valor universal, simplemente nos hemos maleducado.
Estamos acostumbrados a vivir entre basura. Construir sin sentido estético, sin permiso para dar espacios, olvidándonos de la tierra porque estamos muy preocupados por comprar y pagar nuestras deudas. Muy preocupados por seguir consumiendo muchas cosas que no necesitamos, por leer todo: chismes, artículos de belleza, política e historias de ficción.
Vivir limpios traerá paz.
Tengamos calles limpias y entonces comenzará el fenómeno de reducción de violencia. Un ambiente hostil produce violencia. Un ambiente sucio suscita violencia. Un ambiente lleno de insultos y groserías, desorden en el hogar, desorden en el respeto, en la calle, en la vecindad, en el auto, en la escuela. Un ambiente sucio implica violencia. Y el mundo no es así, el mundo se limpia así mismo y habrá de llegar los días en que el mundo no aguante más al ser humano, porque le gusta ser violento, le gusta contaminar.
La contaminación tiene varios niveles de lectura y muchos ángulos desde los cuales uno lo puede estudiar. Aquí tocamos, levemente, el aspecto social. La sociedad lo es todo, el equipo, la manera de trascender y lograr avances en producto del beneficio para todos.
El mundo nos da todo, y no nos cobra nada. Nos permite la injuria y el desaliento y no le importa. El mundo nos deja vivir de él, nos deja consumir sus maravillas; nos deja deleitarnos de sus paisajes, y nos deja navegar junto con él en el inmenso universo, alrededor de un sol que nos da calor y nos sigue alentando a vivir.
Disfrutamos del aire y de la sombra de los árboles, de los fríos y de los calores, de muchas temperaturas, del llover y del nevar. Nos permite todo ello y aún más-imaginar.
Vivir es algo increíble y hemos transitado por lugares pantanosos que no nos dejan pensar con claridad. Tenemos mucho hoy pero hemos desarrollado enfermedades más graves y hemos cultivado nuevas vidas que sufren más tiempo.
¿Qué somos? Tal parece que nos hemos convertido en la clase de sociedad que disfruta abanderar el libertinaje para fundamentar el sarcasmo, la rebeldía, la ironía y la irreverencia-producto del hartazgo y de la mezquindad con que hemos, supuestamente, bajo los términos de "la libertad", dejar que todo se vaya al carajo.
México es sucio. Inhibe la vista al cielo con sus enormes ciudades y montones de autos que dan gusto a los consumidores. Inhibe la respiración del campo y el aire puro. Inhibe el amor con el libertinaje, con la furia festiva con que todos generan una orgía sin detenerse a los detalles y al glorioso placer que es sentir y reflejarse como hombre y mujer, complementándose como hombre y mujer.
México sucio, que apadrina los avances que nos generen más suciedad.
México sucio, que antes de ponerse a limpiar su propia alma, piensa ya en las obras que va a construir en un pantano, lleno de pobreza, injuria, insultos y mezquindad. Robos y envidias en una sociedad limpia, limpia.
Un hombre puede lograr grandes avances, porque la voluntad lo es todo. nos hemos puesto en el statu quo, de justificar nuestras debilidades en la de los demás, sin apersonarnos, sin la de levantar al líder que habita en nosotros, de lograr pensar en los tipos como Alejandro Magno, Jesús, Napoleón-únicos que empoderaban a los hombres con inversión moral para lograr ganar sus grandes batallas, para dejar un legado-bueno o malo-con la simple misiva de cambiar al mundo, porque debía ser mejor.
Uno puede hacer mucho, sólo basta creerlo.
En estos tiempos, donde nuestra herencia ha sido mucha y nuestros logros tan pocos, debemos llevar la inteligencia más allá y rescatar lo mejor que nos legaron nuestros padres como poderes fácticos para emplear acciones grandes, innombrables, trascendentes.
Nuestra labor es social, nada es para sí mismo.
Nos reconocemos y sabemos que la felicidad es única y verdadera cuando es compartida.
Amar requiere limpieza. Hacer el amor debe ser limpio. El poema debe ser impecable, la vista y la mirada, el rayo del sol y mi alma.
Hagamos por nosotros lo que queramos para la sociedad. Sumemonos a ser limpios, impecables en nuestros actos, impecables en nuestro orden, en nuestra administración financiera, inversiones de nuestro tiempo, en la manera en cómo pensamos y actuamos-porque se nos acaba la vida y el legado es eterno.
Quiero una patria grande, ordenada y generosa, pero nunca podrá ser sin antes sus ciudadanos no comienzan por ser limpios en los sectores esenciales de su vida cotidiana.
Sé limpio para que puedas hacer y ser lo mejor que nos pueda dar realizarnos en esta vida.
Es triste ver cómo nuestros ríos secos son depósitos de basura y muerte.
Mi lucha es por una humanidad de grandes valores, estabilidad emocional y armonía en sus relaciones comerciales. Tenemos manera y fuentes para contribuir al desarrollo comunitario, siempre con la convicción de respetarnos como seres humanos, como seres cívicos, entendiendo que en mi calle caminarán niños, mujeres-volarán aves, golondrinas y pasearán perros. El desarrollo ha debido ser sustentable en esta época de consumismo y producción de bienes y servicios brutal.
Las utopías pueden volverse realidad.
Hemos conseguido construir realidades jamás imaginadas que han producido infiernos, en la manera en que las dimensiones de la violencia logran trastocar nuestras vidas para siempre.
Limpiemos nuestro corazón,
limpiemos el mundo y construyamos una sociedad mejor.
Erick Xavier Huerta Sánchez
exhs
exhs
Comentarios
Publicar un comentario