Enamorarse puede ser un estado permanente que continuamente esté generando amor.

Escribir tal vez sea el acto más duro y costoso para el alma, por encontrar la palabra perfecta, la oración precisa, la meditación que conduce a Dios.

Enamorarse puede ser el acto más bello, el escondite de lo más puro, el arranque a lo maravilloso, la antesala de la creación.

Cuando miré sus ojos de lejos, sin ahondar en detalles y cuando hice escrutinio de la geografía de su rostro, pensé que me gustaba; no hice caso a las razones de mi corazón e hice conclusiones lógicas. Pensé que eso moriría, como todos los demás enamoramientos, de un día, de semanas, de dos o tres meses. Y no sucedió. Desapareció de mi vista, de mi alcance. Fue de viaje a otros continentes y yo siempre pensaba en ella. Ella se había inmiscuido en mis ilusiones, en mis sueños, en mi corazón, en mi alma, en mi espíritu, en mi razón de existir y estaba en todo lo que yo hacía: cuando corría, cuando escribía, cuando miraba y cuando compartía con todo el mundo mi alegría de vivir, y mis tristezas cuando estaba confundido de qué hacía aquí en el tiempo tan solo, sin ella, tan lejos de ella, tan renuente a ignorar la fuerza conque ella me había logrado decir, sin hacer nada novedoso, que era para mí, que su corazón era la pieza que había buscado este ser que les cuenta.

Quedan rastros de la fuerza con que me golpeó.
Derroché todo lo que he sido, teniendo plegarias y mirando cuando, incluso amigos, también le buscaron. Yo no sé si fui un cobarde, o tal vez estaba tan paralizado por su amor que no podía hacer mucha cosa para poder hablarle de lo majestuoso que sentí cuando la vi por primera vez, y que jamás pude olvidarle, hasta el día de hoy. Le recuerdo con mucho cariño e incluso le escribí un libro. Porque las palabras fueron el mejor regalo que me pude dar para darle vida a ese amor que encontré en sus ojos y que se fue con ella para siempre e hizo que me olvidara de vivir aquí.

Su nombre aún retumba en el cielo.

Aún deseo besarle.

Aún me quedan esperanzas de amar.

Seguí mis pasos, y de pronto me topé con la locura y al desesperanza, a pesar de ser hombre de Fe. Muchas mujeres pasaban frente a mí y yo le buscaba, tal vez en alguna sustituta, en algo mejor que ella, para olvidarle por completo. Pero no aparecía nadie, no aparecían oportunidades, nuevos amores, nuevas sensaciones que borrarán de mi mente y de mi alma su recuerdo, su amor impregnado que sólo me hace avanzar, sin importarme la muerte, porque ya sin ella, yo no tengo más por qué vivir. Sólo me hace avanzar la utopía, donde estamos los dos, y cumplimos nuestros sueños de dar paso a nueva vida y trascender juntos después de la muerte, cuando nos abandonaran nuestros cuerpos y dejáramos claro que nunca habríamos de abandonar el baile de amarnos.

Creo en Dios, y creo que tengo un destino. Y el mundo sabe de las emociones que he encontrado y he podido usar para mejorar mi vida, para compartir mi ser con los demás de manera única.
Yo no sé de edades ni de tiempos, sólo quedo a la reserva de esperar el momento adecuado. De no exigir más a al vida, y de esperar sus regalos, en los momentos que quiera, sin forzar nada, como fue mi nacimiento y mi creación, sin forzar ni retar.

Soy fuerte pero también debo de nunca olvidar ser humilde ante el mundo que me ve y me cuida.

Si otros ojos me exigen amor, y si los dos asentimos que queremos los besos y la pasión, será otra historia que escribir y dejo mis brazos abiertos para aceptar el designio de Dios. Que les hablo de la pasión de amantes, del hombre y la mujer, del olvido y el perdón, de las historias que nacen y que otras enseñan para que el futuro sea aún mejor.

Para eso he venido.
Para amar y ser amado, y que nunca perezca la pasión.

exhs

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