Así encontré el amor.

Me da mucho miedo saber que no podré ser nadie.
Alimento mi ego siempre. De alguna manera he aprendido a ser humilde y a ser sensible ante las desgracias que ocurren entre los humanos, pero yo siempre tengo miedo de no trascender. Quiero ser grande, quiero ser algo, algo importante para el mundo y no un simple ciudadano, no un simple ser vivo que sobreviva. Quiero una historia apasionante y llenar toda mi alma de cosas grandes, de aplausos y belleza, de amor y de leyendas.

Me da mucho miedo despertar todos los días y sólo pensar en dinero, sin proyectos grandes, sin dar pasos agigantados, con estilo y personalidad. Quiero hacer cosas buenas, quiero que mis palabras motiven a otros para generar grandes proyectos, para lograr emanar del amor lo mejor en el mundo y construir un mundo inmensamente brillante.

No me gusta quedarme así, sólo así, con ventas simples y recibiendo dinero. No. Quiero trascender en todos mis actos. No me gustan las palabras simples ni las conversaciones banales, a pesar de no saber nada. Porque yo quiero escuchar cosas interesantes, y no perder el tiempo en cosas que no logran conclusiones trascendentales, grandes, inmejorables, retadoras.

No me gusta ser alguien normal.
Yo quiero ser de los que son leyenda, de los que trascienden y vuelan el mundo, de los que pisan distintos terrenos e iluminan a las demás personas con su sonrisa. De lo que dictan un modo y una historia y se vuelven estrellas a seguir para otros, que dan a otros por su testimonio, una serie de pautas a seguir para lograr los sueños.

Yo no quiero ser mi casa y mi pueblo.
Yo quiero ser el universo.

Yo no quiero ser un empleo, yo quiero ser el movimiento.

Yo no quiero ser dinero, yo quiero ser riqueza.

Yo no quiero ser creyente, quiero ser hijo de Dios.

Yo no quiero ser de los que saludan príncipes sino a los que se les invita y se les pide un autógrafo a la foto que permanecerá en la historia.

Yo quiero ser grande e inmejorable, porque soy único y porque así lo quiero.

Soy testarudo, y tengo deseos abismales, grandes que sobrepasan la calle en donde vivo.

Yo quiero mis amores, de historia, permanentes, ilógicos y apasionantes.

-La chica de miel, de pelo rizado, como lluvia de otoño, color pastel en toda su piel. Sus ojos chispeantes, sus senos, sus piernas, sus pies, sus uñas, su gran llamamiento al amor. Dura en sus ideas, fuerte de temperamento. Su belleza no es compatible con sus pensamientos. Se enrola con cualquiera, se jacta de modos incompatibles para sus merecimientos. Sus tonos y palabras no corresponden con su belleza, no corresponde nada y simplemente, así como así, llama a que la ames. Llama ella a que la adores, la encuentres, en su punto más perfecto. Ella te reta a ser apasionado, a ser un salvaje del amor, asaltando la razón, despojándote de tus creencias y redimiéndote a la furia con la que vive para que le expliques cuánto te hace quererla y amarla, porque los labios, los poemas, las palabras y las acciones no son suficientes para ella. Ya no sabes qué hacer, sino despojarte de ti, arrojándote al infierno, para tal vez allí hacerla entender, que es lo mejor para ti y que nunca la decepcionarás, porque tienes sinceridad en el corazón y la intención genuina de orar todos los momentos para sacar de ti toda la voluntad en hacerla feliz compartiendo lo mejor de ti.

Ella, sin duda no sería para ti. Y sería doloroso, sí, pero habría que saber que sería así. Sin embargo le harías el amor, y ella jamás olvidaría el chico que conoció de toda la vida sin saber quién era en realidad hasta el día en que hicieron el amor.

Los días pasarían y él no entendería del paradero tan grande que vendría. Porque no está perdiendo el tiempo ni haciendo cosas que aparentemente son irrelevantes, pues se concentraba en la grandeza y conducía hacia allá, sin distracción.

Vendrían más amores.

Me da miedo ser un tipo común y corriente. Sin estilo ni personalidad, sin la capacidad y entendimiento de lograr llevarme más allá de lo que puedo hacer. Quiero estar en la cima, en la grandeza, con los demás y disfrutar de los amores a esa altura.
La infancia te muestra amores, los sueños que quieres alcanzar y sufres esperando el tiempo en que se logre. Y la conclusión es que siempre hay una chica mejor que la anterior.
Y así fue, pasaron muchas antes de llegar a la correcta. Y recorrí América, sí, con lo que hacía y podía pero empezó a llegar a mi corazón, la viajera que había sido más que yo en la sociedad antes de que llegara a la cima. Su vida era distinta a la mía; vivía en otro continente y nos conocimos por causalidad, aquí, acá. Tal vez recibió uno de mis poemas y se enamoró.

Tenía la piel blanca y el pelo negro. Y yo me enamoré y recorrimos el mundo haciendo el amor. Creía que era la indicada pero me habían advertido de su llegada en las predicciones de mi vida.
No pude dejarla y tuve que decir que todo era una aventura porque no estaba seguro de que podríamos ser los mejores acompañantes para el resto de nuestras vidas. Y me tuve que ir, doliéndome todo en el cuerpo. A pesar de que era mi sueño, lo más esperado.

Tuve que avanzar con la Fe para cumplir con mi destino.

Ella era más bella de lo que esperaba, y las campanas en el cielo sonaron anunciando que sí, había encontrado al amor de mi vida.

Erick Xavier Huerta S.
exhs

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