cuando el diablo se presentó.
– Oye, muere – dijo el diablo.
Y conseguía que todos tuvieran miedo.
Aprendió a temprana edad, al irse del cielo, a levantar muertos y hacer desesperar las almas para conquistarlas.
Él se escondía en la ira y en la desastre del pensamiento. Se escondía en el caos de las ideas, en la poca armonía, en el fuego que quema, que enoja, que confunde y que te anima a perder la esperanza y la Fe.
El diablo visita comúnmente a sus víctimas. Busca nuevas. Avanza con la misma confianza con la que camina un hombre que posee muchas riquezas y que tiene muchos sirvientes. Desconfía pero es soberbia, es mejor que la muerte porque es eterna y no sirve para nada más que para la ambición.
La muerte le tiene miedo. La muerte sólo sirve para llevar las almas a sus correspondientes lugares.
El diablo se presentaba comúnmente en el mismo sitio hasta tomar a su víctima.
Y un nuevo día terminó. No teníamos más qué hacer. Mi vida se había terminado. Había culminado en una suma de frustraciones, y me enojé, el poco tiempo que me quedaba de vida. Mis últimos momentos fueron reproches por los sueños fracasados, por los amores olvidados, por las fuerzas acabadas y por el final de esta vida.
La juventud duró poco, la infancia y la vejez fueron lo más doloroso, por dejar ir, por no saber perdonar, olvidar y dar calma al alma.
El diablo se presentó, sin decir su nombre y me llevó.
¿Para qué había venido al mundo?
– Personas que encontraron el amor. Otras sufrieron la pérdida de hijos, de la inocencia, la muerte de la creencia, la esperanza, el júbilo del sentir vida y la sensibilidad para respetar a los demás seres vivos. En cambio, sus únicos sueños se fueron concentrando en la venganza, en el dolor y en el castigo. Tal vez porque deambulaban con horrendo pavor de no saber quién era Dios y hasta de pensar en su inexistencia todo culpa de la libertad que termina en libertinaje-donde todos hacen cualquier cosa bajo el cielo azul. Donde la muerte es permitida, y la justicia está enterrada en el centro de la tierra. Y el universo sólo se queda viendo al estúpido planeta tierra donde las personas no saben lo que dicen, no entienden lo que ven, no comprenden lo que escuchan y hacen sentir mal, y acaban con otras vidas y logran despertar miedos e injurias, y logran dar más vida a Satanás.
El diablo se presentó, y se comió mis memorias, y me hizo sentir mal-tanto que mi vida nunca tuvo sentido. Mis palabras fueron huecas, mis hechos intrascendentes y mi historia un cuento más.
EXHS
Y conseguía que todos tuvieran miedo.
Aprendió a temprana edad, al irse del cielo, a levantar muertos y hacer desesperar las almas para conquistarlas.
Él se escondía en la ira y en la desastre del pensamiento. Se escondía en el caos de las ideas, en la poca armonía, en el fuego que quema, que enoja, que confunde y que te anima a perder la esperanza y la Fe.
El diablo visita comúnmente a sus víctimas. Busca nuevas. Avanza con la misma confianza con la que camina un hombre que posee muchas riquezas y que tiene muchos sirvientes. Desconfía pero es soberbia, es mejor que la muerte porque es eterna y no sirve para nada más que para la ambición.
La muerte le tiene miedo. La muerte sólo sirve para llevar las almas a sus correspondientes lugares.
El diablo se presentaba comúnmente en el mismo sitio hasta tomar a su víctima.
Y un nuevo día terminó. No teníamos más qué hacer. Mi vida se había terminado. Había culminado en una suma de frustraciones, y me enojé, el poco tiempo que me quedaba de vida. Mis últimos momentos fueron reproches por los sueños fracasados, por los amores olvidados, por las fuerzas acabadas y por el final de esta vida.
La juventud duró poco, la infancia y la vejez fueron lo más doloroso, por dejar ir, por no saber perdonar, olvidar y dar calma al alma.
El diablo se presentó, sin decir su nombre y me llevó.
¿Para qué había venido al mundo?
– Personas que encontraron el amor. Otras sufrieron la pérdida de hijos, de la inocencia, la muerte de la creencia, la esperanza, el júbilo del sentir vida y la sensibilidad para respetar a los demás seres vivos. En cambio, sus únicos sueños se fueron concentrando en la venganza, en el dolor y en el castigo. Tal vez porque deambulaban con horrendo pavor de no saber quién era Dios y hasta de pensar en su inexistencia todo culpa de la libertad que termina en libertinaje-donde todos hacen cualquier cosa bajo el cielo azul. Donde la muerte es permitida, y la justicia está enterrada en el centro de la tierra. Y el universo sólo se queda viendo al estúpido planeta tierra donde las personas no saben lo que dicen, no entienden lo que ven, no comprenden lo que escuchan y hacen sentir mal, y acaban con otras vidas y logran despertar miedos e injurias, y logran dar más vida a Satanás.
El diablo se presentó, y se comió mis memorias, y me hizo sentir mal-tanto que mi vida nunca tuvo sentido. Mis palabras fueron huecas, mis hechos intrascendentes y mi historia un cuento más.
EXHS
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