Puño Cerrado
Miro hacia abajo, desde la montaña todo se veía más claro pero había que seguir, luchar contra los Dioses, hacer todo lo posible por ganar su libertad.
Cayó una lluvia de fuego y se cubrió debajo de los árboles, uno a uno saltando para poder ir avanzando, esquivando este tormento que le mandaban sus peores enemigos, él solamente quería la libertad y la conseguiría a toda costa. Era un abismo entre la diferencia de estos seres, un abismo entre uno y los Dioses, eran muchos, más poderosos, grandes, omnipotentes, ¿qué podría pensar esta criatura insignificante para poder emprender una lucha que estaba ya perdida?
Nunca se rindió y le mandaron vientos para hacer retroceder sus pasos, para tirarlo hasta allá abajo con sus semejantes, él no lo quería, su único objetivo era ir al espacio, no vivir más en la tierra. Luchar por su libertad y transportarse en el infinito.
Los Dioses se enfurecieron y mandaron bestias a matarlo, los destruyó, esa pequeña criatura resultaba una gran molestia, estaba a pasos del Olimpo y los Dioses sintieron nervios.
¿Quién protegía a este insignificante? nadie estaba de su lado, qué lo hacía seguir, que nadie sabía.
Logró entrar al terreno prohibido para los creados. Los Dioses aparecieron y arremetieron una destrucción del lugar por la rabia que provocó este ser, parecía que no podría sobrevivir, era un bastardo que no era bienvenido, que generaba frustración entre los que comandan el universo; las cosas estaban por quedar en el vacío, la creación desaparecería y los algos ya nunca podrían aguardar nada.
Los tres Dioses, formados en fila, gigantes e imponentes pisaron frente a la escoria que consideraban y el ser emitió un alarido que generó en todo el rostro arrugas de enojo, llamas en los ojos, brillo en su boca y el aura roja comenzaba a rodear todo su cuerpo hasta desprenderse un dragón que corría hacia los Dioses culminando en una explosión.
Las arenas del planeta cuentan que ciertas veces le han visto andar al rebelde. Viene de vez en cuando y a veces toma un puñado de tierra, la mira con nostalgia, recordando la manera en que tomó con su puño la esencia que era y que al apretarla pudo con ello matar la represión.
EXHS
Cayó una lluvia de fuego y se cubrió debajo de los árboles, uno a uno saltando para poder ir avanzando, esquivando este tormento que le mandaban sus peores enemigos, él solamente quería la libertad y la conseguiría a toda costa. Era un abismo entre la diferencia de estos seres, un abismo entre uno y los Dioses, eran muchos, más poderosos, grandes, omnipotentes, ¿qué podría pensar esta criatura insignificante para poder emprender una lucha que estaba ya perdida?
Nunca se rindió y le mandaron vientos para hacer retroceder sus pasos, para tirarlo hasta allá abajo con sus semejantes, él no lo quería, su único objetivo era ir al espacio, no vivir más en la tierra. Luchar por su libertad y transportarse en el infinito.
Los Dioses se enfurecieron y mandaron bestias a matarlo, los destruyó, esa pequeña criatura resultaba una gran molestia, estaba a pasos del Olimpo y los Dioses sintieron nervios.
¿Quién protegía a este insignificante? nadie estaba de su lado, qué lo hacía seguir, que nadie sabía.
Logró entrar al terreno prohibido para los creados. Los Dioses aparecieron y arremetieron una destrucción del lugar por la rabia que provocó este ser, parecía que no podría sobrevivir, era un bastardo que no era bienvenido, que generaba frustración entre los que comandan el universo; las cosas estaban por quedar en el vacío, la creación desaparecería y los algos ya nunca podrían aguardar nada.
Los tres Dioses, formados en fila, gigantes e imponentes pisaron frente a la escoria que consideraban y el ser emitió un alarido que generó en todo el rostro arrugas de enojo, llamas en los ojos, brillo en su boca y el aura roja comenzaba a rodear todo su cuerpo hasta desprenderse un dragón que corría hacia los Dioses culminando en una explosión.
Las arenas del planeta cuentan que ciertas veces le han visto andar al rebelde. Viene de vez en cuando y a veces toma un puñado de tierra, la mira con nostalgia, recordando la manera en que tomó con su puño la esencia que era y que al apretarla pudo con ello matar la represión.
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