Destierro de vida.
Había respirado una flor la mujer con cáncer. Andaba triste pues sería ese su último día, como los demás. El cáncer se volvió su compañera, su secuestradora, su cómplice, su amiga y peor contrincante. El cáncer era todo y nada. El cáncer le decía qué hacer y le robó la tranquilidad y libertad de sus sueños. Le esclavizó por siempre, no le dejó mirar con inocencia, no le dejó cerrar los ojos con paz, no le dejó ser ni amar, no le dejó vivir con incertidumbre `pues ya sabía el final y ahora todo giraba en torno de darle gusto a su nuevo Dios.
Andaba triste pero miraba con deseo, con la poca sapiencia con la que vuela una abeja para recoger polen; miraba con deseo, con la poca peripecia con que vuelan las hojas por el viento; miraba con deseo, con la gran ambición del niño por el juguete nuevo. Miraba y miraba y dentro florecían los campos de esperanza que, en un determinado instante, le hicieron agradecer haber estado aquí en tierra.
La muerte no compadece pero ella se retiró dignamente.
exhs
Andaba triste pero miraba con deseo, con la poca sapiencia con la que vuela una abeja para recoger polen; miraba con deseo, con la poca peripecia con que vuelan las hojas por el viento; miraba con deseo, con la gran ambición del niño por el juguete nuevo. Miraba y miraba y dentro florecían los campos de esperanza que, en un determinado instante, le hicieron agradecer haber estado aquí en tierra.
La muerte no compadece pero ella se retiró dignamente.
exhs
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