Demasiado corazón.
Había estado aquí tanto tiempo esforzándome por comprender qué hacía aquí, cuál camino seguir y todo lo que debía hacer y decir. Los tiempos pasaron y siempre rondó la cuestión sobre darlo todo por hecho, abandonarlo, no había razón para seguir existiendo, era una simple coincidencia y accidente de la naturaleza. Después de todo, la causa es causa de la causa y no veía más allá de todo lo que era consecuencia del azar.
Prever el futuro, angustiarse, saber que las cosas están mal no por los principios inculcados sino la verdad que grita aquí adentro, constante, incesante, imparable. Y yo que pensaba que todo culminaba y ya no había más razón, tenía toda la fuerza allí, tirada, en un vacío que explicaba la única salida, dejarlo todo, renunciar a la existencia absurda, burda y tonta que muestra varios matices y hace sufrir siempre al corazón.
Todo por amor, buscaba el amor, albergaba amor y mientras fui conociendo diversos autores y sabiendo de mis experiencias, fui perdiendo el interés por algo que absolutamente resultaba inútil y fantasioso. Estúpido era pensar en eso, eso que quieren todos, que lo idealizan y que creen que existe más allá de la fuerza de creación de la mente, que nos aparenta, nos engaña, nos embauca.
Pasaron días, muchos, en los que el hombre se enamoró, en distintos tiempos y creyó encontrar el amor. Aunque invente los detalles de esos amores furtivos que plasmaban en el joven tanta ilusión, tanta esperanza; no importa, siguió su camino. No necesitamos decir que estuvo arrinconado y sintiendo la perdida total de lograr inmiscuirse en el sentimiento del amor para concretarlo en el espacio de existencia.
Las gotas de sangre fueron enmudeciendo y endureciendo el corazón. Se convirtió en una fortaleza escondida, difícil de hallar y mucho más difícil de corromper, de romper, de destruir, de acceder. La fuerza se incrementó, se volvió intempestivo, tan fuerte como un tsunami, tan irrompible como el dique en alta mar. No se agachó nunca, siguió y varias veces pensó en desistir.
Un día tomó su cachucha, una mochila, tomó un poco de agua, miró al cielo y daba pasos adelante en la destrucción de nidos que construyó llenos de ilusión y esperanza. Veía sonrisas, tristezas, veía todo lo que siempre cuestionó su saber de este lugar al que vino sin plena conciencia, qué gloria le esperaba que no sabía. Qué puede hacer, este joven tan lleno de dolor que tradujo en fuerza la intempestiva necedad de nunca rendirse. Veía sonrisas en la ciudad, veía tristezas en la cara de infantes. Gritaba al cielo por qué tocó esta situación, qué sucedía con la humanidad que carecía de milagro, qué hacía aquí, quiero preguntarle al creador.
Todo era miedo a perder lo que tanto amó. Caminó queriendo saber, preguntaba todo lo que podía, veía y observaba queriendo indagar en las formas que Dios concibió. Quería saber de Dios, era importante saber de tanta inutilidad, desigualdad, calumnia, tristeza, sufrimiento, muerte, desgracia, risas, sonrisas, traición , perversión, gentileza y amabilidad. Todo era miedo a perder lo que tanto amó, lo que se quería con tanto amor. El espíritu se halla en la encrucijada de la inexperiencia, el alma se halla en la ambigüedad y ya nadie queda a salvo. Están rodeados de una fuerza que conduce a la locura y este hombre, miraba con despecho tanta impotencia por salvar a los semejantes donde muchos de ellos parecen, no importar.
Lloró, agachó la cabeza, se sentó y solamente miraba el suelo. Ya no lo hacía para dar lástima, ni para hacerle saber a su creador que él le necesitaba. Ya no lo hacía por nada, simplemente la tristeza fue genuina, el joven ya no quería andar y, sin embargo, comía una triste manzana que encontró tirada.
Horas pasaron, se levantó y al cabo de varios meses, al cabo de seguir existiendo; un día durmió y su sueño le llevó a volar en sí mismo, ahí dentro de él, en su alma, mirando todo lo que era.
La vida no da razón para existir, las ganas de vivir siempre se dieron desde un inicio y yo no podía arrepentirme, siempre lo quise, no fue coincidencia. Todo empezó en una carrera mortal, ávida por llegar primero a fecundar, a ser un ser, quería con todas mis ganas venir aquí con todos ustedes, con toda esta creación, con toda la duda, con todo el sufrimiento y las sonrisas. Yo quería estar aquí y nunca recordé que había andado con tal fuerza, que había logrado ganar entre miles. Esta fuerza nunca se ha ido y siempre he querido estar aquí, nunca cupo la duda. El camino está aquí, quería venir y con absoluta certeza el destino jaló esta ansía por venir a vivir. Qué terrible fue querer desistir, que grandioso fue haber madurado en observar, en pensar, en tomar decisiones acertadas. Todo empezó con una decisión y sacó mi espada para abrir camino entre tanta maleza. Qué aberración haber estado triste cuando pensaba que vivía sin querer hacerlo y siempre supe que yo anhelaba con inmensa fuerza venir, con todo el riesgo que implicaba poner en juego mi bienestar. Era una nueva creación, haberla concebido ayudó a la evolución, a poder pertenecer a un cuerpo humano, a poder aprender a respirar, a comer, a ver, a frustrarme y luchar por sobrevivir un instante. Era la oportunidad de no tener culpa de los estragos del tiempo, de tomar la infancia, la juventud, la madurez y la despedida de lo que vine a sentir con tanta impetuosidad.
Las ganas de vivir nunca se han ido, siempre he querido estar, aquí, con ustedes, mis amigos, mi naturaleza, mi aire, mis ganas de comer y de burlarme, de reír, de soñar, de sentir rencores, enojos. Era la oportunidad de decidir con absoluta firmeza querer sentir latir un corazón, poder poseerlo, tocar mi pecho y labrar la esperanza que me ayuda a seguir, era la oportunidad de cuidar mi corazón.
Todo lo que he vivido, lo sintió lo que nunca tuve, lo que llegué a tener por haber ganado una carrera mortal contra miles. Yo logré estar aquí, con un cuerpo nuevo, con un corazón dado y que no importa nunca nada, queremos vivir, no importa si es un cuerpo mal formado, un corazón débil, queremos estar aquí, sentir, aunque sea por un instante, todo lo que aguarda saber vivir. Es tanta la fuerza de atracción entre seres que andan en la separatidad, que se atraen por sus contrapartes, con su complemento y logran dar puerta abierta a miles que queremos estar aquí, poder formarnos, salir y tragar un bocado de oxígeno que, sin duda, habrá de reflejarnos y hacernos sentir lo que verdaderamente significa vivir.
Nunca ha importado la forma o capacidad con que venimos, solamente importa estar aquí. He disfrutado y lamento no haber sabido respetar mi decisión, por qué haber considerado arrepentirme si ya fue tan difícil haber llegado, si ya ha sido una gloria haber nacido, si ya pude andar hasta aquí. Puedo voltear hacia atrás, decir que si ha sido tan difícil lo andado, ¿por qué entonces detener mi paso ahora, aquí?
El sueño que me abordó, era la voz de mi corazón que tanto he cuidado, al que protejo para poder seguir más aquí. Yo no quiero irme, ha sido grato poder vivir, ha sido grato inclusive enamorarme y no concretar el amor, ha sido grato amar, ha sido grato poseer mis sentimientos, escribirlos, plasmarlos por medio de tanta creatividad y más ha sido grato mirar cómo otros corazones forjan en su existencia obras maravillosas que quedan de testigo de la gran fuerza que impulsa venir aquí para cometer la experiencia de vivir.
La gracia de la vida de este hombre queda aquí, ya ha venido y nadie debe descansar ni querer desistir. camina, anda, sueña, sigue preguntando. Ustedes saben, escucha, siempre está a la escucha, esto fue lo que sucedió, a lo que pueden atestiguar con su lectura. La muerte irremediablemente vendrá, la muerte no es nuestra amiga, es la puerta de salida del enorme entretenimiento y de la sublime estancia a la que estamos presenciando, a lo que fue un esfuerzo lograr. Un día todo acabará, habrá sido grato esforzarme al máximo, correr todo lo posible, esforzándome más que los demás, como siempre, porque eso ayudó a poder estar aquí, experimentando respirar, sentir los músculos, sentir la fuerza que corre en la sangre que anda por mis venas. Sentir mi palpitar, forzar mis latidos para alcanzar los éxitos que ávidamente quiere mi espíritu.
Todo lo hice, todo lo hago, vine y puedo sentir mi corazón latir, se ha fusionado con el alma, con mi espíritu, ahora somos uno. Ha enriquecido con sus experiencias y sapiencia todo lo que es, ayer, hoy, está aquí, aún puede respirar y es lo que más me agrada. Lucho por seguir recorriendo el paraíso de ver el cielo amanecer y luego las estrellas que iluminan el anochecer. Contra todo lo que venga, estaré aquí, dando todos los pasos necesarios para seguir y nunca detener mi caminar, mi sentir, mi latir. Nunca resignar la premisa de mi deseo, vivir. En el pecho tengo la esperanza y en la mente llevo las ilusiones que me recuerdan por qué escribo y doy testigo del saber por qué estamos aquí. Yo, un hombre, tanto recorrido, doy gracias, ¿a quién?, a mí, que quise con tanto anhelo poner fe en el amor, en las ganas de tocar este terreno donde, después de todo, solamente quedo con demasiado corazón.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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