Me autonombro corredor
Diferenciarme de los demás, tomar mis tenis, sentir los impulsos de mi corazón, gran ansiedad, y morir de nervios de pisar la calle para poder correr. Ando en shorts, casi la mayor parte del tiempo y si la sociedad no fuera tan exigente, andaría siempre con tenis y shorts. Me gusta sentir el ritmo, me gusta saber que mi trote lleva canción implícita, todas las células bailan y siento pequeños electroshocks por todo el cuerpo, todo impulsa a seguir y meterle más....mientras pienso, ahí, ahí , aguante el ritmo, no se rinda porque quiero seguir y seguir, aguantar y sentir el desgaste y la superioridad con la que puedo verme recorriendo estando en cima de la tierra y debajo del cielo.
Todo se convierte en pasión, los huesos se fortalecen y saboreo mi capacidad de sobreponerme al desaliento, me gusta respirar, aspirar con potencia y distribuir mi energía en forma equilibrada y maximizante. Me gusta correr, soy corredor y me autonombro corredor porque quiero ser triunfador, llegar, aguantar todo lo que se presente aquí, dentro, muy en el fondo de mi corazón. No corro cualquier cosa, corro los fondos que alberga el mundo, que anida el espíritu mío; corro, recorro distancias, el mundo, caminos; y es más gratificante llegar por esfuerzo que con ayuda de máquinas. Es mi contacto con el universo, es saber que sí soy natural, que vivo y que puedo encontrar fuerza en mí.
No ves la tierra igual, ves oportunidad de poder ser. No miras las montañas, ves ganancia en fuerza. No te ves haciendo otra cosa más que ir adelante y en distintos tramos reduces la velocidad ó la aumentas y a veces paras para comer, rezar, dormir, ver con más detalle. Corres riesgos, sales sin importar que pueda impedir que sigas y tú andas a una meta que no existe. Yo me autonombro corredor por ser pureza contundente, por ser movimiento y dar vivacidad al paisaje de la tierra.
Ver la extrañeza, admiración, desagrado, agrado y sueños con que te miran todos aquéllos que comparten ó le es indiferente lo que haces, eso, complementa mi andar. Sigo con la potencia con la que el sol emite rayos al mundo. Sigo con la creciente energía con la que el mar conduce a sus criaturas a los destinos que les permite procreación. Sigo como aventurero, como corredor asumiendo cualquier tropiezo.
Me llena de orgullo ver mi vulnerabilidad, lanzarme al vacío. Aventar mi espíritu como un águila que encuentra tanta competencia, que comienza a volar, que se vio sola de pronto y, ahora, está inmersa en la parvada de fuertes águilas que vuelan poderosamente y le dejan; no importa, son fuente de inspiración y hacen que siga aunque ya no pueda ver rastros de mis semejantes corredores. Yo ando detrás, rebaso a otros, busco la fuerza y me sobrepongo al pesar.
Yo soy el que llena sinérgicamente la existencia, el mundo no sería igual, yo repleto las pinturas de lugares desolados al pasar, sienten mis pasos, ya tienen compañía. Ahí viene otro que recorre al paso suicida-el paisaje menciona- no es natural andar rápido, extender las piernas, mover los brazos rápido, empuñar ligeramente las manos, echar la frente adelante, dar zancadas para ir entre salto, camino y volando todo el terreno de mi planeta.
Cuando corres tienes el significado del mundo en el viento que roza tu rostro, solamente de esa manera puedes sentir la verdad, a ese paso, de esa forma, con esas ganas, con ese ímpetu de ser diferente. Corriendo pragmatizas la sabiduría y entiendes todo: el amor, odio, perdón, llantos, risas, tristezas, cóleras, castigos, soberbia, locura, tranquilidad, paz, armonía, poder, superioridad, humildad, impotencia, deidad, agradecimiento y sentir.
Lloviendo ó en infames calores, en fríos que matan el alma, nada de eso impide que corra, que me ponga los tenis y salga con entusiasmo a retar la naturaleza para que frene mi paso. Yo me pongo playeras, revisto mis pulmones de acero, aspiro lo malo del mundo y le regreso al viento la fuerza para que siga manteniendo el mundo y poner, en equilibrio, las fuerzas para romper toda índole que ponga en riesgo el bienestar de cualquier corredor, del que gusta sentir la naturaleza, experimentar ser vivo.
No me gusta estar parado, no me gusta ir despacio, no me gusta desplazar un pie del otro a tan corta distancia, no me gusta caminar. Me gusta correr y levitar, volar, rápido, fuerte, contundente, poderoso, energético y sagaz. No me gusta ser otro más, me gusta ser más en el universo de los corredores. Me gusta ir tan fuerte que todas las especies sientan mi radiación y hagan volar las palomas alrededor mío, son símbolo de que Dios me persigue, que me empuja y que al final de todo, tan solo me deja con demasiado corazón. Yo me autonombro: corredor.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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