Una singularidad cósmica
Un conjunto de estrellas y me podría aventurar a culminar mi vida de una vez por todas, en un instante, ahora, sin anhelo del futuro, sin ambición de más camino. Una chispa de polvos, una singularidad de arte, en los ojos, en su piel, en su pelo, en su amor, que me avivan los sentidos, que me intensifican las acciones y que todo revuelo y toda intención, surgen siempre, en la vida, por ella, por dar cauce nuevo, a un universo que se estrena, uno con sentido.
Ahora, no concibo mi ser, en ninguna distancia, como algo unisono, como una orquesta significativa sin ti. Es como la misma necesidad del aire, del mar, de la tierra, de la luna, de los planetas, del espacio.
Pero es la mentira, la inseguridad, siempre el miedo que separa, que inhibe, que lastima, lo que destruye, lo que nos hace perder la hermandad, y por eso mismo, el amor, la unión, el querer. Y es que a todos, casi a todos, les da miedo la luz, el amor, brillar, con intensidad. Y es normal tener miedo, todos lo tenemos, incluso nos sentimos poco satisfechos, sin mucha esperanza, resignados a la risa cotidiana, banal, que parece pasar desapercibida cuando andamos por los súper mercados, por las venturas de las ciudades pequeñas que con sus ruidos contaminan nuestra conciencia y nos distraen del amor.
Es la remebranza de todo lo que ha pasado, y de todo lo que surgirá a través de estas nuevas letras, de esta nueva narrativa que se aventura a plasmar los sentimientos más endebles del amor, en su resonancia más alta, más allá de los universos, más allá de los cuerpos y de la vida, y del conjunto de seres en todo el espacio. Y es que puedo, al menos, acariciarte con mis palabras. Y la materia me aleja de ti, pero mi ser se puede expandir, por todos los terrenos, a través del aire, a través de los vientos, y puedo entonces llegar a ti, y acariciar tu piel y besar tu alma y contarte cuánto he estado esperando poder hacer realidad este amor, que se experimenta en la vida, en nuestra materia, por nuestros cuerpos, por todos nuestros sentidos, en la experiencia más vívida de lo que podemos alcanzar a ser, como entidades celestiales, como brillos intensos que dan parte a nuevos universos, a nuevas fuerzas que dan pie a que continue la vida, a que surjan más sueños, a que se hagan realidad más costumbres y las ilusiones sigan encaminando a la humanidad a tratar de alcanzar las utopías.
A mí me buscan inhibir el amor, porque no está permitido crear nuevos universos, y mucho menos, tener fe. Y me dicen que no entienda, que me resigne al intelecto de comprender que la ignorancia se aviva y se apodera de los no amados. No cuenta, no vale tener esperanza, no vale creer en cosas imposibles, en cosas universales, en cosas de poder, de creación, de poder existir adentro de los mismos soles. No vale, no se permite, no se quiere que se quiera, que se ame, porque lastima, porque se prefiere no amar a ser lastimado, a ser vulnerable, a ser infeliz. Pero es que no se comprende, no se entiende cómo hay que dar, darse al todo, como la espuma del mar. A mí me importa poco y eso es decir mucho, sino, no hubiese llegado hasta aquí, dando sentido a todas mis acciones, a mi espacio y a mi poca o nula creencia sobre mi ser. Porque lo he intentado, y cada mañana, siento un poco de consuelo, cada día, uno, poco más que del día anterior, de parte de dios. Al fin y al cabo, cuando firmé el contrato de venir a vivir, sabía que debía estar dispuesto a perderlo todo.
Tú, eres belleza, territorio sagrado, sueños, utopía, inalcanzable, una impronta voluntad, el amor, el amor, que tanto se anhela, de pronto, visto en tus ojos, reflejado en tu alma, como una certeza absoluta, y ahora en tu ausencia, me doy cuenta que brillas más que nunca. Pero a veces, pierdo la fe, y me quiero olvidar de mí, de ti, del mundo, de la existencia, y me deprimo; yo, que con tanto entusiasmo vivo todos los días, suspirando los vientos, el aire, de todas las generaciones, continuando con mi legado, con mi destino, y no puedo olvidarte, respeto tu libertad. Busco consuelo en los cielos, en las nubes, en el conjunto de juegos que hacen cambiar el cielo todos los días. Siento al sol, golpear en mi pecho, y te añoro, te extraño, te anhelo, porque sólo con estar cerca de tu presencia física, se iluminan mis venturas, mis memorias. Incluso recuerdo la maravilla que soy y el mundo se vuelve muy pequeño. Porque contigo, digo, vale la pena, saltar al vacío, apoderarse de todo, ir más allá de los sueños, de la vida, de las intenciones, de la rutina, de la tormenta, de la fuerza, de la redención. Contigo traspasamos la realidad física, y nos abandonamos a la eternidad, al más allá, a lo que está fuera de alcance, a la expansión total. Que puede resonar muy redundante, pero es que las palabras alcanzan poco para poder decodificar el significado del amor.
No sé si lo supe decir bien, pero, te quiero.
Erick Xavier Huerta S.
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