INOCENTES. SEGUNDO CAPÍTULO
CAPÍTULO II
En la oscuridad, el olor al alcohol, y la adrenalina. El aire, y los susurros, lo grotesco se esparcía en el ambiente, y la atmósfera causaba dolor, y lo tenía que respirar Emma.
Emma leía día con día la historia de Jake Bradley.
Emma era hija de un abogado conservador y de una madre narcisista de alta sociedad, que osaban despreciar el joven noviazgo de Emma Souza, a lo cual, con rebeldía se negaba a terminar.
Robert Lindon no era aceptado por la familia Souza, y esto incrementaba más el placer en Emma. El amor prohibido, la pasión de encontrar lo que no se encuentra, su búsqueda incesante que había terminado al mirar los ojos enigmáticos de Lindon, le producían éxtasis, ardor y se entregaba a él con inmenso fulgor.
Ella se dejaba tocar por Lindon, y osaba amarle, osaba sentir quererle, darle todo su ser. Mientras Lindon, satisfacía su placer, y después sentía el abandono, el vacío y necesitaba volver a llenarlo, con algo más, con más sensaciones.
El licor, y la música, la noche, y los placeres. Las mujeres, y los labios pintados. La seducción. Lindon y sus amigos, y la cacería, el buen salvaje, ante las presas, ante el éxtasis, ante los placeres, ante más sensaciones, con nuevos cuerpos, con mayores ansiedades, el estrés de preocuparse por ser descubierto y la libertad por escapar, de ojos de Souza, de ojos de todos, de sus mismos ojos. Serse infiel era el peligro más emocionante.
El padre de Souza, concebía una hija honorable que se casara con alguien respetable de la sociedad, uno que poseyera bienes y recursos intelectuales acorde a sus aspiraciones y a su nivel social. Su hija debía ser recta, con estatura, profesionista, impecable en sus deberes.
Pero Souza, era Emma, era ella, no su padre. Ella era su propio camino, su propia búsqueda, sus propios anhelos, su libertad, bajo los ojos de quien le supervisaba cada paso.
Esa sombra le contenía y no la dejaba explorar libremente su sexo. Al final de cuentas, Souza había encontrado pasiones con Lindon, y apostaba todo a eso.
Después de su noviazgo con Lindon, en su juventud. Emma buscaba resarcir el daño.
Un día, el joven Bradley fue a visitar al abogado Souza, padre de Emma, para ayudarle a resolver ciertos derechos de una de sus novelas de su autoría, y al salir del despacho, Emma le miró, y se atrevió a hablarle. Dijo que le había visto anteriormente por las calles, y entonces inició conversación preguntándole dónde vivía, dónde concurría en aquella ciudad. Y ante el gusto de Bradley de conversar, le invitó a Emma a cenar.
Bradley y Emma conversaron, y pronto Emma miraba a Bradley con profunda pasión, anhelo, amor. Bradley era el mejor cauce para resarcir olvido de Lindon, para borrar su rostro de su memoria, para construir otra historia de amor, para volver a nacer, para volver a ser otra persona, para enamorarse de un nuevo mundo, para avanzar y dejar en el pasado el dolor y las letras que ya habían pesado con tanto tiempo.
Todas estas letras, son las imágenes que iban formándose en Emma, antes de llegar a su alcoba y encontrar a Lindon teniendo sexo con dos mujeres.
Emma escuchaba a lo lejos los gemidos que poco a poco se hacían más intensos cuando lentamente se aproximaba a abrir la puerta, con miedo, con pavor. Aún así lo hizo, y no gritó, simplemente reprimió la emoción.
Aquellas mujeres soltaron a Lindon, al ver a Emma en pie, junto a la puerta, con un color triste en la piel. Y descubría su fidelidad tan grande a Lindon, que mirar los jugos que eran bebidos por otras dos mujerzuelas, rompía su alma en pedazos.
Robert Lindon miró fijamente a Emma, y desnudo, jactándose de la libertad y del beneficio por lo hecho, disfrutando el placer del peligro, y gozando el dolor de Emma; tomó un cigarrillo, lo prendió, mientras abría las piernas para mostrar más sus genitales ante la mirada atónita de Emma. Lindon fumó y dijo: « es divertido jugar con la gente; deberías probarlo».
Emma aguardó un momento, y se fue.
Erick Xavier Huerta
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