Aquí te espero

Mi amor.

Tengo dicha de estar junto a ti.
Al menos el viento, el mundo y el universo me ayudan a susurrarte mi amor.

Es que he querido ser siempre lo mejor para ti. Tal vez por eso no estoy contigo. Es que mi presencia te hace daño, te hace llorar. Por eso, me he ido. Si no quieres que esté junto a ti, no me quedo, me voy, parto, con gusto y dolor, porque estás mejor sin mí y eso me rompe.

Mi amor.

Yo jamás esperé encontrarte aquí. Nunca esperé que en una noche, encontrara mi esplendor. Mi anhelo de plenitud de pronto siempre fuiste tú. Y ahora, las palabras, debo palsmarlas aquí, sin temor, sin miedo, porque ya ahora no padezco nada. Ahora, puedo visitarte en mis sueños, en la eternidad de mi imaginación. Dicen que la fantasía es mala, ociosa, dolorosa porque no te aterriza, porque no te ubica en la realidad. Pero es que yo soy mis ilusiones. Tú eres mi ilusión, mi luz, y camino hacia a ti. Aún cuando las voces me reclaman que te abandone, me gusta orar por ti, me gusta platicar con los dioses y augurar tu resguardo y desde aquí, te mando mi amor.

Mi amor para que te cure, para que te sane. Para que algún día, si ves mis palabras, te produzcan un poco de alegría, de saber que aunque no puedo besarte, aunque el destino me arrebató de tus brazos, aunque ya no gustes de estar a mi lado, yo te mando mi amor, y te he augurado el mejor esplendor que puedo pedir al universo, porque te amo, porque no sé cómo poder expresar en palabras el regocijo lleno de luz que descubrí un día, cuando sentí el llamado de amarte. Y tal vez te ame por el resto de mis días, y tal vez me vuelva a reunir contigo cuando dios me quite la vida. Cuando ya tenga que partir de este mundo, te buscaré, nuevamente, en los cielos, en las estrellas.

Aún tengo fe. Porque en las estrellas, se aguarda la esperanza de amarnos todavía aquí, en conciencia, cobrando una realidad llena de dicha y armonía. Todavía tengo fe. No puedo deshacerme de mi fe. Soy un hombre, un hijo de dios, un hombre de luz, y por eso camino plácido, derramando lágrimas de sentir la enorme fuerza de mi corazón por amarte.

Y soy feliz.
Me he tenido que enfrentar al desapego, a verte en libertad, a verte acariciar por otros, a verte seducir en otras instancias, a tenerte que enfrentar con los placeres e intenciones de descubrir en otros la plenitud que siempre ha habitado en ti.  Soy feliz, porque despiertas mi corazón. Soy feliz, porque he descubierto que te amo. Y como te amo, me abandono a la libertad, y siempre miro al cielo y prosigo con mi destino, con el camino que dios ha preparado para mí.

Es que yo he sentido el llamado interno para amarte.

Por eso, aquí te espero.


EXHS

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