VALE LA VIDA, VALE.
Estaba yo postrado en cama, el cáncer me había dado y en ese tiempo no había cura, te mataba, te fregaba la vida.
Estaba yo ahí encamado y sufría por días. Tanto que amaba a mi mujer y yo quedaba tirado en la sumisión que me obligaba, la maldita vida.
En mi vida pasaron cosas, muchas y no quiero aburrirlos contándolas todas. No recuerdo haberles contado sobre mi infancia, pero fue, como la de cualquier otro chamaco: divertida, sufrida y bastante corta; muy enriquecedora mi etapa de infante, conocí hartos chamacos, muchos hasta fueron mis amigos y ahí aprendí ese condenado valor y todo el desmadre de dilemas que conlleva, porque la amistad tiene múltiples facetas, no tiene un lado nomás, es una cosa donde cabe la traición y donde hay suplicios y ahí conocemos la esencia del hombre y lo que aprendieron de su familia.
Pínche infancia, pero es la etapa que más extraño porque tenía una capacidad inmensa de creación, pero el maldito tiempo me arrebato la inocencia y empecé a entrar en sintonía con la tierra, dejé de andar por las nubes y de ser tan ingenuo, me volví afilado con todos; desgraciadamente el semejante es cabrón y timador.
Pasaron algunos años y yo ya no era el mismo. Me entró una pasión y quise convertirme en actor e interpreté grandes personajes y fue algo que amé, algo que me dio éxito por añadidura y en cada trabajo mi corazón yo di al pueblo.
Para mí, sólo fue la existencia y supe que aquí no hay de otra más que estar planeando que voy a hacer en el siguiente instante. Las patrañas de andar creyendo en mesías y vírgenes no son para mí, yo no creo en pendejadas, creo en mi capacidad y creo hacer el respeto...eso me lo enseñó la vida, aquí no hay parte de nadie y estamos a la bien suerte de tomar otro bocado de aire por ganas de seguirle chingando aquí. Hay que dejar se ser perros y ser amos de nuestro propio destino.
Tuve compañeros fusilados, tuve amores que no pudieron sobrevivir a la mala enfermedad....aquí la hemos sabido evadir pero la muerte nos quiere apresar, le llegamos a tomar ventaja pero al final vale madre, nos alcanza y nos chinga bien y bonito.
Son dos fechas las que caben, las que importan: la del nacimiento y la de la muerte- y en la brecha entre ambas sólo permiten que sucedan cosas sobrevaloradas.
Son dos fechas las que caben, las que importan: la del nacimiento y la de la muerte- y en la brecha entre ambas sólo permiten que sucedan cosas sobrevaloradas.
Conocí una mujer, sí, me esperaba afuera mientras sufría yo en mi recámara del aquél hospital. Cómo la amaba, yo adoraba esa mujer y me dio hijos que tendrán que vivir sin su Padre.
Le dije a la dueña de mis sentimientos que me esperara afuera un momento pa yo tomar el revolver que tenía escondido y así terminar de una vez por todas con este sufrimiento, este maldito dolor que no se aguanta y ha perdurado tanto que yo no podía seguir así, ya estaba consumido, no podía hablar, me habían quitado todo pa' lo que servía, pa' mi pasión, para lo que me daba felicidad a mí y a mi familia; me quitaron la voz, ese maldito cáncer.
El maldito cáncer, esa infame enfermedad donde la vida se resguarda pa' dar equilibrio o yo que sé y, si al cabo nací pa morir, qué chingaos que adelante los tiempos.
Perdóneme, dije en mis pensamientos sin que me escuchara la que amé con toda la de la ley, con todo lo que era yo.
Apunté a mi garganta con intención de también terminar con todas mis ideas y pensamientos y así yo culminé mi vida, la terminé, le di finito y no lo creo deshonroso porque la vida es vida.
Perdóneme, dije en mis pensamientos sin que me escuchara la que amé con toda la de la ley, con todo lo que era yo.
Apunté a mi garganta con intención de también terminar con todas mis ideas y pensamientos y así yo culminé mi vida, la terminé, le di finito y no lo creo deshonroso porque la vida es vida.
La vida no es justa ni mucho menos, la vida es vida y vale la vida, vale.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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