Fui Padre.
Yo tenía un hijo. Producto del amor que sentía por su madre y del amor de ella por mí. Fuiste producto, algo majestuoso, oro puro. Era como tenía que suceder. Cuidarte, tenerte entre mis brazos y de pronto verme en la seria responsabilidad de dar amor y enseñarte a volar. No había otro deber más grato y emocionante que ser tu padre.
Leer por las noches y compartir las alegrías de los juegos de la imaginación, teniendo poderes, corriendo, ir en bicicleta al jardín, comprar helados y levantarte de las caídas. Curar las heridas de la tierra y del alma. Siempre tenía que estar allí e inclusive deseé volverme omnipotente para que nunca faltase en tu vida. Eras algo único y todo estaba bien, era una predicción de Dios con tan sólo verte feliz.
Contagiabas tu frustración cuando sentías impotencia de no ver ciertos sueños realizados, de no tener todas las respuestas, de estar limitado por el entorno y sin embargo, no decaías. Me enseñaste tanto, todo lo que aprendí vino del mejor maestro e inclusive sé que fui niño pero todo lo que dejé pasar, lo que olvidé, lo que no concebí y lo que no figuré y presté atención, tú lo demarcabas con singular autoridad y yo simplemente quedaba admirado. No sé por qué suceden ciertas, cosas, alguna vez escuché que Dios trabaja de maneras misteriosas. Puede ser. Lo que sé es que era tanto lo preciado. Lo demás era un complemento para tener vivencias inmortales impregnadas en el alma.
Compartir estos terrenos, el aire, la vista, la furia del mundo con un amigo que me prestó la naturaleza, eso era algo invariable....No importa que pasaba con los demás, de pronto me volví un fanático, un discípulo y un servidor de todos tus anhelos....
¿Qué destino tendría yo?.....Al final como todos los padres, yo no pude ver completamente realizado a mi hijo. A mí me lo arrebataron, no sé por qué así sucedió...es cierto que mediante él la esperanza tomaba un vuelo sin igual, mostraba alas poderosas, irrompibles, eternas y parecía que todo estaría bien. Yo era un hombre feliz. Me arrebataron a mi hijo. Se fue. Jamás lo volví a ver a sus 15 años; fue tan poco. Desapareció por culpa de algo, ya no importa. Pasaron los años y en el ocaso de mi vida quedé sólo con el inmenso recuerdo alegre de que fui Padre, que estuve allí para cumplir los sueños que tenía en cada momento hasta que le dejé de ver. Yo no compartí la dicha de tener un hijo hasta siempre, de irme antes que él, de dejarle fuerte. A mí me le quitaron. Su cuerpo desapareció y no sé a dónde volaría su alma. Seguramente fue a algo mejor, esto ya no bastaba y espero que ese paradisiaco lugar que haya escogido para continuar sus aventuras, espero que ahí aún quiera tener un amigo porque no ha existido nada mejor que tener un hijo. El que me haya escuchado me refiere que tal vez también sentía valor y admiración por mí. Aquí estuvimos, pero acompañarlo más allá de ésto es una ilusión que nunca cesa la llama.
Fui Padre y espero nunca dejar de ser su amigo.
EXHS
Comentarios
Publicar un comentario