El relato de la perdurabilidad.
Yo tuve una diferente suerte a la de mis padres. Ellos luchaban por cambiarse e incluso hubo ya tiempos en que el silencio era la resignación y esos malditos momentos eran infernales. Ver como mi venida al mundo resultaba en parte una farsa, porque se murió el amor entre mis creadores, se murió y yo seguía vivo. Cuando se muere ello hay una parte de mí que desaparece y me arroja a la triste situación de no saber quién soy. Yo tuve suerte diferente a la de mis padres.
Yo tuve una suerte peculiar a la de todos los demás, a la de casi todos. Yo no compartí momentos efímeros en la comunión del supuesto amor de la que se ama y viceversa. No fue así. No fueron nunca querer afianzarnos a un proyecto unísono, fusionado. No fue así.
La encontré un martes 3 de Abril a las seis de la tarde. No hay que decir más. Me encontró a la misma hora, el mismo día.
Yo no tuve la misma suerte que mis abuelos. Por miedo a seguir solo, por continuar la tradición , por acoplarme a un protocolo-hombre-mujer. Yo no tuve la misma suerte.
Yo no he tenido la misma suerte de los que presumen grandezas cuando tienen bodas de ensueño, acopladas al estándar de su clase social.
Sus ojos.
Fue y fuimos.
Describir la tan especial y única relación que tuvimos no puede expresarse en la letra, en la palabra que hoy les trato de decir. Qué inútil dirán. Qué pérdida de tiempo.
De ella nació una niña. Ahí en la sala, llegaba yo y había una atmósfera que me transportó a un lugar donde sólo levitas, flotas y no hay peso en ningún objeto; yo no poseía nada, solamente amor.
Pensamos que duraría nada, acabaríamos por hartarnos y los momentos gratos serían sólo un sueño más. Pero en ese día en que llegué a mirarlas, una protegida por la otra y yo de espectador. Quedé ahí en una eternidad sabiendo una sola cosa: la amaba.
Una vez más he hablado de la mujer que he amado hasta el día en que me arrebataron la vista, los sentidos para dar cuenta que había allí en ese lugar una entidad que fraguaba en mí una energía inmaculada, llena de especiales matices, todos alegres. De ahí concebimos amores, nuestros hijos y fueron grandes. Fueron, fuimos felices.
Yo no tuve la suerte de otros porque yo fui inmensamente feliz cada instante que anduve por ese mundo. Yo ya era un hombre feliz pero cuando le conocí., cuando conocí la hermosa mujer de la que les cuento, cuando le conocí, yo me convertí un Dios pues nunca pude concebir la muerte....
Abandoné mi cuerpo.
Se privaron mis sentidos.
Se fue todo lo que podía percibir.
Quedó en el ayer y ahí todo lo que pude hacer, todo lo que hice y lo que no.
Allí quedó.
Las vivencias tomaron vuelo en el viento.
Yo ya no fui más, quedé inmerso en su amor y el mío dentro de un viento que corría por los paisajes, que aspiraban los seres vivos, que redefinía la vida y, cuando cansábamos de tanto viaje, simplemente desaparecíamos y el universo abrazaba la tan cálida experiencia que iluminaba al todo por el resto de los espacios.
Ven como no es fácil decirlo.
Se trata simplemente de una emoción, de la que perdura, la que no muere, la que está ahí y solamente cuenta con un solo lado de energía. No concibe otros niveles, simplemente alza, alza, enaltece, hace crecer. Es el amor y yo le conocí una mujer. Hubo creación por nuestras muestras de lo que sabíamos los dos.
Es el amor y ahora vivimos en el viento.
EXHS
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