Don Porfirio.
Nació en la suerte del mismo festejo de nuestra independencia. Luchó y aprendió que la libertad es el bien más preciado de la vida porque aquí estamos y sólo podemos desenvolvernos en esta tierra, en este mundo.
Fueron sus pasos que le fraguaban la vertiginosa lucha por un deseo, el de ser capaz, ser diligente, ser líder, ser siempre más, ser siempre mejor ser. Y aquí no cabe más confianza que la que se tiene uno en si mismo y eso quiso dar a entender a sus camaradas.
Héroe de guerra, servidor, comandante, general, amigo, mujeriego y valiente defensor de la nación. Su tierra le vio crecer, su tierra apreció su amor y por eso llegó hasta la silla que guía los destinos del pueblo de México.
Se estaban haciendo grandes proyectos y no había tiempo para esperar ni para dejar en manos de otro, los grandes avances que sufría la nación pero ellos no lo entendían así y mucho menos cuando empezaron a haber rezagos.
A usted no le regalaron nada, se lo ganó a pulso, vino desde abajo y posiblemente fue por eso que sabía que el trabajo dignifica y recompensa pero hay que hacerlo. Tal vez no estaba preparada la población. Muchos no sintieron el mismo progreso. No lo había y se le olvidaron las injusticias por las que clamó hace tiempo.
No era justo y sin embargo se construyeron y se conducía a un buen por venir. Se detuvo el proceso.
-No quiero que mi pueblo sufra, ya ha sido bastante. No quiero que mi pueblo caiga en un retroceso, México necesita y debe ser grande, México puede lograrlo. Me voy, no quiero derramamiento de sangre, ya , en este tiempo, sabemos del valor de una vida, lo conocemos, le hemos sentido y es tiempo de la dignificación; por favor, no caigamos en acciones que menosprecien la dignidad de nuestra condición. Me voy, pero que no haya sufrimiento.
Y se le castigó exiliándolo. Y no pudo volver y murió entre los recuerdos más añorados de su patria. Y murió queriendo saber qué seguiría y con la terrible impotencia de ya no tener fuerzas para luchar por su tierra.
Quedaron sus restos muy lejos de su amor, fue castigado por abusos de poder y perdió algo más que eso. Hay quienes dicen que su espíritu voló, traspasó el atlántico para volver a asentarse en la bonita tierra que es México; y algunos le ven pasar y muchos han escuchado sus lamentos cuando ve que emerge el egoísmo entre los hermanos de su tierra y cuando recuerda que el fue factor en la provocación de guerras y desigualdad. Muchos oyen su lamento.
Don Porfirio aún camina por México.
EXHS
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